ADVERTENCIA, ESTA RESEÑA CONTIENE SPOILERS TANTO DE LA PELÍCULA COMO DEL VIDEOJUEGO (ORIGINAL Y REMAKE)
Vista finalmente —en condiciones técnicas poco ideales y con un subtitulado made in Google Translate—, Return to Silent Hill confirma que adaptar Silent Hill 2 no es simplemente trasladar iconografía reconocible a imagen real. Es comprender su arquitectura psicológica. Y ahí es donde la película tropieza.
Voy a empezar por lo poco salvable: los decorados no están mal y las actuaciones… tampoco son un desastre absoluto. Ahora bien, se nota que los actores no podían dar mucho más de sí con las indicaciones que les dio Christopher Gans. En el plano técnico, el abuso del CGI es evidente. No tanto por su acabado puntual como por su integración poco orgánica en el conjunto visual. Silent Hill siempre ha funcionado mejor cuando lo tangible resulta inquietante; aquí, lo digital tiende a recordarnos constantemente que estamos ante una reconstrucción artificial. Lo de Akira Yamaoka es casi ofensivo: tenerlo en plantilla para que su banda sonora pase desapercibida es como fichar a un chef Michelin para que caliente precocinados.
A partir de aquí, analizare la película desde varios ángulos:
¿FUNCIONA COMO PELÍCULA INDEPENDIENTE?
La adaptación parece querer situarse en la misma continuidad que la película de 2006. El detalle de que la niebla sea producto de un incendio pasado y que caiga ceniza —en el primer videojuego era nieve— así lo sugiere. Hasta ahí, bien. El problema es que luego empiezan las contradicciones.
En la película de 2006 se mostraban varias dimensiones en la ciudad de Silent Hill:
el mundo terrenal (la ciudad abandonada y en ruinas)
el purgatorio (niebla y ceniza)
y el infierno (óxido, lluvia y oscuridad perpetua)
Todo ello provocado indirectamente por un culto extremista y religioso que intentó quemar a una niña con poderes sobrenaturales acusándola de ser bruja. Pues bien, en esta secuela el Silent Hill en ruinas desaparece mágicamente. Solo vemos el de la niebla y ceniza… pero en una escena se nos muestra un Silent Hill “normal” que no acabó en ruinas, a la luz del sol y con gente paseando alegremente aquí y allá. Confuso cuanto menos. Y, por supuesto, nadie se molesta en explicarlo. Además, en la película de 2006 la maldición de la ciudad ocurrió décadas atrás (finales de los 70 o principios de los 80). Aquí, en cambio, se sugiere que Silent Hill fue una ciudad completamente normal hasta nuestro presente inmediato. Es decir, ni el propio Gans parece recordar la cronología de su universo cinematográfico.
A grandes rasgos, la historia sigue a James Sunderland, aquí reconvertido en pintor de éxito (oficinista normal era demasiado poco glamuroso, supongo). Conoce por accidente a Mary, una habitante de Silent Hill que, quería largarse del pueblo porque una secta fundada por el violador de su padre la envenenaba y la bañaba en sangre en rituales varios. Vamos, lo que hacemos todos en nuestros ratos libres.
Inexplicablemente, tras conocer a James, ya no quiere irse. Se enamora. Y sigue dejándose envenenar en los ritos satánicos. Cuando James descubre todo esto, le propone huir juntos, ella responde que no, que el culto es como su familia adoptiva. Sí, esa misma “familia” que la envenena periódicamente. Con el tiempo, Mary enferma gravemente y le pide a James que le practique la eutanasia. Él lo hace, queda traumatizado y empieza terapia. Entonces recibe la famosa carta de su novia “muerta” citándolo en Silent Hill. En donde por cierto, supongo que por no alargar metraje, ni se molestan en respetar el texto que se daba en el videojuego.
