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UN RELATO DE FRONTERA (1521 - 1918)
#21
@Peckinpah Lo que termines decidiendo, bien estará, la tecla es tuya. Ya leído el texto, un placer y un deleite. Ya vi que mencionabas el tema de los caballos. Me apunto el libro para cuando vuelva a la senda de leer historia, ya que llevo una temporadilla con el tema abandonado. Otras cosas, otras preferencias, otros quehaceres.
¡Estúpido hombre sabio!
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#22
Qué lujo y qué placer empezar mi periodo de asueto no remunerado (ay la precariedad) con este hilo compadre @Peckinpah. Por favor, sigue así, tecleando y deleitando por igual. Alárgate todo lo que creas conveniente y sea menester. Ameno eres un rato ya lo sabes. E informativo, tronchante y como poco esclarecedor. Repito, un lujo inesperado. Un regalo que yo al menos recibo con una sonrisa de oreja a oreja.

P.D. A todo esto, no sé si viene al caso, pero llevo tiempo planteándome cogerme el libro "La tierra llora" de Peter Cozzens. ¿Alguien sabe si merece o no la pena? Lo digo porque asumo que está centrado en el último siglo de historia india y yo buscaba algo que cubriera algo más de terreno. Y todo esto del virreinato la verdad es que me parece un pasote.

"This aggression will not stand, man"
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#23
Los irlandeses junto a los escoceses, siempre han tenido tendencia histórica a simpatizar más con España que con Inglaterra, entre otras cosas porque durante el siglo XVII nos empecinamos e intentar protegerlos a ellos y su catolicismo frente al anglicanismo opresor. Joder solo hay que ver como en la última Eurocop, además de animarla sin disimulo,  celebraron la victoria de la selección española por encima de la de la pérfida Albión

  Desde esa perspectiva hubiera sido lógico que gentes de Hollywood pero de ascendencia irlandesa, como John Ford, a la hora de narrar el pasado, ni hubieran refrendado la leyenda negra española, y hubieran reivindicado el pasado español de Estados Unidos. Pero me temo que el problema fue que, por mucho que gentes como John Ford fueran más cultos que la el norteamericano promedio, para ellos españoles y mexicanos eran la misma categoría, y los mexicanos no dejaban de ser el pueblo con el que habían tenido disputas y guerreado por el dominio y posesión de todo el sudoeste de Norteamérica. Bueno, para ser honestos, más bien para robar a México todo el sudoeste de Norteamérica, y claro eso no ayudaba a que Hollywood nos reivindicara ni nos pusiera de nuestro lado.

   Es que vale que a la hora de escribir novelas histórica, gentes como Patrick O´Brian, Cecill Scot Forrester o Bernard Cornwell, influenciados por el patrioterismo chauvinista anglosajón, nos pongan a caer de un guindo, nos demonicen o nos pinten como idiotas o fanáticos religiosos (Siendo súbditos de un país donde se exterminaba a los católicos y se quemó a miles de mujeres bajo la acusación de brujería). Pero manda huevo que escritores de Italia, país hermano nuestro por la cantidad de vínculos culturales que compartimos y por nuestra similar idiosincrasia, como Rafael Sabatini o Emilio Salgari, también nos demonicen. Pues oye que se jodan con toda la demonización que el Hollywood anglosajón hace de la antigua Roma en filmes y películas y que no tiene mucho que ver con la realidad.
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#24
@Peckinpah da gusto leerte. 
No se que votar.
Mira, haz lo que te salga de los huevos xd.
[Imagen: 0b8b0c3b43dae898b0379b6647e16847.gif]
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#25
(16-08-2024, 01:20 PM)davesanchoo escribió: Qué lujo y qué placer empezar mi periodo de asueto no remunerado (ay la precariedad) con este hilo compadre @Peckinpah. Por favor, sigue así, tecleando y deleitando por igual. Alárgate todo lo que creas conveniente y sea menester. Ameno eres un rato ya lo sabes. E informativo, tronchante y como poco esclarecedor. Repito, un lujo inesperado. Un regalo que yo al menos recibo con una sonrisa de oreja a oreja.

P.D. A todo esto, no sé si viene al caso, pero llevo tiempo planteándome cogerme el libro "La tierra llora" de Peter Cozzens. ¿Alguien sabe si merece o no la pena? Lo digo porque asumo que está centrado en el último siglo de historia india y yo buscaba algo que cubriera algo más de terreno. Y todo esto del virreinato la verdad es que me parece un pasote.



@davesanchoo, si te digo que todo esto no es en parte por ti, te miento. Llevo un par de años dándole vueltas a la idea y preguntándome si merecería la pena darse el currazo o no. Después de leer tu texto sobre el horizonte del Costner, llegué a la conclusión de que sí, la merece. Me volviste a despertar el sentimiento de la frontera. Smile

La tierra llora trata el periodo que se considera la conquista del oeste americano: de agosto de 1862 a diciembre de 1891. Y se centra en las guerras indias de los yanquis contra los indios, tocando también un poco de la frontera sur. Eso no le impide ser un libro cojonudísimo. Si completas la lectura con Tecumseh y el Profeta, del mismo autor, que vendría a cubrir todo lo relativo a las relaciones con los nativos americano antes, durante y después de la guerra de la Independencia, y le sumas Gettysbourgh, de Allen T. Luenzo, que va de la batalla más decisiva de la guerra de Secesión, pero aporta bastante contexto, ya sabrás más sobre todo ese tema que la mayoría de tus conciudadanos. Con eso tienes una visión de conjunto de todo el conflicto norteamericano bastante completita.

Para todo el tema del virreinato, con lo que hemos ido recomendando por aquí y unos y otros, sobre todo, @Leto83, tienes también otro conjunto majo.

@rafaelgg, para la ficción, el imperio español es muy goloso como malo... por su propia condición de imperio. Y también porque en su momento éramos la potencia mundial más tocha que había. Yo ya me he rendido a ese respecto. Reivindicarnos históricamente es una batalla perdida, me temo.

