O Kevin Bacon molando porque es el puto Kevin Bacon.
Estoy muy empastillado, así que esta no va a ser una crítica de la hostia. Me cuesta pensar. Me cuesta concentrarme. Me cuesta ver algo sin dormirme y de leer ya ni hablamos, porque directamente es inviable. Pero me he visto esta serie de un tirón, así que algo tiene. En esencia, es un mix de cosas.
Imagina que el Valentine McKee de Temblores se hubiera terminado dedicando a cazar recompensas en el área más paleta de Estados Unidos. Imagina también que se lo cargan al tercer minuto del primer episodio, el puto Satanás lo resucita después de recibirlo en el infierno y lo pone a cazar demonios que se están escapando de allá abajo y liándola parda en la zona, porque preparan... algo. Pillas un poco de eso, otro poco de Ash vs. Evil Dead, algo más que una pizca de la serie Sobrenatural, lo sirves en ocho episodios de media hora y ya está, ya tienes la receta de esta mierda.
No es que sea la gran cosa, pero sabe ser entretenida en todo momento, con sus luces y sus sombras. En el lado de la luz, la interpretación del prota, el ritmo, los efectos prácticos, el gore y la violencia macarra. En el de las sombras, la trama familiar del prota, las canciones country (dependiendo de lo mal que lleves esta música) y un CGI demoñaco que remite más a los noventa o los primeros dos mil que a otra cosa.
¿Por qué ha terminado Hub, el personaje de Bacon, en el infierno? ¿Qué hizo para merecerlo? ¿Por qué de repente una serie de demonios está asolando una zona muy concreta de los USA? ¿Cómo funcionan las reglas de este nuevo trabajo y qué va a pasar cuando acabe el "encargo"? Todas estas cositas van a ir aliñando la trama general, amén de lo ya comentado de la trama de la familia del prota, un tío divorciado y acabadísimo que vive con su madre mientras lleva el negocio familiar desde una gasolinera taller cerrada hace muchos años.
Te tienes que creer que el puto Kevin Bacon, que arrastra ya sesenta y seis castañas, tiene un hijo de quince años y una madre (Mamá Osa) de setenta y pico. Vale que en calzoncillos sigue estando mucho más follable que yo con veinte años menos, pero, claramente, el personaje está escrito para un padre cuarentón... y no un sesentón que ha hecho el mismo pacto con el averno que Tom Cruise. Es un midcast de la hostia. Te lo comes porque... Efectivamente. El puto Kevin Bacon.
Además, tienes que tener claro que esta producción de Blumhouse para la tele no tiene más aspiraciones que resultar simpática y que te comas el pastel de un tirón sin rechistar. Conmigo lo han conseguido. Digo más: si la renuevan para una segunda temporada (el final lo dejan más que abierto para ello) estaré encantado de tragármela. ¿Ha sido cosa de las drogas? No sé. Puede. Me da igual.
Un pasarratos muy decente si echas de menos el cine de terror chusco de serie B de los ochenta, o productos como los ya mentados. No llega a la calidad de ninguno de todos ellos, pero te puede salvar el día. A mí me lo ha salvado.
Y ahora vuelvo a la cama.
Estoy muy empastillado, así que esta no va a ser una crítica de la hostia. Me cuesta pensar. Me cuesta concentrarme. Me cuesta ver algo sin dormirme y de leer ya ni hablamos, porque directamente es inviable. Pero me he visto esta serie de un tirón, así que algo tiene. En esencia, es un mix de cosas.
Imagina que el Valentine McKee de Temblores se hubiera terminado dedicando a cazar recompensas en el área más paleta de Estados Unidos. Imagina también que se lo cargan al tercer minuto del primer episodio, el puto Satanás lo resucita después de recibirlo en el infierno y lo pone a cazar demonios que se están escapando de allá abajo y liándola parda en la zona, porque preparan... algo. Pillas un poco de eso, otro poco de Ash vs. Evil Dead, algo más que una pizca de la serie Sobrenatural, lo sirves en ocho episodios de media hora y ya está, ya tienes la receta de esta mierda.
No es que sea la gran cosa, pero sabe ser entretenida en todo momento, con sus luces y sus sombras. En el lado de la luz, la interpretación del prota, el ritmo, los efectos prácticos, el gore y la violencia macarra. En el de las sombras, la trama familiar del prota, las canciones country (dependiendo de lo mal que lleves esta música) y un CGI demoñaco que remite más a los noventa o los primeros dos mil que a otra cosa.
¿Por qué ha terminado Hub, el personaje de Bacon, en el infierno? ¿Qué hizo para merecerlo? ¿Por qué de repente una serie de demonios está asolando una zona muy concreta de los USA? ¿Cómo funcionan las reglas de este nuevo trabajo y qué va a pasar cuando acabe el "encargo"? Todas estas cositas van a ir aliñando la trama general, amén de lo ya comentado de la trama de la familia del prota, un tío divorciado y acabadísimo que vive con su madre mientras lleva el negocio familiar desde una gasolinera taller cerrada hace muchos años.
Te tienes que creer que el puto Kevin Bacon, que arrastra ya sesenta y seis castañas, tiene un hijo de quince años y una madre (Mamá Osa) de setenta y pico. Vale que en calzoncillos sigue estando mucho más follable que yo con veinte años menos, pero, claramente, el personaje está escrito para un padre cuarentón... y no un sesentón que ha hecho el mismo pacto con el averno que Tom Cruise. Es un midcast de la hostia. Te lo comes porque... Efectivamente. El puto Kevin Bacon.
Además, tienes que tener claro que esta producción de Blumhouse para la tele no tiene más aspiraciones que resultar simpática y que te comas el pastel de un tirón sin rechistar. Conmigo lo han conseguido. Digo más: si la renuevan para una segunda temporada (el final lo dejan más que abierto para ello) estaré encantado de tragármela. ¿Ha sido cosa de las drogas? No sé. Puede. Me da igual.
Un pasarratos muy decente si echas de menos el cine de terror chusco de serie B de los ochenta, o productos como los ya mentados. No llega a la calidad de ninguno de todos ellos, pero te puede salvar el día. A mí me lo ha salvado.
Y ahora vuelvo a la cama.
Soy una puta, pero una puta muy cara.

