15-11-2021, 02:00 PM
Siento admiración por las críticas extensas y mega analíticas que subían en Las Horas Perdidas y que ahora algunos publicáis por aquí pero como siempre me ha dado mucha pereza hacer las mías de manera tan ampliada y dado mi escaso y reducido léxico me he decidido intentar convencer o hacer redescubrir esas pequeñas joyas escondidas en la cinematografía u obras maestras de siempre de la forma más breve posible con el fin de que alguien se anime a ampliar su cinefilia.
Iré publicando unas cuantas poco a poco y espero que os animéis los demás también, el truco es hacer ver de la manera más resumida posible el por qué gastar más de hora y media de tu vida en algo que merezca la pena y para que entre todos encontremos esas películas que desconocíamos y que nos recomendamos entre gente con los mismos gustos cinéfilos.
Empiezo:
-Algo salvaje: Aunque tremendamente irregular, el gran Jonathan Demme antes de hacer soñar a Clarice Starling con los corderos coge el típico argumento de "pardillo conoce a chica alocada y vive situaciones al límite" y le da una vuelta por completo. El "pringado" Jeff Daniels ve en la chica de vida alegre Melanie Griffith la posibilidad de salir de su aburrida vida pero ambos guardan unas cuantas sorpresas y lo que comienza como comedia desquiciada pronto se convierte en una pesadilla urbana cuando aparece el violento Ray Liotta en escena. Los tres actores están magníficos, el guion abunda en giros inesperados, Demme mezcla diversos géneros con soltura y, gracias a unos cuantos movimientos de cámara, hallazgos visuales y narrativos, la película se transforma en cine de autor de lo más brillante.
-Los jueces de la noche: En esto que zappeas por uno de los típicos canales de la TDT que echan la misma película por enésima vez en la misma semana y te encuentras con una de esas que te suenan del videoclub o de la época dorada de los programadores televisivos.
El arranque en sí no promete: 5 amigos a cada cual más mongolo y antipático van en caravana y se desvían hasta parar a un barrio muy chungo donde son testigos del asesinato de un mafiosillo que no parará de perseguirles para intentar hacerles callar la boca para siempre. Un argumento típico pero lo que convierte a la película en inusual es el tratamiento de la acción y del escenario (en una única noche, en los mismos callejones lúgubres y desolados) y en el matón interpretado por el grandioso secundario Denis Leary. Ni los insoportables Cuba Gooding Jr. y Jeremy Piven son capaces de arruinar la meritoria propuesta del director de (ojo) Depredador 2 y Los demonios de la noche.
-La vaquilla: Por algún extraño motivo sucede que esta película es a la vez la más querida y la más odiada del maestro Luis García Berlanga. Por un lado el público la recibió con los brazos abiertos convirtiéndose en la más taquillera de toda su carrera pero por otro fueron no pocos los que vieron en ella un producto vergonzosamente comercial, oportunista y prefabricado muy alejado de sus mejores trabajos.
Sea como fuere, las mejores cualidades del mejor director español de la historia siguen ahí (grandes planos secuencia, diálogos cómicamente brillantes, ritmo y situaciones aceleradísimas, secundarios de lujo) y aunque Berlanga y Azcona parecen tirar por lo fácil y elemental en su alegoría hacia la Guerra Civil y las dos españas, bastarían los momentos de los soldados enfrentados intercambiando trapicheos en el frente, las largas secuencias de montaje, el descubrimiento del gran Santiago Ramos y el plano final con que cierra la película, para justificar su merecido éxito.
Berlanga ya no volvió a estar a la altura después de esta película.
-La noche cae sobre Manhattan: El maestro del cine policiaco, el denunciante de la corrupción del poder, la mosca cojonera de la sociedad norteamericana, el superlativo Sidney Lumet vuelve a su tema favorito y se redime en los 90 tras un largo tiempo de decadencia. La película tiene todo lo mejor de su cine (argumento lioso pero de transparencia narrativa, espléndidos secundarios, desencanto con la sociedad actual, protagonistas de dudosa moral, denuncia y crítica social) pero sorteando los vicios del género en esa década ateniendo a códigos más clásicos.
Una prueba de la habilidad del director en sacar oro de sus actores está en que se trata de los mejores trabajos de Andy García e Ian Holm, en el recital de Richard Dreyfuss en un papel muy breve y en la magnífica secuencia que protagoniza un Ron Leibman desatado.
-El reverendo (First Reformed): Con permiso de George Miller y su Mad Max Fury Road, la gran resurrección de la década. Veinte años después de su última obra maestra, Aflicción, y tras unas cuantas películas chusteras el genial tarado Paul Schrader sorprendió con una película que recordó a toda una generación de cineastas revolucionarios inigualables y el triunfo de una forma de hacer cine prácticamente extinguida con el amplio reconocimiento de crítica y público, nominación al Oscar incluido.
Con unos recursos narrativos bastante arriesgados, una fotografía experimental, un ritmo exageradamente lento y siempre volviendo a sus obsesiones sexuales, espirituales y alienantes habituales, Schrader convence con esta historia de pérdida de fe llevada al extremo típica de su cine pero adaptada al estilo moderno que tanto tiempo llevaba buscando en sus últimas películas.