@PUNKRUNNER, le sigo dando vueltas a la pelota. A ver si mañana me decido y me pongo con la siguiente entrega.  Big Grin
Soy una puta, pero una puta muy cara.
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#26
Eres muy grande Peck. Si eso es cierto, sé de sobra lo bueno que eres y lo mucho que te guardas por desgracia, me apunto esta victoria no a título personal (que también) si no como moderador de este santo foro. Ser testigos de tu febril actividad es un triunfo para esta sacrosanta casa y no puedo más que lamentar que no sean más lo que puedan disfrutar de ello. A seguir con el buen trabajo compadre. 

P.D. Agradecido quedo por las recomendaciones. Es hora de ponerme en serio con la historia que la tengo abandonada y luego no digo más que gilipolleces.

P. D. 2. Se acerca el día en que tú y yo nos veamos las caras Peck porque como dijo @Marveler te siento más cercano que a muchos amigos. No quiero ponerme moñas pero es así.

"This aggression will not stand, man"
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#27
Capítulo 4: el Virreinato de la Nueva España (3)

Tras darle unos días al magín y consultar las fuentes que tengo a mano, he llegado a la conclusión de que las Naciones Indias se merecen un capítulo para ellas solas. Su historia tiene que contarse de norte a sur. Así que voy a seguir adelante con la opción A, metiendo alguna pincelada para arrojar luz sobre dos lagunas que han venido quedando hasta ahora. Primero, las encomiendas. No las he tratado hasta ahora porque el objetivo ha sido siempre ir por un camino más o menos recto hasta la década de 1780, donde todos los frentes abiertos en Norteamérica (norte, noreste y sur) empiezan a confluir. No obstante, ya que estamos metidos en harina, les dedicamos unos párrafos.

1521. Hernán Cortés acaba de hacerse con Tenochtitlán y empieza a conceder encomiendas entre los hombres que tiene más a mano y le son más fieles. En esencia, la cosa consiste en repartir señoríos a los conquistadores, a quienes se les denomina «encomenderos». Estos últimos reciben del señorío una renta o un tributo, que puede cubrirse con metales preciosos, leña, vestidos, productos agrícolas o mano de obra esclava. Cortés se lo justifica al rey diciendo que lo hace «casi forzado», porque se ha visto en la obligación de recompensar a sus hombres y también atender al beneficio de la Real Hacienda. Spoiler: no va a colar, pero tampoco le van a desmontar el chiringuito inmediatamente, porque no conviene.

El problema de fondo con esto es que los reyes de las Españas llevan siglos tratando con la nobleza en la península, y acabamos de descubrir un Nuevo Mundo. Lo último que le interesa a la monarquía es dejar que una nueva casta de «señores de la espada» se ganen una posición de poder en unas tierras inmensas, tan lejos de la capital y del control correspondiente. Bastante tocan las pelotas los de sangre vieja («pues, si no me concedéis tal o cual, no os presto mis tropas y que os vayan dando, majestad») como para tener ahora que tragar con otros de nuevo cuño allí, donde se pueden desmandar y convertir en un problema serio. Así que, de momento, el rey, que ahora mismo es Carlos I de España y V de Alemania (un tío listo de cojones), hace como que «bueno, vale», y deja pasar unos años, pero metiendo tantos palos en la rueda como puede sin que se le rebelen.

Si bien el rey tolera la instauración de las encomiendas en Nueva España, procura sujetarlas a supervisión en todo momento. ¿Cómo? Por medio de limitaciones. Establece que los indios no deben entregar más trabajo ni tributos que los dados en la época prehispánica a sus antiguos señores. Envía jueces visitadores que recorren los pueblos y realizan «moderaciones» del tributo. Prohíbe el trabajo de los indígenas como cargadores al interior de las minas; o que sean llevados a largas distancias de sus pueblos. Cosicas que hagan un poco la puñeta a los encomenderos.

   

Mientras, todos disfrutan del reparto de riquezas en relativa buena compañía. El tributo es muy variado: mantas de algodón, maíz, tomates, forraje para caballos, granos de cacao (utilizados como monedas en esta época), tabaco, oro, plata, un determinado número de trabajadores indios cada cierta cantidad de días, etc. El monto se establece por tasaciones, que al principio se acuerdan entre el encomendero y los nobles indios, pero pronto pasan a ser reguladas o «moderadas» por la Real Audiencia. Eso va creando un caldo de cultivo que va a acabar desembocando en una «conciencia criolla» que, a su vez, siglos más tarde, dará lugar a todos los movimientos independentistas de Centroamérica para abajo (Bolívar y toda esta gente, para entendernos). Ese melón se nos sale muy de madre para lo que es este hilo, pero bien está mencionarlo.

1532. Antonio de Mendoza y Pacheco es nombrado primer virrey de la Nueva España. Lo recuerdo aquí porque, con todo lo anterior, el hecho cobra un nuevo sentido que en capítulos anteriores no se había visto reflejado: la Corona entra para tomar el control de las cosas de forma oficial. Control… hasta donde se puede.

1536. Se toma la primera medida fundamental para liquidar las encomiendas, al disponer que estas solo van a permanecer durante «dos vidas», la del beneficiario original y un heredero. Vamos acotando poder.

1542. Donde dije «digo», digo «Diego». Se instauran las Leyes Nuevas de 1542, que ordenan el fin de las encomiendas a la muerte de su titular. No de este y su heredero. De su titular. Además, para limitar también el poder de la Iglesia, Carlos I confisca todas las encomiendas que son propiedad de los eclesiásticos. Lo más rompedor a nivel social de este nuevo conjunto de ordenanzas para la gobernación de las Indias es que se determina que, «por ninguna causa ni motivo alguno, se puede esclavizar a los indios; ni por guerra, ni por rebeldía, ni por rescate, ni de otra manera alguna». Como vimos en el capítulo anterior, nos vamos a seguir pasando por el arco del triunfo estas leyes, pero impuestas están. Ya existen. Hay un precedente y se irá a más en este sentido a lo largo del siglo siguiente. Con más leyes.

