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Retrocritica: Galactica Estrella de Combate (Battlestar Galactica)
#1
Aprovechando que hace muy poco la he terminado por segunda vez, me apetecía dedicar una de mis "extensas" reseñas a todo un clásico de la ciencia ficción: Battlestar Galactica, esa reimaginación de aquella serie de 1978. Para quien esté algo perdido, empezaré hablando brevemente de lo que fue la serie original.

En su momento, la Battlestar Galactica de 1978 fue creada a raíz del fenómeno en el que terminó convirtiéndose Star Wars. De hecho, el propio George Lucas, junto con 20th Century Fox, llegó a demandar a Universal, ya que consideraba que existían demasiadas similitudes con Star Wars. Este litigio se prolongó durante años entre desestimaciones y apelaciones, hasta que finalmente se resolvió de forma privada.

Si bien se trataba de una space opera de corte clásico, con héroes y villanos claramente definidos, contaba con suficientes diferencias como para no considerarse un plagio descarado de la obra de George Lucas. Battlestar Galactica tuvo un episodio piloto extremadamente ambicioso y costoso para los estándares televisivos de la época. Tanto fue así que terminó montándose como un largometraje y se estrenó en cines antes de su emisión oficial en televisión.

Aunque esta estrategia resultó bastante efectiva para promocionar la serie y otorgarle cierta popularidad, los costes de producción por episodio eran extraordinariamente elevados para la época. Para justificar semejante inversión, eran necesarios unos índices de audiencia muy altos. La audiencia fue buena, pero insuficiente para compensar el enorme coste de la producción.

Al final, la serie solo contó con una temporada de 24 episodios, quedando inconclusa. En 1980 se intentó continuar la historia, pero la secuela no terminó de convencer al público. Aun así, podría considerarse el cierre de la serie original.

Con el paso de los años, la serie alcanzó el estatus de obra de culto. Quién iba a imaginar que, veinticinco años después, la premisa de aquella producción serviría de base para una de las series más ambiciosas e innovadoras de la televisión moderna.

Lo que comenzó como una miniserie en 2003 y continuó como serie regular en 2004 no se conformó con ser una simple actualización con efectos visuales más modernos. Fue una reimaginación completa. Se pasó de una aventura espacial relativamente optimista a una exploración mucho más sombría de la supervivencia, el terrorismo, la religión, la identidad y el poder político.

En honor a la verdad, Battlestar Galactica no fue la primera serie de ciencia ficción televisiva en recibir un tratamiento más serio y adulto. Antes tuvimos Babylon 5. Sin embargo, esta era una serie considerablemente más humanista y optimista, pese a sus zonas grises. En Babylon 5 nunca dejábamos de tener claro qué bando representaba, en términos generales, la postura correcta, aunque no siempre fuera el vencedor. Battlestar Galactica, por el contrario, buscaba que todo resultara mucho más ambiguo y moralmente gris.

A pesar de los méritos de Babylon 5, la ciencia ficción televisiva todavía arrastraba cierto estigma de entretenimiento de nicho, lo que explica que fuera una producción bastante más modesta en comparación. Battlestar Galactica demostró al gran público, que una serie de ciencia ficción podía ser tan compleja y dramática como los mejores dramas políticos y militares de su tiempo.

La influencia de esta serie se dejaría notar en aspectos como una mayor continuidad narrativa, una marcada ambigüedad moral y personajes complejos y contradictorios. También contribuyó a popularizar un tratamiento más adulto de la política, aunque, como ya he mencionado, Babylon 5 también había aportado mucho en ese terreno.

Cabe señalar que durante la primera temporada hubo ciertos coqueteos con los típicos momentos de alivio cómico tan habituales en la televisión de aquella época. Sin embargo, eran breves y no tardaron en desaparecer. A partir de la segunda temporada, esos momentos fueron prácticamente erradicados. Algunos podrían argumentar que Gaius Baltar, debido a lo patético que llega a mostrarse en ocasiones, cumple parcialmente esa función, pero no creo que esa fuera la verdadera intención detrás del personaje.