A partir de ahí, la película se convierte en un tour exprés por los escenarios emblemáticos: apartamentos, hospital, hotel… todo a velocidad de vértigo. En el camino conoce a Angela, Laura y Maria, que aquí resultan ser manifestaciones vinculadas a Mary porque —atención al giro— su nombre completo es Angela Maria Laura Crane. Sutileza nivel martillo neumático.
No queda claro si James recuerda o no que mató a Mary; la película intenta jugar al misterio hasta la revelación final. Tras esto, decide tirarse al lago Toluca con el cadáver de Mary… pero de repente retrocede en el tiempo justo en el momento de conocer a Mary y la convence para irse con él lejos de SIlent Hill. ¿Bucle temporal? ¿Ensueño final mientras se ahoga? ¿Final alternativo simbólico? Nunca se aclara. Y cuando algo tan crucial queda en el aire, no es profundidad: es desorden.
Sobre el papel, la trama podría funcionar. El problema es cómo está contada. Cero sutileza. Todo mascado. Todo subrayado. La supuesta revelación de que Cabeza Pirámide es “el propio James” resulta casi cómica de lo obvia que la hacen. Personajes como Maria apenas tienen desarrollo. Y los diálogos… la gran mayoría dan auténtica vergüenza ajena de lo torpes que son.
La película intenta no dejar nada abierto para que nadie se pierda… y aun así deja sin explicar lo del Silent Hill “normal”. Un logro, sin duda.
¿FUNCIONA COMO ADAPTACIÓN DEL MATERIAL ORIGINAL?
Aquí la cosa se complica aún más.
En el videojuego, James era un hombre corriente. Vida normal, matrimonio feliz con Mary, enfermedad devastadora. Tras años de desgaste emocional, la mata. Y al final reconoce que no fue solo por piedad, sino por egoísmo: empezó a verla como una carga que le impedía tener una vida normal. Ese matiz lo cambia todo.
En el juego no se convierte en víctima de circunstancias externas ni de una secta absurda. Es culpable. Y el jugador decide si merece redención. Silent Hill altera sus recuerdos, lo sumerge en una falsa paz inicial y luego lo tortura psicológicamente poco a poco.
Angela y Eddie: son personas con sus propios pecados y purgatorios personales. Laura no es juzgada porque no tiene culpa alguna, es solo una niña normal. Maria no es una simple alucinación conveniente: es una creación diseñada específicamente para torturar a James. Pero aun así existe, tiene sus propios pensamientos y temores, esto se revela en una especie de expansión que salio mas adelante llamada "nacida de un deseo". Todo esto hace que el destino de Maria sea un mas trágico si cabe.
Y lo más importante: los monstruos que ve cada personaje son manifestaciones de su mente. Cabeza Pirámide; es el verdugo de James, la encarnación de su necesidad de castigo. Nace de su mente atormentada. Por eso es importante recalcar, que las criaturas que vemos, Cabeza Pirámide incluido, solo los ve James y nadie mas. Algo que ni la película se molesta en respetar.
La película simplifica, fusiona y reescribe hasta diluir por completo el núcleo psicológico del original. Convertir a Angela en parte de Mary elimina cualquier posibilidad de explorar su tragedia individual. Y transformar el conflicto interno de James en algo más edulcorado le resta toda la ambigüedad moral que hacía grande a Silent Hill 2.
A mi parecer, el resultado: no funciona ni como película sólida ni como adaptación fiel. Adaptar Silent Hill 2 es difícil, sí. Pero aquí las decisiones tomadas no parecen precisamente las más acertadas. Si queréis disfrutar de la verdadera experiencia que otorga el viaje a los infiernos de James Suderland, mejor dadle una oportunidad al remake de Silent Hill 2, este si supo en gran medida entender de que trataba el videojuego original.
Eso sí, tengo que reconocer un detalle: aunque la violencia está algo más suavizada que en la película de 2006, hay momentos bastante sangrientos. Desconozco qué clasificación recibió finalmente. Pero vamos, esto no hace que sea ni mucho menos, la adaptación a imagen real que esta obra maestra del survival horror se merecía.