La interpretación de Ethan Hawke es tan épica como lo fueron las de Nick Nolte, Willem Dafoe, George C. Scott o Natasha Richardson en otras películas de Schrader y su final, mezclando alegorías cristianas, suicidio terrorista en masa y amor físico y espiritual, es de esas pajas mentales que hacen historia. Y Amanda Seyfried es un puto amor.
Iré publicando unas cuantas poco a poco y espero que os animéis los demás también, el truco es hacer ver de la manera más resumida posible el por qué gastar más de hora y media de tu vida en algo que merezca la pena y para que entre todos encontremos esas películas que desconocíamos y que nos recomendamos entre gente con los mismos gustos cinéfilos.
Empiezo:
-Algo salvaje: Aunque tremendamente irregular, el gran Jonathan Demme antes de hacer soñar a Clarice Starling con los corderos coge el típico argumento de "pardillo conoce a chica alocada y vive situaciones al límite" y le da una vuelta por completo. El "pringado" Jeff Daniels ve en la chica de vida alegre Melanie Griffith la posibilidad de salir de su aburrida vida pero ambos guardan unas cuantas sorpresas y lo que comienza como comedia desquiciada pronto se convierte en una pesadilla urbana cuando aparece el violento Ray Liotta en escena. Los tres actores están magníficos, el guion abunda en giros inesperados, Demme mezcla diversos géneros con soltura y, gracias a unos cuantos movimientos de cámara, hallazgos visuales y narrativos, la película se transforma en cine de autor de lo más brillante.
-Los jueces de la noche: En esto que zappeas por uno de los típicos canales de la TDT que echan la misma película por enésima vez en la misma semana y te encuentras con una de esas que te suenan del videoclub o de la época dorada de los programadores televisivos.
El arranque en sí no promete: 5 amigos a cada cual más mongolo y antipático van en caravana y se desvían hasta parar a un barrio muy chungo donde son testigos del asesinato de un mafiosillo que no parará de perseguirles para intentar hacerles callar la boca para siempre. Un argumento típico pero lo que convierte a la película en inusual es el tratamiento de la acción y del escenario (en una única noche, en los mismos callejones lúgubres y desolados) y en el matón interpretado por el grandioso secundario Denis Leary. Ni los insoportables Cuba Gooding Jr. y Jeremy Piven son capaces de arruinar la meritoria propuesta del director de (ojo) Depredador 2 y Los demonios de la noche.
-La vaquilla: Por algún extraño motivo sucede que esta película es a la vez la más querida y la más odiada del maestro Luis García Berlanga. Por un lado el público la recibió con los brazos abiertos convirtiéndose en la más taquillera de toda su carrera pero por otro fueron no pocos los que vieron en ella un producto vergonzosamente comercial, oportunista y prefabricado muy alejado de sus mejores trabajos.
Sea como fuere, las mejores cualidades del mejor director español de la historia siguen ahí (grandes planos secuencia, diálogos cómicamente brillantes, ritmo y situaciones aceleradísimas, secundarios de lujo) y aunque Berlanga y Azcona parecen tirar por lo fácil y elemental en su alegoría hacia la Guerra Civil y las dos españas, bastarían los momentos de los soldados enfrentados intercambiando trapicheos en el frente, las largas secuencias de montaje, el descubrimiento del gran Santiago Ramos y el plano final con que cierra la película, para justificar su merecido éxito.
Berlanga ya no volvió a estar a la altura después de esta película.
-La noche cae sobre Manhattan: El maestro del cine policiaco, el denunciante de la corrupción del poder, la mosca cojonera de la sociedad norteamericana, el superlativo Sidney Lumet vuelve a su tema favorito y se redime en los 90 tras un largo tiempo de decadencia. La película tiene todo lo mejor de su cine (argumento lioso pero de transparencia narrativa, espléndidos secundarios, desencanto con la sociedad actual, protagonistas de dudosa moral, denuncia y crítica social) pero sorteando los vicios del género en esa década ateniendo a códigos más clásicos.
Una prueba de la habilidad del director en sacar oro de sus actores está en que se trata de los mejores trabajos de Andy García e Ian Holm, en el recital de Richard Dreyfuss en un papel muy breve y en la magnífica secuencia que protagoniza un Ron Leibman desatado.
-El reverendo (First Reformed): Con permiso de George Miller y su Mad Max Fury Road, la gran resurrección de la década. Veinte años después de su última obra maestra, Aflicción, y tras unas cuantas películas chusteras el genial tarado Paul Schrader sorprendió con una película que recordó a toda una generación de cineastas revolucionarios inigualables y el triunfo de una forma de hacer cine prácticamente extinguida con el amplio reconocimiento de crítica y público, nominación al Oscar incluido.
Con unos recursos narrativos bastante arriesgados, una fotografía experimental, un ritmo exageradamente lento y siempre volviendo a sus obsesiones sexuales, espirituales y alienantes habituales, Schrader convence con esta historia de pérdida de fe llevada al extremo típica de su cine pero adaptada al estilo moderno que tanto tiempo llevaba buscando en sus últimas películas.
La interpretación de Ethan Hawke es tan épica como lo fueron las de Nick Nolte, Willem Dafoe, George C. Scott o Natasha Richardson en otras películas de Schrader y su final, mezclando alegorías cristianas, suicidio terrorista en masa y amor físico y espiritual, es de esas pajas mentales que hacen historia. Y Amanda Seyfried es un puto amor.