1547. Muere Hernán Cortes. Había vuelto a España en 1540 y estaba preparando un regreso a sus posesiones americanas que nuca fue realista. Se va prácticamente solo, acusado de haber asesinado a su primera esposa, Catalina Suárez, y desposeído de poderes en Nueva España. De nada sirvieron sus expediciones por México en la década de los 30 ni su intento de derrotar a Barbarroja en Argel para volver a ganarse el reconocimiento de la Corona. Pasa sus últimos días pobre, refugiado en casa de un amigo en Castilleja de la Cuesta, en la comarca del Ajarafe, Andalucía.

1558. Fallece de paludismo Carlos I, el César, tras una vida dedicada a controlar a la Iglesia Romana, al turco, a los franceses, a los ingleses, a los protestantes... y a la gente de Indias. Le suceden su hermano Fernando, que se hará cargo del gobierno del imperio alemán, y su hijo, Felipe II, que será conocido con el sobrenombre de «el Prudente» y asume el gobierno de España y las Indias.

Con lo cual podemos volver a Zacatecas, y a la necesidad de explotar toda aquella zona.

Hacemos un salto de unos cuarenta años que encierran la guerra chichimeca y un sinfín de relaciones, combates y alianzas con los pueblos de la apachería, como ya hemos ido viendo. Y llegamos a…

1584. El historiador y explorador Baltasar de Obregón termina su Historia de los descubrimientos antiguos y modernos de la Nueva España, donde describe a los «querechos» o «vaqueros» (después llamados apaches) que Francisco Vázquez de Coronado encontró en su expedición del año 1540. De ellos y de las tierras que habitan, cuenta:

«Son estos llanos muy faltos de agua, ventosos e frigidísimos, aunque los que confinan con cordilleras de sierras son menos fríos y participan de agua y mejores pastos y temples en los cuales asisten, cunden y habitan indios querechos, vaqueros rústicos, viles y villanos, los cuales imitan a los gitanos en tener su asiento y asistencia en un lugar porque andan de ordinario de unas a otras partes (que son nómadas, vaya); llevan consigo toda su hacienda, cargada en recuas de perros del tamaño de alanos de Castilla sirven con enjalmas de cuero de las vacas, cargan en ellos sus pabellones de cuero que casi imitan a los caseros de por acá; llevan las varas, estacas y aderezos de ellos, asimismo el menaje de sus casas y menester y la carne y cosas que comen, en cantidad de casi cuatro arrobas.

[…]

Comen y se sustentan de caza de venados, liebres, conejos y otros géneros de caza y sabandijas silvestres. Su ordinaria y continua habitación es en las paradas y habitaciones de las vacas, que es en las lagunas, ojos de aguas saladas y ríos y arroyos de las vacas en las cuales cuando se secan queda cuajada cantidad de sal. Esta agua salobre y la lluvia menuda las engorda de manera que su carne es de la manera y gordura de la de los puercos. Los gitanos andan desnudos y ellas traen faldellines de cuero de vacas y de venados y ellos traen algunos cueros ceñidos a la cintura con que tapan sus lugares secretos».

   

Las «vacas» a las que se refiere son los bisontes, la base del sustento de estas tribus. Salvo los indios pueblo, que ya se han asentado, todos los demás dependen de la migración y la caza tras las enormes manadas de bisontes (de ahí su naturaleza nómada), la depredación de otras tribus y la recolección. Arcos, flechas y hachas son las armas principales. De momento, de piedra. A medida que tienen contacto con nosotros, metálicos. Porque no veas cómo aprenden a trabajar el hierro y la plata echando hostias. Ah, y, aunque se han encontrado restos de caballos prehistóricos en territorio norteamericano, para cuando llegamos a América ya se han extinguido no sabemos aún por qué. Para moverse, los pueblos originales usan el pinrel y los perros, que además de animales de carga también pueden ser comida si la cosa se da mal. Sigo dejando que sea De Obregón quien lo cuente:

«Esta gente que asiste entre las vacas es desnuda, solo traen algunos vestidos de gamuzas de cueros de venado y de las vacas y caperuzas de lo mismo, son dispuestos, gallardos, bélicos y valientes y temidos de las demás parcialidades a ellos comarcanos. Son como gitanos que andan mudándose de una parte a otra siguiendo su mantenimiento natural que es de carne cruda de las vacas y a sus cosechas de tuna y dátil. Sírvense y aprovéchanse de pabellones de cueros de las vacas adobados; tienen sus aderezos de varas y estacas de otates y madera, tienen recuas de perros con que cargan los pabellones y ajuar de sus ranchos, homenaje y cosas de comer; cargan dos y tres arrobas de peso, traenlos aderezados con sus enjalmas de cuero, con sus pretales ataharres y cinchas y jáquimas con cuellos los gobiernan; caminan cargados dos y tres leguas cada día; son perros osarrudos y no crecidos, son lanudos».

   

1595. El capitán don Alonso Días funda los dos primeros presidios de los que se tiene constancia en registros oficiales: el de Montesclaros, en la región de Chiameta, y el de Acoponeta, en la de Sinaloa. Ya sabes: misiones, presidios, haciendas y pueblos.

1598. Se funda el Camino Real de Tierra Adentro, también conocido como «Camino de Santa Fe» o «Camino de la Plata», el más importante de los Caminos Reales. Declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2010. Une la ciudad de México con Santa Fe. 2.560 km de ruta comercial. A partir de ahora, se va a hacer un viaje cada tres años entre una ciudad y otra, con carretas tiradas por bueyes, en las que van frailes, familias y soldados de escolta transportando plantas, semillas, muebles, enseres, papel, tinta y numerosas cabezas de ganado… Caravanas de colonos. El viaje dura seis meses atravesando regiones habitadas por nativos, tanto amistosos como hostiles.

El mapa del territorio de Nueva España se amplía. Ya estamos así.