El hecho de que la serie se emitiera poco después del 11-S probablemente influyó en muchos de los temas que aborda, relacionados con el terrorismo, la ocupación militar, la seguridad y las libertades civiles. Son cuestiones que, por desgracia, continúan siendo plenamente relevantes en la actualidad.

Aunque, curiosamente, uno de los temas que más nos afectan en la actualidad, la inteligencia artificial, ya constituía el núcleo central y emocional de toda la serie. ¿Qué significa ser humano? Ese era el eje filosófico sobre el que se construía toda la obra.

Puede que al principio pareciera existir una clara división entre humanos y Cylons —máquinas creadas por los propios humanos—, la típica historia de las máquinas rebelándose contra sus creadores que ya habíamos visto anteriormente en clásicos como Terminator.

Sin embargo, a medida que avanzan los episodios, descubrimos que esa línea divisoria no era más que un espejismo. Los Cylons llegan a mostrarse tan humanos como los propios seres humanos, mientras que los humanos "reales" son capaces de cometer auténticas barbaridades. Incluso los protagonistas de la serie toman decisiones moralmente cuestionables en mayor o menor medida.

Los Cylons terminan siendo seres tan imperfectos como sus creadores; son, en esencia, un reflejo de la propia humanidad. Esto nos conduce a una pregunta que hoy está más presente que nunca:

Si creamos una inteligencia capaz de pensar, sentir y desarrollar conciencia propia, ¿seguirá siendo una herramienta o se convertirá en una nueva forma de vida?

Battlestar Galactica nunca ofrece una respuesta definitiva a su pregunta fundamental: ¿qué es exactamente aquello que llamamos humanidad? Y ese es, precisamente, uno de sus mayores aciertos. No pretende dar respuestas cerradas, sino invitarnos a reflexionar sobre los temas que plantea.

Otro gran acierto de los guionistas fue limitar el número de Cylons idénticos en apariencia y biológicos por dentro. Existía un número reducido de modelos humanoides, algo que contribuyó enormemente a la atmósfera de misterio. A ello se sumaban detalles como la existencia de Cylons durmientes que desconocían su verdadera naturaleza y se percibían a sí mismos como seres humanos. Todo ello hacía que su presencia resultara constante e inquietante.

De hecho, este es uno de esos aspectos que hacen que la serie se disfrute todavía más en un segundo visionado, ya que es entonces cuando empiezas a analizar si determinados detalles encajan realmente antes de que se revele la identidad Cylon de ciertos personajes.

Al final descubres que los guionistas fueron más listos que el hambre. No es que supieran desde el principio quiénes iban a ser Cylons y quiénes no; es que, durante toda la serie, jugaban constantemente con elementos ambiguos para que nunca pudieras estar completamente seguro. De esta forma, cuando llegaban las grandes revelaciones, siempre existían detalles repartidos a lo largo de varias temporadas que parecían encajar perfectamente con ellas, aunque en realidad ni los propios guionistas hubieran tomado todavía una decisión definitiva.

Además de todo esto, la serie aprovechaba muchos de sus episodios más procedimentales para explorar cuestiones relacionadas con la política, la religión o la organización social. 

Las tensiones entre Roslin y Adama daban pie a reflexiones que siguen siendo plenamente actuales:

Debe prevalecer la autoridad civil o la militar?

Hasta dónde puede llegar un gobierno en tiempos de crisis?

En qué medida es legítimo suspender ciertos derechos en nombre de la supervivencia colectiva?

En el ámbito religioso, la serie evita constantemente el simplismo. Los humanos son politeístas y los Cylons monoteístas, pero ninguna de las dos tradiciones posee la verdad absoluta. La fe puede generar esperanza y consuelo, pero también fanatismo, manipulación y conflicto.

A nivel social, la propia flota protegida por la Galáctica se convierte en una especie de laboratorio humano. Vemos cómo las instituciones democráticas se encuentran al borde del colapso y cómo, en determinados momentos, incluso se cuestiona hasta qué punto el origen social o la procedencia de una persona condicionan su acceso a puestos de responsabilidad.

