Me la he calzado esta tarde. Y, de haberla visto dentro de las fechas apropiadas, habría entrado de pleno en mi Top de Favoritas del Año. Parece la típica peli de folk horror coreana con sustos y cosas pintorescas / sádicas / enfermizas para un occidental, pero nope. Tiene más, mucho más detrás. Y la recomiendo MUY EFUSIVAMENTE desde puto ya.
Para disfrutarla del todo viene bien conocer un poco de la historia entre Japón y Corea. Pero, como a lo mejor no te apetece profundizar en el tema, te voy a dar cuatro pinceladas necesarias.
1. Japón ha invado Corea varias veces. La primera, en 1592. La última, en 1910, cuando pasó a ser colonia japonesa hasta 1945, año en el que el emperador se rinde a los americanos. Entre ambos países hay, digamos, cierto resentimiento ancestral.
2. Pese a esa inquina, la cultura y la religión coreanas están permeadas de influencias japonesas, chinas y hasta filipinas. A ojos de un occidental, eso se refleja en los ropajes estrafalarios, las espadas curvas y una forma de ser "rara". Para un oriental, eso implica creer en miles de dioses grandes y pequeños, la presencia cotidiana de "espíritus" (que lo mismo pueden ser fantasmas, "demonios", seres sobrenaturales u otra cosa), la reencarnación, el Feng-shui e incluso el chamanismo. Y, detalle importante para la trama este, todas estas culturas tienen un respeto reverencial hacia los muertos; tanto por el cuerpo físico como por los ritos espirituales que deben acompañar su tránsito a la otra vida. Profana un cadáver en un país asiático y estás jodido. Cárcel te llevas mínimo y, dependiendo de dónde estés, también pena de muerte. Por si un día se te ocurre marcarte un Daniel Sancho allí, lo digo. No des por el culo con los cuerpos de los muertos. Déjalos como estén hasta que llegue la Policía o alguien cualificado para tratarlos. Consejo de amigo.
3. El mar del Japón comunica China, Corea, Japón y Rusia. Además de una ruta de intercambio cultural por la vía de las hostias, el comercio y el fornicio de toda la vida, es un punto estratégico en la guerra geopolítica que los Estados Unidos han venido manteniendo con "El Comunismo" desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Por eso, en 1950 los yanquis declaran la guerra a Corea. Por eso, este país acaba dividido en dos, Corea del Norte (la del Co-Chinin que de vez en cuando amenaza al mundo con armas nucleares) y Corea del Sur (la que nos da pelis chulas y directores de fotografía superlativos para que Disney + los fiche en sus series de Star Wars).
4. En la actual Corea del Sur, hipercapitalista y con una cultura de la élite social heredada de la Dinastía Joseón, hay un 1 % de megamillonarios que están muy por encima de todos los demás. La competición en la península es feroz. Para los que están debajo de ellos, por subir de posición y tener mejores casas, trabajos, posesiones (la peli Parásitos ilustra muy bien todo esto, por cierto). Para ese 1 % restante, por obtener los mejores terrenos, que son un bien cada vez más escaso. Especialmente importante resulta para los enterramientos. Porque, según el Feng-shui, las tumbas no se pueden cavar en cualquier sitio. Deben estar en lugares propicios, en los que el flujo del aliento vital (o "chi") se ve modificado por la forma y disposición del espacio, la orientación de los puntos cardinales y las energías de los cinco elementos: fuego, agua, madera, metal y tierra. Sitios así hay cada vez menos. Se los queda el que más paga por ellos. Hay todo un negocio alrededor de esto.
Dicho todo lo cual, explico un poco de qué va la peli en sí.
Kin Sang-deok, personaje encarnado por Choo Min-sik, al que probablemente conocerás de protagonizar Oldboy o por encarnar al psicópata cabronazo de Encontré al diablo, es un geomante del Feng-shui. Ha sido contactado por un par de chamanes que reciben, desde un hospital de Los Ángeles, California, USA, la llamada de una de estas familias a las que acabo de aludir. El bebé recién nacido del actual patriarca tiene una extraña enfermedad desconocida. Se sospecha que está relacionada con la tumba del bisabuelo, de modo que hay que reubicarla.
