Por fin en el último episodio de la temporada la serie avanza de manera clara y despeja varios puntos que llevaban demasiado tiempo en terreno digamos, brumoso.
La interacción con Manousos es determinante, aunque también incómoda y frustrante, y marca un cambio de rumbo evidente. De hecho, en este capítulo se aporta más información y avance narrativo que en varios episodios anteriores juntos, lo cual deja bastante en evidencia el estancamiento previo.
Carol despierta de su larga travesía por la rebelión inicial y el sopor romántico final para volver a posicionarse activamente contra la absorción del ente y la entrega de su identidad. La serie sigue explorando la fragilidad del ser humano y su falibilidad, pero aquí volvemos a sentir por fin esa sensación de urgencia real: la defensa del individuo, con todas sus contradicciones, frente a la comodidad anestesiante del colectivo.
El esperado choque entre Carol y Manousos funciona precisamente porque parten de lugares emocionales opuestos. Ella ya había cedido al chantaje de la soledad y el olvido que le había llevado hasta casi el suicidio. Él en cambio, insobornable, suspicaz y fiel a su motivación, no entiende ni acepta esa rendición. Este choque de titanes despierta algo latente en Carol y de ese conflicto nace un giro final que apunta a una colaboración tensa y complicada, pero potencialmente decisiva. Y divertida!
Sigue resultando llamativo que el antagonista sea tan amable y servicial, aunque no ceja en su empeño totalitario y queda por ver si la amenaza se materializará en algún tipo de hostilidad. Por mucho que sea un ente sobrenatural el instinto de supervivencia es algo inherente a cualquier ser vivo y desborda cualquier otra tendencia o comportamiento.
Otra cosa que me intriga especialmente y me dibuja una sonrisa en la cara sería un posible cruce entre Manousos y Diabaté. Aunque este último parece vivir instalado en una comodidad obscena no me extrañaría que estuviese ya de vuelta de sus orgías multitudinarias y sus fantasías bondianas. El ser humano de todo, hasta de lo bueno, se termina aburriendo.
En cualquier caso, queda claro que Pluribus está escrita con ingenio, talento, lucidez y una sensibilidad poco común. También que durante buena parte de la temporada ha priorizado de forma reiterada la atmósfera, el tono y la contemplación por encima del avance de la trama. Este episodio demuestra que, cuando el fondo empuja, la serie gana fuerza de inmediato.
No es una propuesta para todos los públicos, pero pocos contenidos recientes se han tomado tan en serio explorar sin ambages la condición humana. Ojalá ese equilibrio entre forma y fondo de este último episodio se mantenga en la próxima temporada.
La interacción con Manousos es determinante, aunque también incómoda y frustrante, y marca un cambio de rumbo evidente. De hecho, en este capítulo se aporta más información y avance narrativo que en varios episodios anteriores juntos, lo cual deja bastante en evidencia el estancamiento previo.
Carol despierta de su larga travesía por la rebelión inicial y el sopor romántico final para volver a posicionarse activamente contra la absorción del ente y la entrega de su identidad. La serie sigue explorando la fragilidad del ser humano y su falibilidad, pero aquí volvemos a sentir por fin esa sensación de urgencia real: la defensa del individuo, con todas sus contradicciones, frente a la comodidad anestesiante del colectivo.
El esperado choque entre Carol y Manousos funciona precisamente porque parten de lugares emocionales opuestos. Ella ya había cedido al chantaje de la soledad y el olvido que le había llevado hasta casi el suicidio. Él en cambio, insobornable, suspicaz y fiel a su motivación, no entiende ni acepta esa rendición. Este choque de titanes despierta algo latente en Carol y de ese conflicto nace un giro final que apunta a una colaboración tensa y complicada, pero potencialmente decisiva. Y divertida!
Sigue resultando llamativo que el antagonista sea tan amable y servicial, aunque no ceja en su empeño totalitario y queda por ver si la amenaza se materializará en algún tipo de hostilidad. Por mucho que sea un ente sobrenatural el instinto de supervivencia es algo inherente a cualquier ser vivo y desborda cualquier otra tendencia o comportamiento.
Otra cosa que me intriga especialmente y me dibuja una sonrisa en la cara sería un posible cruce entre Manousos y Diabaté. Aunque este último parece vivir instalado en una comodidad obscena no me extrañaría que estuviese ya de vuelta de sus orgías multitudinarias y sus fantasías bondianas. El ser humano de todo, hasta de lo bueno, se termina aburriendo.
En cualquier caso, queda claro que Pluribus está escrita con ingenio, talento, lucidez y una sensibilidad poco común. También que durante buena parte de la temporada ha priorizado de forma reiterada la atmósfera, el tono y la contemplación por encima del avance de la trama. Este episodio demuestra que, cuando el fondo empuja, la serie gana fuerza de inmediato.
No es una propuesta para todos los públicos, pero pocos contenidos recientes se han tomado tan en serio explorar sin ambages la condición humana. Ojalá ese equilibrio entre forma y fondo de este último episodio se mantenga en la próxima temporada.
“Gentlemen, you can't fight in here! This is the War Room!"