   

El 9 de septiembre de 1598 es también la primera vez que se tiene constancia de la utilización del término «apache» por parte de Juan de Oñate, en el pueblo de San Juan (Rio Arriba County, Nuevo México), habiéndoselo oído a los zuñis, parte de los nativos pueblo, del oeste de Nuevo México. Oñate hace la siguiente declaración: «Para el padre fray Francisco de Zamora, provincia de los Picurís, junto con todos los apaches de la Sierra Nevada, hacia el norte y el este, y la provincia de Taos, con sus pueblos vecinos y los que la rodean y los de aquella cordillera, en la orilla del Río del Norte…».

1600. Los apaches y navajos aumentan su contacto con los asentamientos españoles de Nuevo México, posibles gracias al Camino de Santa Fe. Los que luego van a ser llamados apaches jicarillas viven en el noreste; los apaches mescaleros en el sureste y los apaches del Gila (chiricahuas) en el sur y en el oeste; mientras los navajos recorren las montañas y mesetas del noroeste del territorio recién explorado por los españoles.

Se nos abre un nuevo horizonte.

   

Lo dejamos aquí por hoy. Creo que he conseguido cuadrar el círculo, de alguna manera, porque tenemos encomiendas y tenemos plantada la semilla del tema de la cultura del caballo, en la que ya podemos entrar de lleno cuando corresponde, en la siguiente entrada, que va a recorrer el siglo XVII. Con eso cerramos el XVI. Y sí, el próximo post nos va a llevar ya a los Dragones de Cuera.

Ahora, a pasar el domingo dedicado a la holganza, que mañana madrugo.

Abracete.
Soy una puta, pero una puta muy cara.
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#28
(18-08-2024, 03:40 PM)Peckinpah escribió: Hernán Cortés acaba de hacerse con Tenochtitlán y empieza a conceder encomiendas entre los hombres que tiene más a mano y le son más fieles. En esencia, la cosa consiste en repartir señoríos a los conquistadores, a quienes se les denomina «encomenderos». Estos últimos reciben del señorío una renta o un tributo, que puede cubrirse con metales preciosos, leña, vestidos, productos agrícolas o mano de obra esclava. Cortés se lo justifica al rey diciendo que lo hace «casi forzado», porque se ha visto en la obligación de recompensar a sus hombres y también atender al beneficio de la Real Hacienda. Spoiler: no va a colar, pero tampoco le van a desmontar el chiringuito inmediatamente, porque no conviene.[/size][/color]

El problema de fondo con esto es que los reyes de las Españas llevan siglos tratando con la nobleza en la península, y acabamos de descubrir un Nuevo Mundo. Lo último que le interesa a la monarquía es dejar que una nueva casta de «señores de la espada» se ganen una posición de poder en unas tierras inmensas, tan lejos de la capital y del control correspondiente. Bastante tocan las pelotas los de sangre vieja («pues, si no me concedéis tal o cual, no os presto mis tropas y que os vayan dando, majestad») como para tener ahora que tragar con otros de nuevo cuño allí, donde se pueden desmandar y convertir en un problema serio. Así que, de momento, el rey, que ahora mismo es Carlos I de España y V de Alemania (un tío listo de cojones), hace como que «bueno, vale», y deja pasar unos años, pero metiendo tantos palos en la rueda como puede sin que se le rebelen.

Todo interesantísimo y van mis dieces por el esfuerzo.

    De todas maneras estos dos párrafos me hicieron sonreír especialmente y de una forma un tanto malvada porque tanto Hernán Cortés como Carlos I lo que están haciendo (no sé si ellos eran conscientes cuando realizan sus maniobras) es repetir lo que previamente habían hecho Cristobal Colón y Fernando el Católico: éste último es plenamente consciente de que las pretensiones que tiene el primero respecto a las Indias son absolutamente desmesuradas (e incluso disparatadas) pero para asegurarse de que el paisano vaya cumpliendo sus cometidos va dejándole cuerda larga para que vaya explorando. Después ya se irá viendo...
     Eran unos zorros de cuidado y como ya dije en su momento Maquiavelo no tenía que estrujarse mucho la cabeza para escribir "El príncipe". Sólo tenía que echar un vistazo al mundo que lo rodeaba en ese momento.
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#29
(18-08-2024, 04:20 PM)Raziel Monsalud escribió: De todas maneras estos dos párrafos me hicieron sonreír especialmente y de una forma un tanto malvada porque tanto Hernán Cortés como Carlos I lo que están haciendo (no sé si ellos eran conscientes cuando realizan sus maniobras) es repetir lo que previamente habían hecho Cristobal Colón y Fernando el Católico: éste último es plenamente consciente de que las pretensiones que tiene el primero respecto a las Indias son absolutamente desmesuradas (e incluso disparatadas) pero para asegurarse de que el paisano vaya cumpliendo sus cometidos va dejándole cuerda larga para que vaya explorando. Después ya se irá viendo...
Eran unos zorros de cuidado y como ya dije en su momento Maquiavelo no tenía que estrujarse mucho la cabeza para escribir "El príncipe". Sólo tenía que echar un vistazo al mundo que lo rodeaba en ese momento.


Te diría que ambas partes eran muy conscientes de lo que hacían. No creo que hubiera nada de inconsciente o de casual en ello. Cortés intentó que no le pasara lo mismo que a Colón, pero le salió mal, porque Carlos I era, como dices, muy zorro y además estaba bien aconsejado. Con todo, no fue Cortés el encomendero que peor acabó. El control sobre ellos acabó siendo poco menos que implacable.

Y, si te fijas, las leyes a favor de los indios son también una forma de poner freno a las ambiciones de los encomenderos. Mi yo cínico me dice que a la Corona noo le interesaba tanto el bienestar de esa gente como lo otro. Tenía muy claro que, saliera lo que saliera de esa Nueva España, le pertenecía a ella, y ningún advenedizo de la soldadesca decidiría quién se llevaría qué, cuándo y cómo. O hasta cuánto. 

