The Wire son palabras mayores: no solo representa a la auténtica Edad de Oro de la televisión y la hegemonía de HBO como productora exclusiva de obras maestras, es que a partir del fin de esta serie se convirtió en el producto de consumo mainstream más accesible y más vulgar en el que nos encontramos ahora mismo.
Que no os vendan la moto, no fueron ni
Hill Street Blues ni mucho menos
Twin Peaks las que revolucionaron el medio si no la Santísima Trinidad formada por
Los Soprano, The Wire y
A dos metros bajo tierra.
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SERGIOPUCELA Si ha sido tu primera vez, te envidio, los que ya nos la sabemos de memoria siempre recordaremos la primera vez que nos encontramos con momentos y personajes que forman parte del patrimonio cultural de la humanidad: ese Robin Hood tan machito en su entorno hostil pero que pierde la cabeza y el corazón por la gente de su mismo sexo, la triste conclusión en torno a la infalibilidad del policía perfecto y su vida personal desastrosa, ese chulo con clase alumno avanzado de día y narco implacable de noche, la inseparable relación entre el crimen organizado y la pobreza, el policía inepto que descubre su vocación como profesor para ayudar a los desfavorecidos...
Hay tantos y tantos detalles que sólo pueden estar escritos por cerebros tan privilegiados que no te sorprende nada cuando acompañando a ese genio de las letras como es David Simon están algunos de los mejores guionistas y escritores del género negro norteamericano de la novela y del cine: George Pelecanos, Richard Price, Dennis Lehane, David Mills...
Nada volvió a ser igual y con estas tres vinieron otras tantas obras maestras como
Roma, Hermanos de Sangre, Treme, Deadwood, Carnivale, Boardwalk Empire...hasta que
Juego de Tronos lo convirtió todo en un parque de atracciones.