Obviamente, nada de esto tendría el mismo impacto si no existiera una profunda evolución emocional en sus personajes, capaz de hacer que el espectador conecte y empatice con ellos:

Adama es una figura militar que resulta, al mismo tiempo, mítica y paternal.

Roslin representa uno de los mejores ejemplos de arco político de las series de televisión en general: una líder accidental obligada a tomar decisiones extraordinariamente difíciles.

Baltar es cobarde, egoísta, brillante, oportunista y, aun así, uno de los personajes más humanos de toda la historia.

Kara Thrace es un misterio constante: autodestructiva y, al mismo tiempo, trascendente.

Saul Tigh encarna mejor que nadie los temas de la identidad y la redención.

Apollo comienza siendo el hijo que vive a la sombra de su padre, el almirante Adama, pero poco a poco aprende a tomar las riendas de su propio destino.

Si tuviera que detenerme en cada uno de los personajes relevantes de la serie, probablemente tendría que dedicarles una reseña aparte. Lo importante es que todos ellos terminan profundamente transformados al final de su viaje.

La mitología de Battlestar Galactica no deja de ser una extensión de esa gran pregunta inicial: ¿qué significa ser humano?

"Todo esto ha ocurrido antes y volverá a ocurrir."

El conflicto entre humanos y Cylons forma parte de un ciclo repetitivo de creación, destrucción y renacimiento. Una clara representación de la pescadilla que se muerde la cola: 

La idea de que los seres humanos estamos condenados a repetir los mismos errores una y otra vez, incapaces de conservar en nuestra limitada memoria colectiva el enorme sufrimiento que hemos provocado en el pasado. Tanto humanos como Cylons forman parte de ese ciclo aparentemente inevitable.

Recuerdo que, en su momento, alguien dedicó un artículo a esta serie en la desaparecida Las Horas Perdidas, cuando aún se estaba emitiendo. Me llamó especialmente la atención cómo señalaba que, a diferencia de otras series, en Battlestar Galactica no existía el recurso del deus ex machina.

Resulta curioso que, con el paso de los años, escritores de la talla de R. R. Martin hayan criticado precisamente que muchos de los conflictos, dilemas morales y problemas de la serie terminaran resolviéndose mediante un deus ex machina.

No le falta razón cuando afirma que el final es una deus ex machina. Sin embargo, también creo que conviene tener en cuenta el contexto. En este caso, dicha resolución me parece justificada, ya que la propia serie juega desde el principio con elementos divinos o metafísicos difíciles de explicar mediante una lógica estrictamente racional.

Al final, nunca se aclara si todo forma parte del plan de algún dios, de una inteligencia superior o de algo completamente distinto. Pero ese tampoco es el verdadero objetivo. Lo importante es que la serie llevaba años insinuando que existían fuerzas que escapaban a la comprensión de sus protagonistas. En cierto modo, el deus ex machina del desenlace era algo cuya llegada se nos había anunciado desde el comienzo.

Además, Battlestar Galactica nunca pretendió ser ciencia ficción dura. Era una space opera, sí, pero también una enorme parábola metafísica.

La grandeza de Battlestar Galactica no reside únicamente en sus batallas espaciales, sus giros argumentales o sus misterios.

Reside en que fue capaz de utilizar la ciencia ficción para hablar de nosotros mismos.
Veinte años después seguimos discutiendo sobre inteligencia artificial, polarización política, fanatismo religioso, crisis democráticas y la propia naturaleza de la conciencia.

Y eso convierte a Battlestar Galactica en algo más que una gran serie de ciencia ficción.
La convierte en una obra que, con todos sus defectos y controversias, tuvo la extraña capacidad de adelantarse a su tiempo.
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#2
Yo alucino cuando oigo a mucha gente decir que la infantil, tontorrona y ridicula "Battlestar Galactica" de 1978 es superior a la profunda y excepcionalmente escrita e interpretada de 2003. Luego hay quien se obstina en no creer lo de que la educación sentimental y el descubrir las cosas siendo muy joven no influye en el juicio de las personas.