@davesanchoo, si no la roscamos antes, nos veremos un día de estos y nos tomaremos unos cacharros y comeremos algo, claro que sí. Todo es ponerse de acuerdo. Date por abrazado de momento.  Wink
Soy una puta, pero una puta muy cara.
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#30
@Raziel Monsalud de hecho, tengo entendido que, no sé si era el propio Maquiavelo, tenía a Fernando el Católico como un cabrón con pintas, eso sí, muy buen gobernante en cuanto a aprovechar sus oportunidades y manejar el poder. Pero una cosa no quita la otra.

El artículo de 10, como siempre. Aquí ya entro en territorio casi desconocido por completo, así que poco puedo aportar más allá del gustazo por la lectura.
¡Estúpido hombre sabio!
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#31
(20-08-2024, 09:02 AM)Leto83 escribió: @Raziel Monsalud de hecho, tengo entendido que, no sé si era el propio Maquiavelo, tenía a Fernando el Católico como un cabrón con pintas, eso sí, muy buen gobernante en cuanto a aprovechar sus oportunidades y manejar el poder. Pero una cosa no quita la otra.

El artículo de 10, como siempre. Aquí ya entro en territorio casi desconocido por completo, así que poco puedo aportar más allá del gustazo por la lectura.

Ja, ja, ja. Cabrón tal vez para nuestros parámetros de buena gente, pero para el momento en que vivían los monarcas europeos o comías o te comían.
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#32
De hecho... El príncipe es más una guía de comportamiento para gobernantes que una crítica hacia ellos. Maquiavelo no llegó a verla publicada en vida (murió en 1527 y el libro se imprimió en 1532), pero se dice que ya circulaba en forma de manuscrito desde por lo menos 1513 por diferentes palacios y cortes. 

Si a nosotros nos han criado con un sesgo social y humanitario diferente al que se da en determinados colegios de élite hoy en día, cuán diferentes no serían las mentalidades de entonces.

Yo me lo he escuchado en audiolibro mientras hago otras cosas, y dice verdades como puños. 

Soy una puta, pero una puta muy cara.
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#33
@Raziel Monsalud XDD tal cual.
¡Estúpido hombre sabio!
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#34
(13-08-2024, 10:16 PM)Peckinpah escribió: ...Estamos hablando de trescientos años de historia, un montón de frentes en los que ahondar… etc. Y la premisa básica es que tiene que ser entretenido.

Ya te lo hemos dicho todos, pero no puedo dejar de agradecerte el trabajo según voy leyendo esto con la atención que merece, tanto por tu esfuerzo como por lo que lo estoy disfrutando.

Acabo de terminar la tercera entrega y te digo que la premisa básica está conseguida con creces.

Gracias también a todos los que vais comentando, en paralelo, matizando, generando debate o abriéndole nuevos frentes al pobre Peckinpah. Las recomendaciones de libros no, veis? Eso no os lo agradezco porque me estáis dejando la cartera tiritando y la lista de lectura en estado crítico xDDDD.
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#35
@Marveler, las cosas que se hacen por placer egoísta no han de ser agradecidas, coñe. Me quedo mucho más tranquilo sabiendo que la premisa básica está conseguida. Lo demás es ir tirando del hilo. Esta semana y la que viene las llevo un poco negras. A ver cuándo puedo seguir y cómo.
Soy una puta, pero una puta muy cara.
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#36
Capítulo 5: dragones en la frontera (1)

Terminábamos la entrada anterior de esta serie atisbando los primeros horizontes del siglo XVII. No lo mencioné entonces para no perder el foco de la apachería, pero, como quien no quiere la cosa, nos hemos saltado todo el reinado de Felipe II, que, tras diez años padeciendo una gota severa, fallece el 13 de septiembre de 1598 en San Lorenzo de El Escorial, donde, dicen las malas lenguas, se alzó este monasterio con el fin de sellar la puerta del Infierno.

Magufadas y supercherías al margen, el periodo de gobierno de este señor da para escribir una puta enciclopedia. Guerras con Francia, Inglaterra, los Países Bajos, el Imperio otomano; toda clase de problemas internos y externos (portugueses, franceses y holandeses tocando las pelotas todo lo que pueden, de paso); roces con el papado y, de postre, la expansión por los océanos Atlántico y Pacífico, agregando a última hora las islas Filipinas y el territorio de Mazagán (África) a la Corona. Ahí es nada.

El asunto de la sucesión no se presenta muy complicado, pues, de la camada de once hijos (e hijas, que nadie del Ministerio de Igualdad se me ofenda, polfavolselopido) fruto de sus cuatro matrimonios, solo le sobreviven tres legítimos: Felipe, Isabel Clara Juana y Catalina Micaela. Queda un varón, vaya. Así que, blanco y en botella, leche. Pero, por un lado, el Felipe entrante no tiene el carácter del saliente, y, por otro, la primera mitad de este siglo va a estar marcada por un conflicto europeo que le va a causar no pocos desvelos, como estamos a punto de ver. No obstante, el cambio a Felipe III es importante, además de por toda una serie de razones que a lo mejor no llegamos ni a mencionar, porque durante su reinado se pasa del Renacimiento al Barroco, lo cual menciono para remarcar la constante evolución de contexto que se va dando en el mundo mientras, en lo que se refiere a la Nueva España, las cosas siguen, más o menos, en una especie de «limbo espaciotemporal» en el que la rutina no cambia mucho en lo esencial, pase lo que pase por allá fuera.

Para muestra, un botón:

1607. Juan de Oñate envía tres expediciones contra grupos de apaches (a los que se han unido varios navajos), que han atacado un asentamiento cerca de la actual Española (Rio Arriba County, Nuevo México). La primera está al mando de su hijo Cristóbal. Las otras dos, al de Juan Martínez de Montoya, que el 24 de agosto dimite como adelantado de Nuevo México. Se le ordena esperar en su puesto hasta que llegue su sucesor, mientras el virrey Luis de Velasco y Castilla nombra a Juan Martínez de Montoya como nuevo gobernador interino. Y eso es, en palabras de un cuate actual, «un chingo de tiempo», porque el viaje no es ninguna broma.