Superstición, elitismo y poco terreno disponible.
Con esos ingredientes empieza a cocinarse este jugoso plato, que arranca como un interesante thriller (¿Quiere esta gente estafar a la familia, o de verdad creen en lo que hacen?), para, pasada la primera media hora, ir virando hacia un terror más clásico tan sorprendente como satisfactorio. Dado que está pensada para viajar a festivales extranjeros (ha pasado por Sitges, sin ir más lejos), la película te va explicando todo este contexto cultural y religioso a medida que avanza, pero desde una óptica actual, integrada de un modo muy orgánico en la narración. Es precisamente esa forma de ir planteando las reglas del juego lo que te mantiene pegado a la pantalla. Produce una sensación comparable a la que sentía nuestro yo espectador noventero al ver los primeros episodios de Expediente X. Ese ir descubriendo un misterio a medida que te lo plantean. Esa duda constante de si lo que pasa es real o solo una patraña.
Se la ha acusado de densa, pero a mí se me ha pasado en un suspiro, y me parece que lo mejor de ella está precisamente en los pequeños detalles. Por ejemplo, los chamanes chocan por su apariencia. Para empezar, ambos tienen veinte, treinta y tantos años a lo sumo, en contraposición con el único monje budista que aparece; un viejales de tomo y lomo. Ella parece una niña pija que hace spinning en el gym y él un cantante de K-pop. Por su parte, el geomante y el funerario se tienen montado un chanchullo que implica también a directores de hospital para que presten una morgue en caso necesario, y este último carece de reparos a la hora de saquear las tumbas que exhuma, porque para qué coño quiere un muerto un reloj de oro, mirusté. Todos ellos sirven para, además de hacer avanzar la trama, ir dejando pinceladas críticas a la sociedad coreana aquí y allá. De nuevo, un poco al estilo de Parásitos, entre otras.
Si has leído los puntos 1 a 4 de este desbarre, ahora vas un poco más preparado para ir pillando los guiños. Si estás puesto en cómo están las cosas entre Corea, Japón, China y demás, los vas a disfrutar el triple. Y, si eres un friki de la milotogía japonesa y sabes lo que representa allí un zorro, o lo que son los onis y los yokais, pues ya el gozo puede ser completo. Por si fuera poco, está rodada como dios, tiene unos efectos especiales tradicionales y un diseño de producción cojonudos y, como digo, mantiene una tensión y un pica-pica de lo más gostosos.
Muy buen sabor de boca me ha dejado el trabajo de este Jang Jae-hyu que dirige el cotarro. Tiene cinco pelis más en su haber, pero no le conocía de nada, en parte porque los nombres coreanos me resultan mucho más difíciles de recordar que los chinos o los japoneses. No me preguntes por qué. Cosas de la mente humana, supongo.
Resumiendo, y por ir terminando ya el tostón.
Que la veas. Que ta mu bien.
Si viste en su día El extraño y te gustó, esta es tu peli.
Y no es de esas que te dejan con mal cuerpo, pensando que la vida es una puta mierda.
Mola mucho. Palabrita.
PD: IMPORTANTE. Si la ves, hazlo en versión original subtitulada, o, como mínimo, con los subtítulos puestos. Hay una escena, fundamental para el desenlace, en la que aquí hemos eliminado un diálogo en off que explica por qué algo que el geomante hace está funcionando como funciona.
Es muy curioso que en el coreano original decidan explicarlo con frases de refuerzo, puesto que tiene que ver con conceptos del Feng-shui que, se supone, ellos deben conocer en cierta medida por la cosa cultural, mientras que, en España, han decidido dejar toda esa parte muda, de tal modo que solo ves lo que pasa, sin que te expliquen por qué pasa. Es una decisión que va contra la comprensión de la película, y no doblar esas frases me parece un error garrafal, punible con unos mesecitos de trabajo social gratuito. Como mínimo.