   Lastima que aquí en España la ciencia ficción sea un género muy de nicho y sobre el que hay muchos prejuicios y eso haya evitado que esta serie y otras como "Babylon 5" hayan sido emitidas en televisión generalistas en horarios decentes (La segunda sí se emitió pero de una forma de lo más caótica en cuanot a horarios). De haberle dado una oportunidad la gente, se habrían llevado una grata sorpresa.
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#3
Mucho es que la llegasen a traer entera por aqui y con un doblaje en general notable, aunque me chirriaba cuando llamaban a los soldados "marinos" en vez de marines. Lo cierto es que me he planteado la posibilidad de comprarmela, pero si la quiero tener doblada al castellano, solo existe la version en DVD. En Blu Ray jamas vino por aqui. Aunque se de buena tinta que hay ediciones en Blu Ray que tienen subtitulos en castellano.
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#4
Mítica serie que siempre recordaré con cariño porque logré entallársela a mis pobres padres ahí sin piedad alguna XD

Y anda que no se va poniendo filosófica al final y aún así la aguantaron hasta el final como unos campeones.

Me acuerdo de mi padre que me decía:

"Hoy que tocan, los Cylon?" Y yo le respodía que sí, y el "Que vienen los Cylon oiga que vienen los Cylon" Y yo descojonado XD

Nostalgia, by Veidt.
GAÑÁN, TRAVIESO, BALA PERDIDA, INMADURO A MÁS NO PODER, TIPO ENTRAÑABLE.
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#5
Una serie que le encantó a mi yo de 2010 en una época en la que los enganchados a las series acudíamos corriendo a por los packs que poblaban las estanterías de los Mediamarkt o de la FNAC de turno. El streaming ni estaba ni se le esperaba por suerte.
Me da miedo revisarla a día de hoy y más con sus temporadas de más de 20 capítulos, eso a día de hoy es una salvajada, pero para el recuerdo queda la intención de hacer más una space opera filosófica y de guerra de puentes de mando, de personajes elaborados y de crítica social al estado mundial que de batallitas y efectos especiales sin ton ni son.
A pesar del lío de tantos giros con la identidad de los cylons y de varios capítulos lógicamente de relleno, nunca olvidaré el duelo primero y la admiración posterior entre el General Adama y la Presidenta Roslin (maravillosos como siempre Edward James Olmos y Mary McDonnell), a ese cabrón leal de Saul Tigh, a la mosca cojonera y heroica Kara Thrace, al grandísimo giro que da el inicio de la segunda temporada, al motín de terribles pero necesarias consecuencias, a ese magnífico final que no es si no el origen de todo...
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#6
Olvidé dedicarle una mención a Tom Zarek, interpretado ni más ni menos que por Richard Hatch, quien dio vida a Apollo en la Galactica original. Fue todo un puntazo contar con la participación de este actor, especialmente por algunas escenas en donde se daban interesantes réplicas entre Zarek con el "nuevo Apollo".

Lo más interesante de Richard Hatch es que fue uno de los grandes defensores de la serie original, llegando incluso a asistir a convenciones de fans durante años. Intentó recuperar la vieja continuidad de Battlestar Galactica e incluso escribió novelas ambientadas en ella. No es de extrañar que mostrara ciertas reticencias hacia la nueva versión. De hecho, se dice que llegó a rechazar un pequeño cameo que le habían ofrecido para la miniserie de 2003.

En un momento dado parece que terminó aceptando la situación e incluso llegó a declarar:

"Tuve que aceptar de una forma muy dolorosa que Battlestar no me pertenecía".

Personalmente, este tipo de casos me resultan entrañables y admirables. Me gusta ver cómo un actor puede llegar a involucrarse tanto con un personaje y con una serie que le cuesta aceptar nuevas versiones. Es como un padre al que le cuesta ver cómo su hijo crece y madura, pero al final comprende que no puede retenerlo para siempre a su lado.