Parece una gilipollez, pero una cosa tan nimia, que sobre el papel da para una escueta nota y poco más, representa dos años de la vida de toda una serie de personas. ¿Qué personas? Pues, en su mayor parte, Dragones de Cuera.

   

¿Por qué «dragones»? Esa es fácil de contestar. No lo hago yo, lo hace la RAE.

Dragón, na
Del lat. draco, -ōnis, y este del gr. δράκων drákōn.
7. m. Soldado que hacía el servicio alternativamente a pie o a caballo.

En la Europa de la época y de los dos siglos siguientes, era habitual que todos los ejércitos tuvieran cuerpos de dragones, que no eran otra cosa que caballería ligera (para pesada ya estaban los coraceros) cuya función era servir como unidad multipropósito. Lo mismo te exploraban un territorio que te llevaban a cabo una escaramuza que se bajaban del caballo para prestar fuego de apoyo a la infantería… o trinchar cuerpo a cuerpo a quien hiciera falta. En el territorio de la apachería, eran la unidad perfecta, porque, además, tanto su equipo como los hombres que la componían estaban expresamente adaptados al medio, después de décadas partiéndose la cara por allí. Lo que me lleva a la segunda pregunta lógica.

¿Y por qué «de cuera»?

Por el largo chaleco de cuero (hasta siete capas de piel de búfalo, en algunos casos) que llevaban como protección. La experiencia no tardó en demostrar que los petos metálicos y los morriones no eran lo más idóneo para enfrentarse a los indios y al árido clima de Nuevo México. Te cocías dentro de ellos y te dificultaban los movimientos, lo cual te ponía en desventaja cuando te enfrentabas a varios enemigos semidesnudos que te saltaban encima a un tiempo. La solución fue optar por las cueras, capaces de detener tanto flechas como hachas o lanzas, y los sombreros de ala ancha con pañuelo empapador de sudor debajo, que te protegían el colodrillo y los ojos del sol de justicia que por allí pega.

La panoplia se completa con una lanza para cargas de caballería, un mosquete (posteriormente, una carabina), dos pistolas de chispa y una espada, corta y ancha, válida tanto para combatir montado como a pie. Ah, y, por supuesto, la adarga, un escudo adaptado de los locales, hecho de madera y cuero.

   

A finales del siglo pasado, todos los Dragones de Cuera que prestaban servicio en los presidios eran españoles venidos de Europa, pero a estas alturas de la película, ya en el XVII, solo lo son los oficiales. La mayor parte de la tropa se compone de nativos. Indios pueblo, navajos, mestizos hijos de españoles e indias (o viceversa) o, por qué no, de libertos negros que ya han nacido como españoles reconocidos. Dentro de la religión de Cristo, todos son hijos de la Corona de pleno derecho. Eso es algo que hicimos de forma muy diferente a los anglosajones. Nosotros no apartamos ni masacramos a la población local hasta la extinción casi total, sino que, en buena medida, la hicimos nuestra y nos mezclamos con ella, un poco por «talante cristiano», un poco por mentalidad práctica. A fin de cuentas, ¿quién mejor para realizar operaciones sobre el terreno que alguien que lo ha mamado desde siempre?

Las ocupaciones de un soldado de cuera son continuas: cuando no está de campaña, tiene que escoltar convoyes de pasajeros o mercadería que entra o sale de sus demarcaciones. También tiene que ocuparse de vigilar las enormes caballadas que componen la guarnición del presidio (10 caballos por soldado y una mula), caballadas vigiladas también por los indios hostiles, deseosos de apropiarse de tan precioso botín; si una guarnición consta de 50 hombres, hay que contar con la vigilancia de 500 caballos y 50 mulas. Esta constante atención disminuye el número de hombres disponibles.

Pese a todo, no faltan los voluntarios. Estos soldados se reclutan principalmente entre habitantes de las Provincias Internas, que se enlistan por un periodo de 10 años. Para una población muy pobre la soldada es un gran atractivo, además de la posibilidad de una vida al aire libre, lejos de las calurosas ciudades, y el derecho a asistencia médica, un lujo en aquella región, y la posibilidad de una pensión al retirarse, así como, en muchos casos, tierras en los alrededores del presidio. También existe la posibilidad de promoción y ascenso hasta el grado de capitán.

No es oro todo lo que reluce, porque dentro de los presidios y las haciendas hay corruptelas. Ciertos presidios están ahora bajo la jurisdicción del virrey, y otros lo están bajo la de los gobernadores locales, que pueden tener (o no), sus piquillas entre sí. Y, en cuanto a las haciendas, las hay tanto propiedad de nobles o gente rica como de oficiales retirados que hacen fortuna vendiendo carne a las misiones, a las ciudades y a los propios presidios. El caldillo que resulta de todo ello es… interesante.

Volvemos a la expedición de Oñate.

Setecientos cincuenta días de romperte el culo sobre la grupa de varios caballos entre desiertos y peñascos, persiguiendo y cazando nativos que la van liando tanto como pueden allí por donde pasan. Tres grupos distintos de españoles para perseguir a una sola coalición durante todo ese tiempo, insisto. Una tónica más que habitual, si tenemos en cuenta que las coaliciones se hacían y deshacían casi aleatoriamente.

Luis de Velasco acepta la dimisión de Juan de Oñate el 29 de enero de 1609, nombrando a Pedro de Peralta primer gobernador del Reino y Provincias de Nuevo México. El 6 de marzo, el virrey de la Nueva España, Luis de Velasco (hijo), envía una carta al gobernador (interino) de Nuevo México, Juan Martínez de Montoya, que dice: «Mandamiento del virrey para que el gobernador de Nuevo México, don Juan Martínez de Montoya, conforme a la gente y armas que tuviere, procure que ande una escuadra que acuda al remedio que evite los daños que causan los indios apaches de guerra».