Para disfrutarla del todo viene bien conocer un poco de la historia entre Japón y Corea. Pero, como a lo mejor no te apetece profundizar en el tema, te voy a dar cuatro pinceladas necesarias.
1. Japón ha invado Corea varias veces. La primera, en 1592. La última, en 1910, cuando pasó a ser colonia japonesa hasta 1945, año en el que el emperador se rinde a los americanos. Entre ambos países hay, digamos, cierto resentimiento ancestral.
2. Pese a esa inquina, la cultura y la religión coreanas están permeadas de influencias japonesas, chinas y hasta filipinas. A ojos de un occidental, eso se refleja en los ropajes estrafalarios, las espadas curvas y una forma de ser "rara". Para un oriental, eso implica creer en miles de dioses grandes y pequeños, la presencia cotidiana de "espíritus" (que lo mismo pueden ser fantasmas, "demonios", seres sobrenaturales u otra cosa), la reencarnación, el Feng-shui e incluso el chamanismo. Y, detalle importante para la trama este, todas estas culturas tienen un respeto reverencial hacia los muertos; tanto por el cuerpo físico como por los ritos espirituales que deben acompañar su tránsito a la otra vida. Profana un cadáver en un país asiático y estás jodido. Cárcel te llevas mínimo y, dependiendo de dónde estés, también pena de muerte. Por si un día se te ocurre marcarte un Daniel Sancho allí, lo digo. No des por el culo con los cuerpos de los muertos. Déjalos como estén hasta que llegue la Policía o alguien cualificado para tratarlos. Consejo de amigo.
3. El mar del Japón comunica China, Corea, Japón y Rusia. Además de una ruta de intercambio cultural por la vía de las hostias, el comercio y el fornicio de toda la vida, es un punto estratégico en la guerra geopolítica que los Estados Unidos han venido manteniendo con "El Comunismo" desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Por eso, en 1950 los yanquis declaran la guerra a Corea. Por eso, este país acaba dividido en dos, Corea del Norte (la del Co-Chinin que de vez en cuando amenaza al mundo con armas nucleares) y Corea del Sur (la que nos da pelis chulas y directores de fotografía superlativos para que Disney + los fiche en sus series de Star Wars).
4. En la actual Corea del Sur, hipercapitalista y con una cultura de la élite social heredada de la Dinastía Joseón, hay un 1 % de megamillonarios que están muy por encima de todos los demás. La competición en la península es feroz. Para los que están debajo de ellos, por subir de posición y tener mejores casas, trabajos, posesiones (la peli Parásitos ilustra muy bien todo esto, por cierto). Para ese 1 % restante, por obtener los mejores terrenos, que son un bien cada vez más escaso. Especialmente importante resulta para los enterramientos. Porque, según el Feng-shui, las tumbas no se pueden cavar en cualquier sitio. Deben estar en lugares propicios, en los que el flujo del aliento vital (o "chi") se ve modificado por la forma y disposición del espacio, la orientación de los puntos cardinales y las energías de los cinco elementos: fuego, agua, madera, metal y tierra. Sitios así hay cada vez menos. Se los queda el que más paga por ellos. Hay todo un negocio alrededor de esto.
Dicho todo lo cual, explico un poco de qué va la peli en sí.
Kin Sang-deok, personaje encarnado por Choo Min-sik, al que probablemente conocerás de protagonizar Oldboy o por encarnar al psicópata cabronazo de Encontré al diablo, es un geomante del Feng-shui. Ha sido contactado por un par de chamanes que reciben, desde un hospital de Los Ángeles, California, USA, la llamada de una de estas familias a las que acabo de aludir. El bebé recién nacido del actual patriarca tiene una extraña enfermedad desconocida. Se sospecha que está relacionada con la tumba del bisabuelo, de modo que hay que reubicarla.
