05-04-2026, 10:23 PM
Este hilo se me acaba de ocurrir de golpe mientras visionaba a uno de esos youtubers que se preguntan si el manido dicho de «cualquier tiempo pasado fue mejor» tiene algo de cierto.
Esta película que nos ocupa no vendría a demostrar que todo lo que se hacía antes era mejor… ni tampoco peor, porque lo que tenemos aquí no es algo que se hiciera con vistas a contar una gran historia que se te quedara grabada para el recuerdo. Más bien al contrario: es el ejemplo perfecto de cómo fabricar algo que, al final, se queda cómodamente instalado en la más absoluta mediocridad.
Servidor tiene esta película tanto en DVD como en Blu-ray y en 4K —sí, lo sé, tengo un problema—. Por cierto, quienes solo la hayan visto en Blu-ray o en 4K se han perdido esta pequeña joyita:
Si la conservo es porque es una de esas producciones que, de vez en cuando, me gusta revisitar aunque solo sea por su envoltorio visual. Sí, hoy en día ha quedado algo desfasada frente a producciones actuales con un CGI mucho más avanzado y pulido, pero aun así se le nota la ambición descomunal con la que se llevó a cabo en su momento. Y oye, para los años que tiene, podría decirse que ha aguantado el tipo dignamente.
Final Fantasy: La Fuerza Interior fue, en su día, la apuesta más loca y ambiciosa de Square Soft, una compañía japonesa que hasta entonces se había dedicado casi exclusivamente a hacer videojuegos, sobre todo del género JRPG. Su gallina de los huevos de oro era —y sigue siendo— la saga Final Fantasy.
La primera entrega apareció en la Nintendo Entertainment System (la NES de toda la vida), la mítica consola de 8 bits de Nintendo, y tuvo tanto éxito que acabó convirtiéndose en la competencia directa de Dragon Quest, otra saga legendaria creada por la compañia rival Enix.
La gracia de Final Fantasy siempre fue que cada entrega contaba una historia distinta en un mundo diferente: unas veces medieval, otras con estética steampunk, otras directamente futuristas.
Eso sí, había ciertos detalles que se repetían como si fueran tradición sagrada: los Chocobo, esas aves gigantes amarillas que sirven de taxi rural, o el mítico Cid, ese personaje que, por alguna razón, siempre aparece para aportar sabiduría o arreglar entuertos imposibles. Y como no tampoco podian faltar los elementos de magias e invocaciones que le den su sentido al "Fantasy" del titulo.
Hasta donde recuerdo, en Europa nos perdimos prácticamente todas las entregas de 8 y 16 bits. Pero eso cambió con la llegada de los 32 bits y, sobre todo, con la irrupción de la PlayStation de Sony. Consola que hoy muchos recuerdan como una de las mejores de la historia, pero que en su momento fue una apuesta bastante valiente: Sony se metía en el mundo de los videojuegos con ganas de hacer ruido… y vaya si lo hizo.
Todo esto coincidió con la ambición desatada de Square, que quería que Final Fantasy VII pareciera casi una superproducción hollywoodiense en formato videojuego. Para lograrlo, tuvieron que romper su relación con Nintendo, que seguía emperrada en usar cartuchos en su consola de 64 bits, lo que limitaba bastante el tamaño y las posibilidades del juego. Así que Square se fue con Sony, que sí apostaba por el formato CD y por hacer las cosas a lo grande.
Sony, viendo el potencial del invento, decidió lanzar Final Fantasy VII a nivel mundial, aun sabiendo que para muchos jugadores occidentales los JRPG por turnos eran mas raro que un perro verde. Con la brutal campaña publicitaria que tuvo la PlayStation, aquello acabó siendo un bombazo. La consola arrasó en ventas y Final Fantasy VII se convirtió en otro fenómeno masivo que, de paso, abrió la puerta a que muchas otras compañías japonesas se animaran a traer sus JRPG a Occidente.
Con el paso de los años, y a medida que Sony iba sacando consolas cada vez más potentes, los Final Fantasy también se volvían más espectaculares y elaborados. Se notaba especialmente en su puesta en escena y, sobre todo, en las famosas cinemáticas, que cada vez parecían más escenas sacadas de una película que simples vídeos de transición entre combates:
Si bien la intro que os he puesto pertenece a un Final Fantasy que aún seguía estando pensado para la consola de 32 bits de Sony, sirve como ejemplo de cómo Square terminaría currándose cada vez más sus secuencias animadas. En aquel entonces, muchos ya pensábamos lo mucho que podría molar ver una película entera hecha por el departamento de animación CGI de esta compañía.
Tuvimos que esperar a la salida de Final Fantasy X, que saldría en la PlayStation 2, para que aquello con lo que soñábamos terminara haciéndose realidad… más o menos. Fue por esa época cuando empezamos a ver, a cuentagotas, los primeros avances de lo que sería la primera apuesta de Square de cara a llevar su saga de videojuegos más conocida al cine… SPOILERS: el tiro les salió por la culata.