Apaches. Guerra. Todo como siempre por aquí, gracias por preguntar.

1609. El 30 de marzo, Pedro de Peralta recibe instrucciones del virrey respecto a los apaches (o navajos) y organiza una expedición propia con unos sesenta hombres que dura de abril a octubre. Ese mismo año, Juan de Oñate, con un pequeño grupo, sale de San Gabriel (cerca de la actual Albuquerque) de regreso a México cuando son atacados por las presas a las que persiguen. Tras un breve combate, los apaches son rechazados, pero su hijo Cristóbal resulta muerto.

¿Vas pillando el pulso del día a día en la frontera?

1610. El virrey Velasco nombra a Pedro de Peralta gobernador y capitán general de Nuevo México para reemplazar a Juan de Oñate. Peralta traslada la capital de la provincia a Santa Fe. La política del nuevo virrey define a los apaches como «peligrosos aliados de los enemigos de los españoles»: «[…] como algunos de los pueblos y naciones están en las fronteras de los apaches, que suelen ser un refugio y cobijo para nuestros enemigos, y allí celebran reuniones y consultas, traman sus complots, y se dedican a saquear y hacer la guerra…».

Dame dineros, soldados y pertrechos, que aquí tenemos tajo por delante.

Total, que así va pasando el tiempo. Nuevos colonos llegan cada día. Generaciones de mestizos (hijos de españoles, mexicas, indios pueblo, esclavos negros y lo que pueda ir aliñando el guiso) nacen en esta Nueva España. Los irreductibles nativos se niegan a claudicar (no saben ni quieren ser de otra manera, ya te lo dije). Y, entre razzia va y expedición de castigo viene, resulta que, procedente de la vieja Europa, se viene un tsunami gordo de pelotas.

En el seno de la Iglesia Católica empieza a subir la espuma de una cosita que en el XVI se dio en llamar la Contrarreforma, que no es sino la respuesta a la Reforma protestante de Martín Lutero, la cual, si sumamos precedentes y demás, lleva calentando las cosas y provocando conflictos bélicos desde 1545, así a ojo. No voy a comerme ese gigantesco y goteante chocho aquí, porque es materia de tesis doctoral. Baste con decir que tenemos un cisma religioso de mil pares de pelotas.

El mapa religioso de Europa está así:

   

Los colores que tiran un poco más a malva, un bando. Los que tiran más a naranja, el otro. ¿El resultado? La Guerra de los Treinta Años, que nos va a tener liados desde 1618 a 1648, Medio puto siglo, como quien dice.

Dado que la realidad a menudo es una cosa horrible y aburridísima, voy a solucionar la papeleta aquí comentándote que en este periodo se desarrollan los argumentos de Los tres mosqueros (y secuelas) y Las aventuras del capitán Alatriste (y secuelas). Espadas roperas, dagas de misericordia, coletos, pistolas de chispa, mosquetes, formaciones cerradas de picas, sombreros de plumas, piezas de artillería de a tanto la libra… Todo ese rollo. También, por aquello de ampliar el espectro, te diré que un extraño puritano inglés llamado Solomon Kane anda a estas alturas inmerso en un extenso periplo de aventuras a través de África. Se dice que lleva un poderoso bastón juju que emplea para luchar contra demonios y magia negra. La gente se inventa cada cosa…

1620. Los españoles comienzan a denominar a las bandas apaches, de unas 400 personas aproximadamente cada una, por las regiones que ocupan, mencionando sus haciendas y sus líderes, como, por ejemplo, los apaches que encuentran en la cabecera del río Gila (sudoeste de Nuevo México) a los que llaman gileños. Tampoco pidamos imaginación en cuestiones de onomástica, coño.

1630. El franciscano Alonso de Benavides escribe su Memorial de fray Alonso de Benavides donde, entre otros pueblos, habla de los apaches. Menciona al jefe Sanaba, que ocupa tierras situadas al oeste y al norte a varios días de viaje del pueblo piro de Senecú (cerca del actual Socorro), y al que los españoles clasifican como apache del Gila. Sanaba acude regularmente a acontecimientos que ocurren en Senecú, incluyendo a los sermones de los frailes. Parece estar encantado con los sacerdotes, a los que regala una gamuza de piel de venado que tiene pintada un sol verde, una luna gris y dos cruces. Quizás espera que su presente contribuya a que su gente siga con la costumbre de comerciar unas veces e incursionar otras con los pueblos de los alrededores sin que los españoles interfieran. Si es lo que pretende, pronto va a desilusionarse. No obstante, no traigo a Benavides por eso, sino porque en su obra deja reflejado un dato de lo más interesante:

«Un nuevo factor entró en escena en esa época, el caballo. Los apaches habían robado caballos junto a otro ganado como alimento. Los apaches de la época de Sanaba y posteriores siguieron alimentándose de caballos, pero a la vez aprendieron a usarlos como monturas. Con ellos asaltaban objetivos más lejanos y se retiraban más deprisa que cuando iban a pie. A pesar de que no desaparecieron, las relaciones comerciales pasaron a un segundo plano. Montando caballos podían conseguir más caballos en asentamientos más lejanos, para comerciar con ellos o como alimento».

Jodido la hemos, Manolín. Si esta gente ya era un problema, ahora van a serlo el triple. ¿Qué va a ser lo siguiente, hacerse con lanzas, cuchillos y hachas de acero?

Ups…

   

A partir de este punto, las cosas van a empezar a deteriorarse muy finamente en Nuevo México. Las incursiones apaches se multiplican, en parte porque ahora montan a caballo, en parte porque algunos españoles capturan esclavos de entre ellos para venderlos en los campamentos mineros de Nueva Vizcaya. Esta práctica llega a institucionalizarse, de hecho.