Superstición, elitismo y poco terreno disponible.
Con esos ingredientes empieza a cocinarse este jugoso plato, que arranca como un interesante thriller (¿Quiere esta gente estafar a la familia, o de verdad creen en lo que hacen?), para, pasada la primera media hora, ir virando hacia un terror más clásico tan sorprendente como satisfactorio. Dado que está pensada para viajar a festivales extranjeros (ha pasado por Sitges, sin ir más lejos), la película te va explicando todo este contexto cultural y religioso a medida que avanza, pero desde una óptica actual, integrada de un modo muy orgánico en la narración. Es precisamente esa forma de ir planteando las reglas del juego lo que te mantiene pegado a la pantalla. Produce una sensación comparable a la que sentía nuestro yo espectador noventero al ver los primeros episodios de Expediente X. Ese ir descubriendo un misterio a medida que te lo plantean. Esa duda constante de si lo que pasa es real o solo una patraña.
Se la ha acusado de densa, pero a mí se me ha pasado en un suspiro, y me parece que lo mejor de ella está precisamente en los pequeños detalles. Por ejemplo, los chamanes chocan por su apariencia. Para empezar, ambos tienen veinte, treinta y tantos años a lo sumo, en contraposición con el único monje budista que aparece; un viejales de tomo y lomo. Ella parece una niña pija que hace spinning en el gym y él un cantante de K-pop. Por su parte, el geomante y el funerario se tienen montado un chanchullo que implica también a directores de hospital para que presten una morgue en caso necesario, y este último carece de reparos a la hora de saquear las tumbas que exhuma, porque para qué coño quiere un muerto un reloj de oro, mirusté. Todos ellos sirven para, además de hacer avanzar la trama, ir dejando pinceladas críticas a la sociedad coreana aquí y allá. De nuevo, un poco al estilo de Parásitos, entre otras.
Si has leído los puntos 1 a 4 de este desbarre, ahora vas un poco más preparado para ir pillando los guiños. Si estás puesto en cómo están las cosas entre Corea, Japón, China y demás, los vas a disfrutar el triple. Y, si eres un friki de la milotogía japonesa y sabes lo que representa allí un zorro, o lo que son los onis y los yokais, pues ya el gozo puede ser completo. Por si fuera poco, está rodada como dios, tiene unos efectos especiales tradicionales y un diseño de producción cojonudos y, como digo, mantiene una tensión y un pica-pica de lo más gostosos.
Muy buen sabor de boca me ha dejado el trabajo de este Jang Jae-hyu que dirige el cotarro. Tiene cinco pelis más en su haber, pero no le conocía de nada, en parte porque los nombres coreanos me resultan mucho más difíciles de recordar que los chinos o los japoneses. No me preguntes por qué. Cosas de la mente humana, supongo.
Resumiendo, y por ir terminando ya el tostón.
Que la veas. Que ta mu bien.
Si viste en su día El extraño y te gustó, esta es tu peli.
Y no es de esas que te dejan con mal cuerpo, pensando que la vida es una puta mierda.
Mola mucho. Palabrita.
PD: IMPORTANTE. Si la ves, hazlo en versión original subtitulada, o, como mínimo, con los subtítulos puestos. Hay una escena, fundamental para el desenlace, en la que aquí hemos eliminado un diálogo en off que explica por qué algo que el geomante hace está funcionando como funciona.
Es muy curioso que en el coreano original decidan explicarlo con frases de refuerzo, puesto que tiene que ver con conceptos del Feng-shui que, se supone, ellos deben conocer en cierta medida por la cosa cultural, mientras que, en España, han decidido dejar toda esa parte muda, de tal modo que solo ves lo que pasa, sin que te expliquen por qué pasa. Es una decisión que va contra la comprensión de la película, y no doblar esas frases me parece un error garrafal, punible con unos mesecitos de trabajo social gratuito. Como mínimo.
Soy una puta, pero una puta muy cara.


