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Por Cuatro Perras.
#1
Para quien no lo sepa, estamos ante la que sería ya la tercera serie de las andanzas de Zerocalcare. La primera fue Cortando por la línea de puntos y la segunda Este mundo no me hará una mala persona. Lo que más destacaba de esta pequeña "saga televisiva" es su marcado tono autobiográfico, donde el propio autor se convierte en protagonista de la historia. A esto se suman multitud de referencias a la cultura popular y otros detalles que a más de uno le arrancarán una sonrisa nostálgica. También hay guiños a cuestiones muy concretas de Italia, algo lógico teniendo en cuenta el origen del autor, que quizá a nosotros nos pillen un poco más lejos. Aun así, predominan claramente las referencias más universales.

Pero si hay algo que realmente destaca en estas series, a pesar de su estilo caricaturesco y de su constante sentido del humor, es la enorme cantidad de bofetadas de realidad que esconden. Situaciones con las que muchos podemos sentirnos identificados. Resulta curioso que el protagonista sea el propio autor, porque cualquiera podría pensar: "Coño, ha hecho lo más fácil del mundo: contar su propia vida de mierda". Sin embargo, cuando uno se detiene a analizar lo que consigue Zerocalcare, se da cuenta de que tiene bastante más mérito de lo que parece. Porque incluso para contar tu propia vida necesitas ciertas habilidades narrativas. Y ese es precisamente uno de los grandes puntos fuertes de sus obras: la tremenda facilidad que tiene para contarnos y mostrarnos todo lo que está ocurriendo.

Eso es, en parte, lo que consigue que te enganches a sus interminables monólogos internos. La introspección es una constante aquí, haciendo que la historia, a pesar de abordar temas sociales tremendamente cercanos y realistas, nunca termine por hundirnos emocionalmente. Y ojo, que tampoco estamos ante uno de esos dramas japoneses donde la miseria de los personajes no deja de acumularse hasta límites insoportables. Aquí se tratan problemas cotidianos realmente duros, de esos que podrían pasarle a cualquiera, pero siempre equilibrados con momentos mucho más ligeros y llevaderos.

Como veis, aunque el hilo tenga por título Por cuatro perras, me estoy centrando más en explicar cómo funcionan las series de Zerocalcare en general. Y es que no quiero contar  nada de la historia de esta última entrega; prefiero limitarme a describir el tipo de experiencia que ofrece. En ese sentido, Por cuatro perras es básicamente más Zerocalcare. Quien ya haya visto Cortando por la línea de puntos o Este mundo no me hará una mala persona sabe perfectamente lo que va a encontrarse aquí.

Tan solo hay un detalle que debo mencionar y que me ha decepcionado un poco. Veréis, una de las cosas que siempre me desconcertaron de las anteriores series era que, al estar todo contado desde el punto de vista del protagonista, este no solo actuaba como narrador principal, sino que además ponía voz absolutamente a todos los personajes. La decisión tiene cierta lógica, porque al fin y al cabo es él quien está relatando todo lo ocurrido, pero a mí siempre me ha chirriado escuchar personajes femeninos con una voz masculina que simplemente cambia ligeramente el tono para adaptarse a cada uno de ellos.

No le quito mérito al actor de voz, al contrario. Tener que modificar constantemente el timbre para interpretar a todos los personajes me parece una tarea bastante complicada. Pero personalmente me gusta escuchar una mayor variedad de voces, sobre todo cuando quien está hablando es una mujer.

Al menos en las series anteriores teníamos la oportunidad de escuchar las voces reales de los demás personajes en los episodios finales. Era un detalle que tenía bastante encanto y que daba un significado especial a todo lo anterior. Sin embargo, aquí me he encontrado con la decepción de que eso nunca llega a ocurrir. Vamos a escuchar la misma voz durante toda la serie, de principio a fin. 

No sé si se trata de una decisión creativa o simplemente de una forma de ahorrar costes, pero a mí me ha dejado un poco frío. Más aún cuando aparece un personaje femenino nuevo que me estaba gustando bastante y al que me habría encantado escuchar con una voz propia.

Quitando eso, el resto de la serie ofrece exactamente lo que cabía esperar. Así que no os esperéis una historia tradicional con un final feliz de manual. Más bien preparaos para una buena dosis de realidad. Aquí no hay escapismo total, porque muchas de las situaciones que vais a ver os resultarán demasiado familiares. De hecho, Zerocalcare funciona más como un testigo que como un auténtico protagonista. 

Se encuentra inmerso en circunstancias sobre las que apenas puede influir, simplemente porque escapan por completo a su control. Y, al final, ahí reside gran parte de la fuerza de estas historias. Porque nos recuerdan algo que todos hemos experimentado alguna vez: ese deseo de poder hacer más por los demás y la frustración de descubrir que no siempre está en nuestra mano. No somos héroes de ficción con poderes extraordinarios. Somos personas corrientes intentando lidiar con problemas corrientes. Y precisamente por eso las series de Zerocalcare resultan tan cercanas.
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