1637. Luis de Rosas accede al cargo de gobernador de Nuevo México. ¿Recuerdas las leyes proteccionistas de los indígenas que comentamos en la entrega anterior? Bien, porque Rosas se destaca por pasárselas por la piedra y organizar incursiones para capturar esclavos. Se enfrenta a los franciscanos, principalmente por su trato con los nativos, a los que obliga a trabajar para él o vende al mejor postor. Los propios frailes promueven una revuelta de los ciudadanos de Nuevo México contra él. Se ve obligado a dejar el cargo 1641. Es encarcelado tras una investigación, y fallece el 25 de enero de 1642, a manos de unos soldados (nativos con casi toda seguridad) mientras está en prisión.

1640. Una epidemia causa 3.000 muertos entre los nativos pueblo, mientras los apaches roban una gran cantidad de maíz en Nuevo México, provocando una hambruna.

Cosicas lindas.

1650. Se incrementan las hostilidades entre los españoles y los apaches, que ya nos la tienen jurada sin remedio. Los españoles de Nuevo México viajan a la parte superior del río Colorado (Texas), donde descubren algunas perlas y establecen tratos comerciales con los jumanos de esa zona. Durante los próximos años, los españoles de Nuevo México intercambian artículos por pieles de búfalo. Los apaches de las llanuras, probablemente en un intento de evitar este comercio, aumentan sus ataques, especialmente contra Las Humañas, el lugar más lógico para este intercambio.

Lo dejamos aquí, justo en la mitad del siglo, porque se vienen muuuchos más problemas.

Felice martedì a tutti, bambini.
Soy una puta, pero una puta muy cara.
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#37
Mis dieces caballero. Toda una gozada leerle. Sólo por añadir un par de anexos:

-Felipe II se dice que las pasó bastante putas en los últimos momentos de su vida por enfermedades varias, además de sufrir interiormente por las dudas de si su heredero podría mantener el poderío español (al menos como él mismo lo había heredado del emperador Carlos I):
    "Se hace llevar a El Escorial, donde le esperan su despacho y su lecho, su tarea y su tumba. Seis años dura la lenta agonía de un rey moribundo, del monarca de un inmenso imperio que ha renunciado a todo menos a su obligación. Le corroen en vida la gota y los gusanos, pero no puede, no quiere dejar hasta el final las riendas del gobierno.
     "Dios que me dio tantos reinos no me dio un hijo capaz de gobernarlos. Temo que me lo gobiernen"
    Por si la última lección es útil, al borde de la muerte, pestilente, dolorosa la cámara real, dice al que pronto va a ser Felipe III: "Yo os ahorro esta escena, pero quisiera vieseis cómo las monarquías de la tierra acaban"."

Extraído de "De Carlos I a Juan Carlos I", Jose Antonio Vaca de Osma.


     Tanto Felipe III y Felipe IV debieron aprender bien la lección porque con ellos empiezan las historias de pasárselo bien, dejación de funciones y delegar en válidos como el Conde Duque de Olivares.

Para el que esté interesado en el ambiente de la época tal vez le puedan gustar estas obras (aparte de las ya mencionadas por @Peckinpah):
[Imagen: busc%C3%B3nportada.jpg]
Espectacular es decir poco de este tebeo.
[Imagen: el-rey-pasmado-poster-62087_SPA-85_V.jpg]
Que a su vez se basa en esta novela:
[Imagen: portada_cronica-del-rey-pasmado_gonzalo-...211305.jpg]

-Por otra parte me ha resultado muy interesante la descripción de los dragones de cuera. Curiosísimo como las armas y el vestuario militar siguen a rajatabla la máxima darwiniana de que sobrevive el más apto a cada ambiente. Así no pude evitar acordarme de los soldados del imperio Bizantino: estupenda maniobrabilidad y defensa por ser jinetes bien defendidos con una armadura pesada tanto para el soldado como para el caballo, gran capacidad de ataque no sólo por sus armas de alcance corto como por sus arcos y flechas.... y nula capacidad de respuesta frente a las tropas que iban montadas en camellos y que estaban muy acostumbradas al calor extremo y las condiciones del desierto. Una de las razones por las que cayó Constantinopla ante la expansión del Islam tras siglos de supervivencia frente al ataque de varios frentes bárbaros.
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#38
@Raziel Monsalud, me alegra que apuntes lo de los reyes, porque es de esos aspectos que dejo en la periferia para que este tema no se me coma mucho la vida, pero no cabe duda de que tiene interés y no poco. Por otro lado, no conocía el cómic de Norma. Otra necesidad más que tengo. Jajajajaja. Tanto la peli como el libro del rey pasmado sí. Me gustaron ambos en su día. Y el tema de las armas y demás... si quiero traerlo por aquí es precisamente por eso. Cada arma y pieza de equipo responde a una necesidad y un propósito concretos. Cuando me meta con ciertos modelos que van a ir viniendo se va a ver el cómo y el por qué de cada cosa. En la próxima entrega, por ejemplo, entramos de lleno en las batallas tipo Barry Lyndon. El tema tiene su miga.
Soy una puta, pero una puta muy cara.
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#39
@Peckinpah Ja, ja,ja, por cierto respecto al otro hilo (Conan), tengo bastante claro que si tienes que decidir entre reanudar una nueva serie de Conan o comprar "El buscón en las Indias" yo me iría de cabeza a por éste último, que es una gozada como pocas. Mis dieces para mañana que hoy ya los agoté entre unos y otros.
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#40
(04-09-2024, 04:41 PM)Raziel Monsalud escribió: @Peckinpah Ja, ja,ja, por cierto respecto al otro hilo (Conan), tengo bastante claro que si tienes que decidir entre reanudar una nueva serie de Conan o comprar "El buscón en las Indias" yo me iría de cabeza a por éste último, que es una gozada como pocas. Mis dieces para mañana que hoy ya los agoté entre unos y otros.


Pues sí. Toda la razón. Entre un más de lo mismo con Conan y experimentar cosas nuevas de calidad, como que me quedo con lo segundo.  Angel
Soy una puta, pero una puta muy cara.
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