Vista finalmente —en condiciones técnicas poco ideales y con un subtitulado made in Google Translate—, Return to Silent Hill confirma que adaptar Silent Hill 2 no es simplemente trasladar iconografía reconocible a imagen real. Es comprender su arquitectura psicológica. Y ahí es donde la película tropieza.
Voy a empezar por lo poco salvable: los decorados no están mal y las actuaciones… tampoco son un desastre absoluto. Ahora bien, se nota que los actores no podían dar mucho más de sí con las indicaciones que les dio Christopher Gans. En el plano técnico, el abuso del CGI es evidente. No tanto por su acabado puntual como por su integración poco orgánica en el conjunto visual. Silent Hill siempre ha funcionado mejor cuando lo tangible resulta inquietante; aquí, lo digital tiende a recordarnos constantemente que estamos ante una reconstrucción artificial. Lo de Akira Yamaoka es casi ofensivo: tenerlo en plantilla para que su banda sonora pase desapercibida es como fichar a un chef Michelin para que caliente precocinados.
A partir de aquí, analizare la película desde varios ángulos:
¿FUNCIONA COMO PELÍCULA INDEPENDIENTE?
La adaptación parece querer situarse en la misma continuidad que la película de 2006. El detalle de que la niebla sea producto de un incendio pasado y que caiga ceniza —en el primer videojuego era nieve— así lo sugiere. Hasta ahí, bien. El problema es que luego empiezan las contradicciones.
En la película de 2006 se mostraban varias dimensiones en la ciudad de Silent Hill:
el mundo terrenal (la ciudad abandonada y en ruinas)
el purgatorio (niebla y ceniza)
y el infierno (óxido, lluvia y oscuridad perpetua)
Todo ello provocado indirectamente por un culto extremista y religioso que intentó quemar a una niña con poderes sobrenaturales acusándola de ser bruja. Pues bien, en esta secuela el Silent Hill en ruinas desaparece mágicamente. Solo vemos el de la niebla y ceniza… pero en una escena se nos muestra un Silent Hill “normal” que no acabó en ruinas, a la luz del sol y con gente paseando alegremente aquí y allá. Confuso cuanto menos. Y, por supuesto, nadie se molesta en explicarlo. Además, en la película de 2006 la maldición de la ciudad ocurrió décadas atrás (finales de los 70 o principios de los 80). Aquí, en cambio, se sugiere que Silent Hill fue una ciudad completamente normal hasta nuestro presente inmediato. Es decir, ni el propio Gans parece recordar la cronología de su universo cinematográfico.
A grandes rasgos, la historia sigue a James Sunderland, aquí reconvertido en pintor de éxito (oficinista normal era demasiado poco glamuroso, supongo). Conoce por accidente a Mary, una habitante de Silent Hill que, quería largarse del pueblo porque una secta fundada por el violador de su padre la envenenaba y la bañaba en sangre en rituales varios. Vamos, lo que hacemos todos en nuestros ratos libres.
Inexplicablemente, tras conocer a James, ya no quiere irse. Se enamora. Y sigue dejándose envenenar en los ritos satánicos. Cuando James descubre todo esto, le propone huir juntos, ella responde que no, que el culto es como su familia adoptiva. Sí, esa misma “familia” que la envenena periódicamente. Con el tiempo, Mary enferma gravemente y le pide a James que le practique la eutanasia. Él lo hace, queda traumatizado y empieza terapia. Entonces recibe la famosa carta de su novia “muerta” citándolo en Silent Hill. En donde por cierto, supongo que por no alargar metraje, ni se molestan en respetar el texto que se daba en el videojuego.
A partir de ahí, la película se convierte en un tour exprés por los escenarios emblemáticos: apartamentos, hospital, hotel… todo a velocidad de vértigo. En el camino conoce a Angela, Laura y Maria, que aquí resultan ser manifestaciones vinculadas a Mary porque —atención al giro— su nombre completo es Angela Maria Laura Crane. Sutileza nivel martillo neumático.
