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Un consejo: NO VEÁIS NADA, ni un solo tráiler. Si os interesa mínimamente lo que voy a comentar a continuación, lanzaros de cabeza en cuanto tengáis la más mínima oportunidad.
Me puse esto pensando que iba a ser una serie animada sobre el deporte de los 100 metros lisos. No es que sea precisamente un apasionado de este deporte; es más, soy la máxima expresión del antideportismo encarnada en un ser vivo. Aun así, los pocos minutos que vi me llamaron la atención por su estilo visual y su buena factura técnica… hasta que llegó la sorpresa: NO ERA UNA SERIE, ERA UNA PELÍCULA.
Y aunque al principio puede que no lo parezca, el virtuosismo técnico del que hace gala se va haciendo cada vez más evidente conforme avanza el metraje. La animación realizada mediante rotoscopia está magníficamente ejecutada; hay momentos en los que incluso se emplean cámaras móviles con esta técnica, alcanzando niveles artísticos realmente destacables. No tanto por lo espectacular —que también—, sino por el sobresaliente trabajo visual que se plasma en cada fotograma. Aquí se nota que lo dan todo en cada plano, y eso es, sencillamente, digno de aplauso.
Y, precisamente, la película trata de eso: de darlo todo. De cómo sus protagonistas se dejan la vida en los pocos segundos que dura una carrera de 100 metros lisos. Al final, os puedo asegurar una cosa: aquí queda clarísimo que lo importante es el viaje, no el destino. Y lo mejor de todo es que está contado con una contención y una sutileza visual tan bien medidas que cualquier anime que abuse de la sobreexposición acaba quedando en evidencia, literalmente humillado.
Esto, señores, es una lección del rumbo que deberían seguir muchos animes, ya sea para cine o para televisión. Ojalá los shōnen de peleas se parecieran más a estas carreras: donde lo único que importa es ver a los personajes competir, sin nadie explicando constantemente qué está pasando, dejando que sean las imágenes las que expresen, sin palabras, lo que sienten los personajes en cada instante. Saber cuándo callar, cuándo dejar respirar el silencio y cuándo usar la música para subrayar los momentos clave.
Da igual si te gusta o no el atletismo o los 100 metros lisos. Aquí no importa una típica historia de superación personal ni grandes discursos. Lo único que importa es lo que sienten los personajes cuando lo dan todo en esos pocos segundos de carrera. Y solo con eso, uno ya se queda más que satisfecho con lo que acaba de presenciar.