Una de las cosas a las que aspiraban con Final Fantasy: The Spirits Within era llevar la animación CGI hacia unas cotas de «realismo» a las que nadie antes se había atrevido a llegar. De hecho, parte de la campaña publicitaria hacía especial énfasis en lo realista que llegaba a verse todo. Aunque ese eslogan de "ahora no es virtual, es real" era y sigue sonando como una de las promociones mas ridículas que he escuchado en mi vida.
A día de hoy, los personajes de esta película nos parecerán poco menos que monigotes, pero en su momento a más de uno nos producía cierto asombro, porque los modelados, texturas y detalles como el brillo de los ojos o el pelaje lucían, sin duda, muy realistas. Recuerdo incluso cómo algunos noticieros de la época hacían hincapié en que, por momentos, parecía que estábamos ante actores reales. Como era de esperar, no faltó quien sacara a relucir la posibilidad de que, con el tiempo, los actores de carne y hueso pudieran ser sustituidos… mucho antes de que todo el tema de la IA estuviera siquiera en el radar del gran público.
Saltaba a la vista que habían tirado la casa por la ventana en todo lo referente a la animación CGI. De hecho, era la primera superproducción de este estilo que renegaba totalmente de los típicos personajes caricaturescos y se atrevía a hacer algo que lucía mucho más «maduro», no solo por la apariencia realista de los personajes, sino también por el diseño del mundo que los rodeaba. Pero… qué pasa con la historia? ...la historia.
No sé si esta fue la principal causa del enorme batacazo comercial que se pegó —hasta el punto de que la propia Square acabara en números rojos y, con el tiempo, tuviera que fusionarse con su antigua rival, Enix—, puede que tuviera algo que ver el tema del "valle inquietante", lo cierto es que todo ese riesgo técnico no estuvo, ni de coña, a la altura a nivel narrativo.
Los mundos de Final Fantasy en los videojuegos destacaban por ser tremendamente imaginativos y llenos de personalidad. La fuerza interior, si bien tenía diseños de edificios, naves y elementos tecnológicos bastante originales —de hecho, creo que fue una de las primeras películas en mostrar interfaces holográficas de forma tan prominente—, transmitía una sensación constante de «visto mas que el tebeo». Tampoco ayudaba mucho el hecho de que la historia fuera una ciencia ficción postapocalíptica ambientada en el planeta Tierra.
Toda la trama nos sitúa en un futuro en el que el planeta fue desolado por una lluvia de meteoritos que, al parecer, transportaban a una raza alienígena a la que terminaron apodando con el nombre de «fantasmas». La protagonista es la doctora Aki Ross, que tiene visiones o sueños que parecen ser la clave para derrotar definitivamente a esta amenaza alienígena.
Junto al doctor Cid y un grupo de «marines espaciales» de lo más clichés y genéricos, terminarán enfrentándose al típico líder militar obtuso que cree que la única forma de acabar con los fantasmas, es a base de cañonazos lanzados por una especie de arma de destrucción masiva que bien podría haber sido otra Estrella de la Muerte si todo ocurriera en el universo de Star Wars.
Si lo que estáis leyendo ya desprende tufo a rancio, la cosa no mejora mucho a medida que avanza la trama. Todo está plagado de situaciones cliché hasta la médula, y los personajes genéricos no ayudan lo mas mínimo. Igual la protagonista se salva un poco de la quema, pero poco más. Añadid a eso algunos intentos de meter momentos de humor que hoy en día no provocan vergüenza ajena, pero tampoco arrancan ni una sonrisa: se sienten como chistes que ya en su época estaban pidiendo la prejubilación.
La historia no es que sea mala: es que es mediocre e insípida. El giro de «oh, sorpresa, los alienígenas son fantasmas de verdad» aporta... la NADA ABSOLUTA. Igual el hecho de que sean seres transparentes que atraviesan paredes y que, encima, se llamen fantasmas no ayudaba mucho a mantener el misterio.
En fin, como dije al principio, Final Fantasy: La fuerza interior solo se puede disfrutar si te basta con que el apartado visual luzca imponente. También es cierto que la banda sonora compuesta por Elliot Goldenthal consigue destacar en momentos clave, pero poco más se puede salvar.
Esta película es el ejemplo perfecto de que no basta con invertir grandes esfuerzos en el apartado visual o en los efectos especiales si luego decides construir una historia y unos personajes siguiendo al pie de la letra el manual de «lo que supuestamente quiere el gran público». Al final, lo único que obtienes es una producción mediocre destinada a quedar enterrada en el olvido… y en este caso, con bastante justicia.
Quería concluir mi reseña con la siguiente cuestion:
¿cuántas películas actuales —independientemente de si fueron un éxito o un fracaso— creéis que acabarán igual que Final Fantasy: La fuerza interior con el paso de los años? Es decir, cuando pase el tiempo, ¿seguirán siendo recordadas aquellas producciones que fueron un auténtico festival de efectos visuales… y poco más?
Como siempre, el tiempo dará o quitará razones. Pero sería divertido hacer una apuesta ahora y comprobar dentro de muchos años si esa película por la que apostamos hoy, termina siendo una de esas que ya no recuerda ni Dios.


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