No queda claro si James recuerda o no que mató a Mary; la película intenta jugar al misterio hasta la revelación final. Tras esto, decide tirarse al lago Toluca con el cadáver de Mary… pero de repente retrocede en el tiempo justo en el momento de conocer a Mary y la convence para irse con él lejos de SIlent Hill. ¿Bucle temporal? ¿Ensueño final mientras se ahoga? ¿Final alternativo simbólico? Nunca se aclara. Y cuando algo tan crucial queda en el aire, no es profundidad: es desorden.
Sobre el papel, la trama podría funcionar. El problema es cómo está contada. Cero sutileza. Todo mascado. Todo subrayado. La supuesta revelación de que Cabeza Pirámide es “el propio James” resulta casi cómica de lo obvia que la hacen. Personajes como Maria apenas tienen desarrollo. Y los diálogos… la gran mayoría dan auténtica vergüenza ajena de lo torpes que son.
La película intenta no dejar nada abierto para que nadie se pierda… y aun así deja sin explicar lo del Silent Hill “normal”. Un logro, sin duda.
¿FUNCIONA COMO ADAPTACIÓN DEL MATERIAL ORIGINAL?
Aquí la cosa se complica aún más.
En el videojuego, James era un hombre corriente. Vida normal, matrimonio feliz con Mary, enfermedad devastadora. Tras años de desgaste emocional, la mata. Y al final reconoce que no fue solo por piedad, sino por egoísmo: empezó a verla como una carga que le impedía tener una vida normal. Ese matiz lo cambia todo.
En el juego no se convierte en víctima de circunstancias externas ni de una secta absurda. Es culpable. Y el jugador decide si merece redención. Silent Hill altera sus recuerdos, lo sumerge en una falsa paz inicial y luego lo tortura psicológicamente poco a poco.
Angela y Eddie: son personas con sus propios pecados y purgatorios personales. Laura no es juzgada porque no tiene culpa alguna, es solo una niña normal. Maria no es una simple alucinación conveniente: es una creación diseñada específicamente para torturar a James. Pero aun así existe, tiene sus propios pensamientos y temores, esto se revela en una especie de expansión que salio mas adelante llamada "nacida de un deseo". Todo esto hace que el destino de Maria sea un mas trágico si cabe.
Y lo más importante: los monstruos que ve cada personaje son manifestaciones de su mente. Cabeza Pirámide; es el verdugo de James, la encarnación de su necesidad de castigo. Nace de su mente atormentada. Por eso es importante recalcar, que las criaturas que vemos, Cabeza Pirámide incluido, solo los ve James y nadie mas. Algo que ni la película se molesta en respetar.
La película simplifica, fusiona y reescribe hasta diluir por completo el núcleo psicológico del original. Convertir a Angela en parte de Mary elimina cualquier posibilidad de explorar su tragedia individual. Y transformar el conflicto interno de James en algo más edulcorado le resta toda la ambigüedad moral que hacía grande a Silent Hill 2.
A mi parecer, el resultado: no funciona ni como película sólida ni como adaptación fiel. Adaptar Silent Hill 2 es difícil, sí. Pero aquí las decisiones tomadas no parecen precisamente las más acertadas. Si queréis disfrutar de la verdadera experiencia que otorga el viaje a los infiernos de James Suderland, mejor dadle una oportunidad al remake de Silent Hill 2, este si supo en gran medida entender de que trataba el videojuego original.
Eso sí, tengo que reconocer un detalle: aunque la violencia está algo más suavizada que en la película de 2006, hay momentos bastante sangrientos. Desconozco qué clasificación recibió finalmente. Pero vamos, esto no hace que sea ni mucho menos, la adaptación a imagen real que esta obra maestra del survival horror se merecía.

