19-05-2022, 04:10 PM
Afrontamos la recta final de la primera serie de los Episodios Nacionales de Galdós, atisbando al mismo tiempo el fin de la Guerra de la Independencia. Si recordamos, la última "Cádiz" se ubicaba en la misma ciudad andaluza durante las Cortes de 1812, con nuestro querido Gabriel de Araceli viviendo casi una comedia de enredos y con su queridísima Inés, su madre Amaranta y la familia Rumblar siendo el foco de las pesquisas. Ahora, Galdós cambia el foco de forma absoluta y nos traslada a la España, ya no rural, si no profunda repleta de valles, ríos, bosques y llanuras, y poblada, en aquella época, por la guerrilla que luchaba de forma enconada contra el invasor francés.
De este modo, Gabriel pasa a formar parte de este ejército irregular que se dedica a asestar pequeños golpes en el ejército francés, como una mosca cojonera que se dedica a tocar la moral del invasor de forma constante en su andadura por los caminos y montes de esta España nuestra. No tardará en aparecer el personaje que da nombre a la novela, el honrado, voluntarioso, orgulloso y algo garrulillo Juan Martín apodado el Empecinado.
Sin embargo, si bien sus apariciones son estupendas, y no poco divertidas (Galdós le confiere un deje en el hablar que sale a relucir de cuando en cuando, protagonizando un momento hilarante cuando dicta una carta, y el Empecinado se las ve y desea con la odiosa y maldita ortografía), en la guerrilla salen a relucir una galería de personajes variopintos y con una personalidad arrolladora (destacar un niño de teta al que apodan El Empecinadillo, divertidísimo), llevándose la palma mosén Antón, un cura metido a guerrillero, gran soldado y glorioso estratega, que se verá tocado en su orgullo y, en su fuero interno, ninguneado y desprestigiadas sus dotes de mando y estratégicas.
Forma Galdós así un lienzo de la guerrilla española durante la guerra entretenido a rabiar, con un ritmo casi constante y en el que Gabriel pasará por una y mil situaciones, tanto bélicas, como de negociación e incluso de travesía por la orografía de la zona. A este respecto, se lleva la palma una escaramuza en plena noche, en mitad de una nevada y sobre la loma de un monte en el que el Empecinado sufrirá un duro golpe, y nuestro Gabriel se verá prisionero del francés. Sin embargo, aquí Galdós cae en el uso de un recurso un tanto cuestionable para hacer avanzar la trama, un deus ex machina, que si bien no mata, puede molestar un tanto. Sin embargo, en este sentido el canario es lo suficientemente inteligente para que este deus ex machina se vea opacado por un sentido de urgencia fantásticamente traído, que hace que la lectura no se detenga en ningún momento y lo dejemos pasar como un peaje necesario para la trama.
La novela, si bien es igual de divertida que todas las anteriores (no deja de asombrarme el manejo del sentido del humor), tiene un final que deja al lector con un nudo en el estómago en cuanto al destino de uno de los personajes. Un destino trágico llevado en volandas por las pulsiones humanas, y las emociones, en toda su tragedia, que conllevan a los seres humanos a afrontar su final de diferentes formas, ya sea con orgullo, vergüenza o resignación.
Fantástica novela, otra más a sumar en el lienzo que conforma esta serie de Episodios sobre la Guerra de la Independencia, que, al final del día, es más una saga sobre el pueblo español, las intrigas palaciegas, el sufrimiento durante la guerra y la historia de dos jóvenes que buscan poder estar juntos a pesar de las costumbres, las posiciones sociales y los brutales zarandeos a los que les somete la Historia. Una saga de novelas, diría, imprescindible. Dentro de no mucho, "La batalla de los Arapiles", el último capítulo donde vislumbraremos el destino de nuestros queridos Gabriel e Inés.

