Viendo que en mi anterior hilo sobre grandes citas del cine y la televisión empezamos a derivar un poco en esa dirección —sobre todo cuando mencioné el momento del “billete manchado de sangre” de Ojos de serpiente, de Brian De Palma—, se me ha ocurrido dedicar un hilo específicamente a algo que cada vez me apasiona más: comentar y analizar esas escenas en las que los directores quieren contarnos algo de manera puramente audiovisual, especialmente visual, donde sin apenas una palabra nos lo dicen todo a través de las imágenes.
Aquí, por tanto, no deberían entrar esos casos en los que se recurre torpemente a una sobreexposición excesiva, dejando sin margen al espectador para interpretar por sí mismo lo que la película o la serie quiere transmitir. Es algo que al cine de Nolan se le ha criticado bastante en varias de sus obras: esa tendencia a explicar constantemente todo lo que está ocurriendo. Aunque, eso sí, creo que en casos como Dunkerque ha demostrado que, cuando quiere, es perfectamente capaz de utilizar el lenguaje cinematográfico con enorme eficacia.
A mí, por ejemplo, me fascina cuando ese lenguaje sirve para contarnos una historia oculta detrás de lo que vemos a simple vista. Siempre recuerdo lo que me ocurrió con Gravity, de Alfonso Cuarón. En la crítica de la “santa web”, quien la redactaba decía haberse sentido algo decepcionado porque esperaba una película sobre “la inmensidad del espacio” y consideraba que sus personajes debían de ser planos planos, meros vehículos para el espectador.
Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que ese enfoque era, en realidad, fruto de unas expectativas que no tenían nada que ver con lo que el director pretendía contar. El personaje de Sandra Bullock en Gravity sí tiene un trasfondo claro; no es plano, sino que existe para servir al verdadero discurso de la película. Gravity no es una obra especialmente compleja, pero tiene la particularidad de poder disfrutarse desde dos niveles distintos de lectura:
Gravity, pese a su fachada de espectáculo palomitero, trata exactamente de lo mismo, pero desde otro enfoque. El trasfondo trágico del personaje de Sandra Bullock —la pérdida de su hija, aquello que la “mató” por dentro— es clave. Escenas como aquella en la que la vemos flotando en ingravidez en una postura claramente fetal no están ahí por casualidad: son decisiones conscientes. Es la forma que tiene Cuarón de mostrarnos, a través de imagenes, que estamos asistiendo al renacimiento de alguien que había perdido toda voluntad de vivir y que ahora lucha desesperadamente por no desaparecer.
En fin, este ejemplo casi se ha convertido en una retrocrítica de Gravity, pero sirve para ilustrar a qué me refiero. La idea es que comentéis películas o series en las que os haya llamado la atención cómo sus directores han sabido contar historias (ya sean perceptibles o se deban leer entre lineas) con imágenes, más que con diálogos: ya sea un detalle importante para la trama o una forma de transmitir, de fondo, cuál es realmente la historia o el mensaje que la obra quiere mostrarnos entre líneas.
Cabe decir que esto de “mostrar en lugar de contar” es más fácil de desarrollar en el cine que en la televisión, sobre todo por los mayores tiempos de planificación. Aun así, series como Twin Peaks o Breaking Bad han demostrado que la televisión también puede hacer un uso brillante del lenguaje cinematográfico cuando se lo propone.
Aquí, por tanto, no deberían entrar esos casos en los que se recurre torpemente a una sobreexposición excesiva, dejando sin margen al espectador para interpretar por sí mismo lo que la película o la serie quiere transmitir. Es algo que al cine de Nolan se le ha criticado bastante en varias de sus obras: esa tendencia a explicar constantemente todo lo que está ocurriendo. Aunque, eso sí, creo que en casos como Dunkerque ha demostrado que, cuando quiere, es perfectamente capaz de utilizar el lenguaje cinematográfico con enorme eficacia.
A mí, por ejemplo, me fascina cuando ese lenguaje sirve para contarnos una historia oculta detrás de lo que vemos a simple vista. Siempre recuerdo lo que me ocurrió con Gravity, de Alfonso Cuarón. En la crítica de la “santa web”, quien la redactaba decía haberse sentido algo decepcionado porque esperaba una película sobre “la inmensidad del espacio” y consideraba que sus personajes debían de ser planos planos, meros vehículos para el espectador.
Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que ese enfoque era, en realidad, fruto de unas expectativas que no tenían nada que ver con lo que el director pretendía contar. El personaje de Sandra Bullock en Gravity sí tiene un trasfondo claro; no es plano, sino que existe para servir al verdadero discurso de la película. Gravity no es una obra especialmente compleja, pero tiene la particularidad de poder disfrutarse desde dos niveles distintos de lectura:
- Lo que vemos a primera vista: una historia de supervivencia extrema en el espacio, donde la protagonista lucha por regresar a la Tierra sin morir en el intento. En esencia, un pretexto para ofrecernos una espectacular montaña rusa visual que ganaba mucho si se veía en 3D.
- Lo que no vemos tan fácilmente: una metáfora sobre el renacimiento de una persona que estaba emocionalmente muerta y que, tras un viaje de redescubrimiento en un entorno donde la vida es imposible, vuelve a encontrar razones para seguir adelante.
Gravity, pese a su fachada de espectáculo palomitero, trata exactamente de lo mismo, pero desde otro enfoque. El trasfondo trágico del personaje de Sandra Bullock —la pérdida de su hija, aquello que la “mató” por dentro— es clave. Escenas como aquella en la que la vemos flotando en ingravidez en una postura claramente fetal no están ahí por casualidad: son decisiones conscientes. Es la forma que tiene Cuarón de mostrarnos, a través de imagenes, que estamos asistiendo al renacimiento de alguien que había perdido toda voluntad de vivir y que ahora lucha desesperadamente por no desaparecer.
En fin, este ejemplo casi se ha convertido en una retrocrítica de Gravity, pero sirve para ilustrar a qué me refiero. La idea es que comentéis películas o series en las que os haya llamado la atención cómo sus directores han sabido contar historias (ya sean perceptibles o se deban leer entre lineas) con imágenes, más que con diálogos: ya sea un detalle importante para la trama o una forma de transmitir, de fondo, cuál es realmente la historia o el mensaje que la obra quiere mostrarnos entre líneas.
Cabe decir que esto de “mostrar en lugar de contar” es más fácil de desarrollar en el cine que en la televisión, sobre todo por los mayores tiempos de planificación. Aun así, series como Twin Peaks o Breaking Bad han demostrado que la televisión también puede hacer un uso brillante del lenguaje cinematográfico cuando se lo propone.


