Ayer, 09:40 AM
Hace un par de semanas caminaba yo por una de las muchas cuestas de Santander, de camino a dejar a mi canija de seis años en baile. En una de esas cuestas se ubica el cine Los ángeles, uno de los cines más míticos y longevos de la ciudad. La cola para entrar llegaba hasta casi el paso de peatones, abajo del todo de la consabida cuesta. "Hostia, qué pasa aquí" me dije. Entonces llegué a la altura de la entrada y vi el cartel de la película. Hay ocasiones en las que al saber algo de una película torcemos la cabeza en signo de interés, o de sorpresa. Puede ser una imagen, una canción, o en este caso, la magnitud de un evento que se transforma en colas en los cines como hacía años no veía, como hacía décadas, incluso. El segundo momento en el que torcí la cabeza fue al día siguiente, cuando me puse el tráiler. La música, la fotografía, y el detalle, tontorrón. de que saliera la paya de La Arnía, una de las playas de mi juventud. El tercero fue escuchar la crítica de mi querido Alejandro G. Calvo, que saliendo de verla en Cannes hace ya cuatro o cinco meses vaticinaba que "La bola negra" iba a ser un evento. Así que anoche dejé de posponer el momento y fui a verla.
Y, joder. La cinta atrapa desde el primer minuto y no te suelta en sus extensas dos horas y media. La película narra las aventuras y desventuras, tragedias y encuentros, de tres hombres en tres momentos diferentes. El primero, Carlos, en 1932, quiere formar parte de la élite social acomodada como miembro de un casino de Granada, todo ello a instancias de su padre. El segundo, Sebastián, en 1937, un pueblerino que le gusta el teatro y tocar la trompeta, sufre en sus propias carnes la crueldad y estupidez de la guerra. El tercero, Alberto, se ve de pronto beneficiario de una extraña herencia en 2017. Todos ellos tienen algún tipo de relación que los interconecta (girito en este sentido, que me pareció maravilloso en cuanto a la historia de 1932 con las demás), y también, su condición de homosexuales.
Para ello, los "Javis", se valen de todo el arsenal cinematográfico del que disponen y disponible en este medio tan maravilloso. Montaje paralelo, plano secuencia, música, uso del color, fotografía, interpretaciones, todo ello orquestado en una dirección que quita el hipo, cargada de lirismo, tan emocional como emocionante, para conformar un relato que se traduce en un canto al amor, a la belleza, a la poesía, pero también a la tragedia, a las vidas pasadas que tienen sus ecos en el presente, herencias tardías, la represión de la propia naturaleza, pero también, a la libertad, una libertad para abrazarla y vivirla. Es una cinta cuya carga temática es tan tocha que no doy a basto para poder traducirla en palabras. En ciertos momentos la película se zambulle en esa tragedia, para después enlazarlo con la búsqueda de unos personajes ansiosos por encontrarse a sí mismos, a pesar de las circunstancias y del mundo y época que les ha tocado vivir. Es una puta barbaridad.
Mención especial a las interpretaciones de todo el elenco, que rebosan naturalidad y costumbrismo (atención a la aparición de Penélope Cruz, que se come cada plano en el que aparece, o Lola Dueñas, que la saca del puto estadio en sus tres escenas), acomodadas en unos diálogos que se sienten tan vivos que llegan a doler. La estructura de la cinta también es otra señora clavada, ya que si bien una de las historias (la de 1932) se puede sentir a inicio un tanto apartada de las otras dos, llega un punto en el que se enlaza de una forma maravillosa. El final hace confluir todo de tal modo que uno siente el corazón encogido cuando corren los créditos. Ayuda, cómo no, la banda sonora, cuya instrumentalización es fantástica, pero la inclusión de canciones también hacen lo suyo (taconeos gitanos incluidos), y conformar un todo que emocionalmente agarra de las pelotas y no te suelta.
"La bola negra" es amor, es belleza, es lirismo, es emoción, es tragedia, y por encima de todo, es cine. Cine con mayúsculas.
PD: que buena parte de la cinta se ubique en el frente norte de la guerra, y salgan a la palestra nombres como Reinosa, Torrelavega o Bárcena, para los que somos de por aquí, es un plus que nos saca la sonrisa. Cantabria suele ser ese lugar fantasma ubicado entre Asturias y Euskadi XDDD.
¡Estúpido hombre sabio!