Con el tiempo terminó apreciando la nueva serie por sus propios méritos. También hay que decir que la Battlestar Galactica de 2003, pese a ser una reinterpretación, siempre fue muy respetuosa con el legado de la original. Basta con ver la enorme cantidad de referencias y guiños que incluye, todos ellos introducidos con bastante buen gusto.

Como ya señale al inicio este terminaria aceptando interpretar a Tom Zarek cuando se lo ofrecieron. Podría decirse que se trataba de una referencia meta a muchos niveles, como si el espíritu del viejo Apollo se rebelara contra la nueva serie y decidiera sabotearla desde dentro.

Richard Hatch siempre quiso ver a Tom Zarek como un idealista que luchaba constantemente contra su lado oscuro, la rabia acumulada por su pasado y sus propias contradicciones. Hatch siempre lo consideró alguien con intenciones nobles que, aun así, terminaba tomando caminos moralmente cuestionables debido a sus defectos personales y a los métodos que empleaba.

Si os fijáis, a lo largo de la serie vemos cómo:


Defiende elecciones democráticas.

Denuncia abusos de poder.

Habla en nombre de los marginados.

Cuestiona constantemente a la élite política.


Pero, al mismo tiempo:


Manipula.

Conspira.

Ambiciona poder.

Cruza líneas morales cada vez más peligrosas.
  
A pesar de tomar decisiones bastante extremas, en más de una ocasión resultaba difícil negar que sus argumentos sobre la política y sobre cómo deberían funcionar las cosas en una auténtica democracia eran razonables.

Precisamente esos aspectos contradictorios eran los que más le gustaban a Hatch de su personaje. Resulta curioso porque él había interpretado originalmente a Apollo, el arquetipo del héroe clásico por excelencia.

Tom Zarek fue también un símbolo de lo que hizo la nueva Battlestar Galactica: tomó algo familiar y lo transformó en algo mucho más adulto, ambiguo y complejo.

Bajo mi punto de vista, Tom Zarek fue uno de los personajes más interesantes de toda la serie. Una pena que no acabara teniendo más protagonismo.
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#7
@hunk39 Bajo mi punto de vista el personaje de Tom Zarek venía lastrado por la mala interpretación de un actor tan limitado como Richard Hatch, por mucho que fuese el Apolo de la serie original en esta reinvención está de más, con meterle en un cameo habría sido más que suficiente.

Dicho esto, de lo más memorable de la serie fue el intento de motín de Felix Gaeta instigado por un manipulador Zarek y el trágico final de ambos aplicando Adama la ley militar. Ahí brillaron especialmente esos dos personajes porque a nivel de escritura eso fue maravilloso.
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#8
@Naxeteeee pues en lo personal disiento bastante en lo que dices de que Richard hizo un mal papel en la Battlestar Galactica de 2004, obviamente esto no aparecio en la mini serie de 2003. Puede que haya visto a actores mucho peores o yo que se, pero a mi modo de verlo Hatch era un tipo que con su sola presencia llenaba la pantalla, cada vez que aparecia y no creo que fuera simplemente porque fuera carismatico.

Y por supuesto en mi caso no tuvo nada que ver el efecto nostalgia, ya que jamas vi la serie galactica original. Lo poco que recuerdo de la serie original fue lo ridiculo que me resulto ver el como un Cylon era derrotado por un perrete robot, eso me basto y me sobro para alejarme totalmente de la serie antigua XD.

Cuando vi aparecer por primera vez a Tom Zarek no tenia ni idea de que, quien lo interpretaba era el mismo que tiempo atras fue Apollo en la serie original. Asi que nunca me vi afectado ni sesgado por ningun efecto nostalgico. Valore al personaje y su actor por lo que eran en la serie de 2004. Por eso digo que, a mi modo de verlo, Richard fue la mar de competente como actor.

En donde si puedo coincidir es que sin duda estuvo glorioso junto a Gaeta en los episodios donde veriamos por ultima vez a estos dos personajes.
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