18-01-2026, 11:31 AM
(Última modificación: 18-01-2026, 11:31 AM por Javi Berdey.)
Hará cosa de medio año se estrenó "28 años después" y justo ahora se estrena su continuación. Ésta, ya adelanto, me ha gustado mucho más que la primera (ojo, 28 años después no me pareció una mala película, pero creo que podría haber sido mucho mejor de lo que fue).
La trama empieza muy poquito después del (desconcertante) final de la anterior, con Spike (Alfie Williams) atrapado dentro del culto de los Jimmies, encabezado por el perturbado, perturbador y terrorífico personaje interpretado por Jack O'Connell. En esta primera escena, que no desvelaré, ya se dan algunas pinceladas de cómo va a ir la película: temas incómodos, una violencia descarnada y difícil de ver, y la toma de unas decisiones que no te las ves venir, aparentemente muy marcianas pero que sorprendentemente funcionan a la perfección.
Paralelamente a las desventuras de Spike tenemos la historia protagonizada por el Dr. Ian Kelso (un Ralph Fiennes bordando un papel que ya era lo mejor de la anterior película), y la sorprendente relación que forja con Sansón (Chi Lewis-Parry), un imponente infectado alfa. ¿Ein? ¿Cómo se come eso? Pues con toneladas de curiosidad científica, buen hacer, compasión y empatía, dándonos escenas emotivas y poderosas (y no me refiero a las del tamaño de Sansón, ya me entenderéis).
Evidentemente, las dos tramas llegarán a confluir, dándonos probablemente las dos mejores escenas de la película: la conversación inicial entre Jimmi y Kelso, y el climax final de la película, al son de Iron Maiden que ... explicada podría parecer una locura del tamaño de un castillo, pero creo que puede ser una de las escenas del año cinematográficamente hablando, ahí lo dejo.
Nia DaCosta dirige de una forma similar en tono a cómo lo hizo Danny Boyle en la anterior, pero con un par de diferencias: creo que ha usado cámaras convencionales en lugar de móviles, resultando una fotografía mas "convencional", y olvida casi completamente todas las idas de pinza de montaje del director británico (no vais a ver cortes de "Enrique V" insertados porque yo lo valgo, por ejemplo), lo cual se agradece muy mucho.
Otro punto a favor está en el uso de canciones de la banda sonora para acentuar el simbolismo de algunas escenas, como el "Ordinary World" de Duran Duran o
de Iron Maiden, que ya he comentado.
Hasta ahora no he comentado nada de los infectados, a excepción de Sansón, y es que apenas aparecen, curiosamente. La película no va de infectados, sino de humanos y humanidad, religión y fe, violencia y compasión, en un mundo que se ha ido a tomar viento.
En resumen, una película que puede no gustar a todo el mundo, debido a algunas escenas de una violencia seca y terrible, o a unas decisiones que en manos de cualquiera podrían haber acabado de una forma entre grotesca y ridícula, pero que aquí funcionan prácticamente todas. A mí y a mi señora nos ha gustado mucho, superando la anterior película y, si bien deja esta historia cerrada, deja un final abierto para una tercera parte con un regreso inesperado.
La trama empieza muy poquito después del (desconcertante) final de la anterior, con Spike (Alfie Williams) atrapado dentro del culto de los Jimmies, encabezado por el perturbado, perturbador y terrorífico personaje interpretado por Jack O'Connell. En esta primera escena, que no desvelaré, ya se dan algunas pinceladas de cómo va a ir la película: temas incómodos, una violencia descarnada y difícil de ver, y la toma de unas decisiones que no te las ves venir, aparentemente muy marcianas pero que sorprendentemente funcionan a la perfección.
Paralelamente a las desventuras de Spike tenemos la historia protagonizada por el Dr. Ian Kelso (un Ralph Fiennes bordando un papel que ya era lo mejor de la anterior película), y la sorprendente relación que forja con Sansón (Chi Lewis-Parry), un imponente infectado alfa. ¿Ein? ¿Cómo se come eso? Pues con toneladas de curiosidad científica, buen hacer, compasión y empatía, dándonos escenas emotivas y poderosas (y no me refiero a las del tamaño de Sansón, ya me entenderéis).
Evidentemente, las dos tramas llegarán a confluir, dándonos probablemente las dos mejores escenas de la película: la conversación inicial entre Jimmi y Kelso, y el climax final de la película, al son de Iron Maiden que ... explicada podría parecer una locura del tamaño de un castillo, pero creo que puede ser una de las escenas del año cinematográficamente hablando, ahí lo dejo.
Nia DaCosta dirige de una forma similar en tono a cómo lo hizo Danny Boyle en la anterior, pero con un par de diferencias: creo que ha usado cámaras convencionales en lugar de móviles, resultando una fotografía mas "convencional", y olvida casi completamente todas las idas de pinza de montaje del director británico (no vais a ver cortes de "Enrique V" insertados porque yo lo valgo, por ejemplo), lo cual se agradece muy mucho.
Otro punto a favor está en el uso de canciones de la banda sonora para acentuar el simbolismo de algunas escenas, como el "Ordinary World" de Duran Duran o
de Iron Maiden, que ya he comentado.
Hasta ahora no he comentado nada de los infectados, a excepción de Sansón, y es que apenas aparecen, curiosamente. La película no va de infectados, sino de humanos y humanidad, religión y fe, violencia y compasión, en un mundo que se ha ido a tomar viento.
En resumen, una película que puede no gustar a todo el mundo, debido a algunas escenas de una violencia seca y terrible, o a unas decisiones que en manos de cualquiera podrían haber acabado de una forma entre grotesca y ridícula, pero que aquí funcionan prácticamente todas. A mí y a mi señora nos ha gustado mucho, superando la anterior película y, si bien deja esta historia cerrada, deja un final abierto para una tercera parte con un regreso inesperado.
Ilumínanos, oh Cohen el bárbaro, ¿qué es lo mejor de la vida?
-Buenoz dientez, zopa caliente y papel higiénico zuave.
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