Oscar Ferreiro ha regido durante décadas los destinos de sus conciudadanos con mano de hierro y un importante componente de sadismo...
Como el propio autor (Gabriel Plaza Molina) advierte desde un principio "Crónica y milagros de Oscar Ferreiro, Caudillo" es ante todo "un desahogo apasionado". Publicado en el año 1978 con el recuerdo de nuestro dictador más longevo muy reciente asistimos a una esperpéntica crónica digna de Valle-Inclán de un espadón del siglo XX que a través de la violencia ejerce su implacable autoridad desde sus primeros tiempos como militar. Así asistimos al devenir del trasunto de Francisco Franco en una narración desordenada cronológicamente pero muy consecuente en no dejar títere con cabeza tanto en lo que se refiere al personaje histórico como a sus acólitos utilizando la caricaturización más extrema.
No ha sido un libro que me haya convencido especialmente por lo radicalmente esperpéntico de la propuesta, pero he de admitir que tiene unos detalles que resultan divertidos a poco que uno tenga cierto bagaje sobre esa época histórica: el "referéndum", el atentado de Carrero Blanco (con nombre cambiado) o el concordato con la Iglesia entre otros eventos históricos se ven con el filtro un humor negro (negrísimo) que favorecen que la lectura sea más llevadera. Por poner un ejemplo:
"-Arévalo, ¿Eres tú Arévalo?
-Eh, operador, aquí no se oye un carajo.
-Arévalo, Arévalo, soy Ferreiro, ¿me oyes?
-Bueno, estamos en Calandres, ¿Cómo van las cosas por ahí?
-No sé si vamos a tener tiempo. Gracias al acuerdo con el Vaticano, llevamos un cura a cuestas que es como si lleváramos la procesión de Viernes Santo. Cadáver que ve, cadáver que se detiene a echarle una saeta. Esto más que un avance es un desfile de cojos".
Y éste es más o menos el espíritu del libro.