28-03-2024, 11:31 AM
Mi relación con esta saga es un tanto peculiar, creo. No soy un gran fan, pero los pocos títulos a los que he jugado me han gustado. Jugué al VIII en su día, pero no lo terminé. Jugué al XIII, pero también me quedé a las puertas de finalizarlo. Probé el X. No he jugado al VI, ni al VII, ni al IX. Esta franquicia siempre me ha llamado la atención, pero nunca le he dado continuidad, por unos motivos u otros. Y heme aquí, habiendo finalizado su décimo sexta iteración.
Mucho se habló en su día sobre este título, sobre su combate, sobre su ruptura con respecto a otras entregas de la saga, y su influencia de Juego de Tronos. Todo verdad, todo un tanto exagerado, realmente. El mundo de FFXVI se desarrolla en el continente de Valisthea, dividido a su vez en diferentes naciones, y cada capital de estas naciones está edificada a la sombra de un descomunal cristal madre. Por el mundo hay diseminados además pequeños cristales con los cuales los portadores pueden hacer magia, y así hacer funcionar el mundo (mediante la creación de viento, técnicas curativas, fuego, agua..). Estos portadores, lejos de ser alabados y queridos, por norma general son tratados como esclavos y útiles, pero apenas humanos. Además de los portadores, tenemos a los dominantes, que son personas que poseen el poder de eikons (el fénix, Shiva, del hielo, Titán, de la tierra, Bahamut, una especie de dragón...) y que suelen ubicarse en las familias reales de las naciones. La trama comienza con nuestro protagonista, Clive Rosfield, quien es el guarda ducal de su hermano, Joshua, quien a su vez es el dominante del Eikon del Fénix. En el prólogo han de ir al pórtico del Fénix a hacer una especie de ritual. Y ahí ocurren cosas.
Así un poco a grosso modo, no quiero desvelar más de la cuenta. El caso es que FFXVI tiene tantos puntos fuertes como débiles, y es de justicia señalarlos para hacernos una idea de lo que estamos hablando. Si tuviera que definirlo de algún modo, utilizaría la palabra contrastes. Es un juego que cuando brilla, es de lo más top que uno puede echarse a la cara en los últimos años. Los combates con los dominantes, en esencia, los jefes finales, son una barbaridad de intensidad, espectacularidad y delicia jugable. Combates que pueden durar su buena media horita, con diferentes fases, y que pasan desde el duelo a espadas hasta el combate entre semidioses, y salvo una excepción muy concreta, no se me hicieron largos. Recuerdo que estas sesiones las finalizaba con una sensación muy vívida del producto tan fantástico que estaba disfrutando. A esto ayuda el combate, pilar fundamental sobre el que se sustenta toda la experiencia (los otros dos son el worldbuilding y los personajes), el cual es tan divertido como dinámico, que abraza la naturaleza del hack 'n slash sin rubor y dejando que sea parte de su naturaleza sin avergonzarse de ello. Mucha gente se ha quejado de esto, pero a mí es una polémica que no podría sudarme más los cojones. Los personajes, en su mayoría, brillan de igual modo. La palma se la lleva el protagonista, Clive Rosfield, un personaje terriblemente humano, que arrastra unos tormentos del copón, que condicionan su forma de ser, sus objetivos y sus miedos de forma fantástica. Una maravilla de personaje. Le secunda Cid, una especie de mentor y un roba escenas, y el motivo amoroso, Jill, que personalmente me ha enamorado, un personaje bien jodido que, a pesar de todo, sigue adelante por lo que es justo. En la rama de secundarios malvados la cosa no decae. Benedikta creo que se lleva la palma (aunque, aviso para navegantes, dura poco, y es una pena), Kupka también tiene su aquel, y Dion (aunque este no es malvado ni mucho menos), quien creo que termina brillando más que los demás ya que tiene el arco más interesante (y un momento dramático espectacular en el último tercio del juego).
Se ha hablado mucho también de la influencia de "Juego de Tronos" sobre la trama, algo además confesado por los autores. Ha habido voces muy críticas, señalando que en ocasiones es más copia que homenaje. Estoy en parte de acuerdo. Hay elementos que cantan (Clive es una especie de Jon Nieve, Jill una especie de Theon, tenemos un particular Hodor) pero tampoco hemos de llevarnos a la cabeza, como si ahora todas las tramas políticas con traiciones y giros de guión pertenezcan a R. R. Martin. No me parece justo. Aunque FFXVI beba mucho de la serie de televisión, creo que a no mucho tardar, adquiere su propia personalidad, y las referencias las vemos como anécdotas curiosas que nos sacan una sonrisa más que otra cosa. Sí es cierto, no obstante, que el juego, en su recta final, se vuelve bastante acomodaticio y montonero en cuanto a trama. Todas las vicisitudes políticas se dejan de lado (porque quedan resueltas, realmente) y se da paso a una trama de "salvar el mundo" mil veces vista, con un malo final regulero y sin interés. El tema es que el combate sigue siendo igual de emocionante, por lo que en lo personal no es algo que me haya afectado demasiado. En contra partida, el final del juego me encanta, epílogo post créditos incluido.
Harina de otro costal son las misiones secundarias. De forma general, en la primera mitad del juego son jodidamente soporíferas, pordioseras y mierdosas. Y es una pena, porque dan una cantidad ingente de información sobre el mundo de Valisthea. El caso es que en las sesiones en las que me dedicaba a hacer contenido secundario apagaba la consola con una sensación de "menuda mediocridad de juego". Ahora juntemos el anterior "este juego es la pollísima" y unimos las piezas en cuanto a los contrastes tan tochos que el juego despliega, una montaña rusa de sensaciones de la cual nunca nos vamos a bajar, porque si en la segunda mitad del juego las misiones secundarias mejoran ostensiblemente, la trama principal comienza a adolecer (como ya digo, sobre todo en su recta final). El caso es que además de estas misiones, el título nos lanza una suerte de cacerías para que recorramos el mundo en busca de estos enemigos por encima de la media, y que también dan lugar a combates la mar de satisfactorios. Por cierto, no busquéis exploración, no la hay, y el diseño de niveles es, en el mejor de los casos, reguleros. Hay algunas mazmorras, pertenecientes a la historia principal, que no están mal, pero en general el juego ni siquiera parece prestar atención a esto. Lo suple con un estupendo diseño artístico, eso sí, pero no esperéis la excelencia en este sentido. Ni está ni se la espera.
Sin embargo, y con todo esto sobre la mesa y tras 60 horas de juego repartidas en 3 meses, la sensación que me queda es positiva. Más que positiva, fantástica. Es curioso cómo esas sesiones más tediosas se me diluyen en la memoria y lo que quedan son las emociones por el combate, las luchas con los jefes finales, ese final, el protagonista, un dechado de carisma y humanidad, y en general los aspectos positivos del juego en detrimento de los negativos (añadamos una banda sonora cojonuda). Un producto este FFXVI que, aunque esté lejos de la excelencia, de cuadrar todos sus puntos, consigue elevarse como un título estupendo con el contraste como casi su seña de identidad, en ocasiones brillante, en ocasiones mediocre, pero siempre consigue que uno vuelva a agarrar el mando para continuar la historia de Clive y su odisea por Valisthea.
¡Estúpido hombre sabio!

