02-02-2026, 01:01 PM
Allá por 1998 una compañía llamada Bioware lanzaba al mercado "Baldur's Gate", un juego que revolucionó el género RPG dentro del medio y que supuso un antes y un después. Servidor llegó hasta más o menos la mitad hasta que unos dragones (no muy grandes) le reventaban día sí y día también, y terminó dejando de lado el juego. Dos años después llegaba su secuela, "Baldur's Gate II", que perfilaba y perfeccionaba la fórmula hasta volver a hacer historia, y que sigue siendo para muchos, a día de hoy, uno de los grandes exponentes del género a pesar de que lleve ya a sus espaldas casi 26 años. (Servidor este no lo jugó). En 2023 Larian, estudio especializado en videojuegos de corte RPG y combate por turnos, lanzaba al mercado (previo acceso anticipado de un par de años) la tercera entrega de la saga, "Bladur's Gate III". Ese mismo año conseguía el galardón a mejor juego del año (los premios solo importan para el salseo y para engordar un poco el número de palabras en artículos XD) y una aclamación casi unánime tanto de crítica como de público. El pasado otoño hice una visita a un colega a su casa, recién operado de la rodilla, e ingenuo de mí, tras una conversación que fue virando hacia el videojuego de Larian, le propuse comenzar una partida en cooperativo local para jugarla con él en mis visitas regulares. Una semana después me gastaba los dineros en mi casa para jugar mi propia partida.
"Baldur's Gate III" se ubica en el mundo de Faerûn, uno de los muchos que pueblan el multiverso de "Dragones y mazmorras", o DnD a partir de ahora. En el inicio del juego nos encontramos a bordo de un nautiloide, una de las naves de la raza de los Azotamentes, y sin que podamos hacer nada, nos meten un bicho por el ojo. Después, aparecen los dragones rojos cabalgados por sus jinetes Githyankis, y tras varios viajes por los planos dimensionales y el consabido tutorial, la nave se estrella en una playa. A partir de aquí, se desarrolla una historia acomodada en tres actos que abarca desde luchas épicas, golpes de humor, visitas a inframundos, personajes de todo tipo y condición, avatares de dioses, asesinatos crueles y despiadados, traiciones, y sobre todo, decisiones y más decisiones. Decisiones que pueden tener su contrapartida horas después. Esto no quiere decir que el desenlace, o la historia del juego, en su esqueleto básico, cambie demasiado, más allá de ser alguien que se alía con el bien o con el mal. Pero sí que tienen un impacto significativo en el recorrido, y lo cierto es que es un sistema que funciona escandalosamente bien. Y esto lo digo tras una primera partida de unas 160 horas en las que me hice un Drow (elfo oscuro, para entendernos) con el firme objetivo de ser un hijo de la gran puta ávido de poder. Y no engaño a nadie, siento un hormigueo muy cabrón en los dedos porque quiero esperar a verano para darle una segunda partida y ser el mayor santo del lugar, pero me está costando horrores.
Larian hace muchas cosas en "Baldur's Gate III", y me atrevería a decir que en todas las hace bien, cuando no de forma excepcional. La escritura de los personajes es fantástica. Todos ellos tienen su contexto, su historia pasada, y reaccionan ante las decisiones del jugador, hasta el punto de abandonar el grupo para siempre, o por el contrario, querer follarnos hasta dejarnos secos. Pero más allá de esto, el desarrollo de las personalidades se siente real, palpable, y humano. En mi partida llevé hasta el final tanto a Astarion como a Lae'zel, él un Alto Elfo, ella una Githyanki. Ambos arcos tienen su progresión y sus conflictos tochísimos, sobre todo ella. Lae'zel se enfrenta en esta aventura a un auténtico terremoto que sacude sus propias creencias religiosas, lo cual tiene un impacto directo en el juego. En este sentido, dan ganas de jugar una partida manejándola a ella como personaje principal. Este desarrollo se da en mayor o menor medida con todos los personajes secundarios del juego que se unen a nosotros. Todos ellos tienen su arco narrativo (otra cosa es que lleguemos a verlo. De nuevo, nuestras decisiones desembocarán en unas cosas u otras, en ver cierto contenido o no verlo, o hacerlo de formas diferentes), y enriquece la experiencia una barbaridad. Sin embargo, Larian no se queda aquí, ya que este trabajo y mimo también se respira en los personajes que nos vamos encontrando a lo largo del juego, los PNJ, para entendernos, y sus historias.
Porque "Baldur's Gate III" es, en esencia, eso. Historias, historias y más historias. Todos los pueblos, todos los personajes, tienen su historia de la que podemos indagar y profundizar (en mayor o menor medida, ojo. No nos flipemos). Un ejemplo de todo esto lo encontramos más o menos temprano. En el primer acto llegaremos a una aldea abandonada y medio en ruinas tomada por goblins. Aquí podremos decidir si aliarnos con ellos, o pasarlos a todos por la espada. Depende de nosotros. Pero además, si somos lo suficientemente curiosos, descubriremos toda una historia subyacente en el pueblo que aconteció hace años y que tiene que ver con desapariciones, laboratorios secretos y nigromancia. Una maravilla. A todo esto hay que añadir la maestría en dar a los combates que pueblan el juego de historias que los justifican. Esto ocurre el 90% de las ocasiones. Los encuentros que tuve que, podríamos denominar, comunes, son los menos. La mayoría de ellos son por criaturas, o personajes, que están allí por un propósito, o según qué condiciones, en base a sus propias historias, o cómo el medio les ha afectado hasta el punto de ser como son. Nada parece estar puesto al azar, como si de un Dungeon Master legendario se tratara, Larian lo tuviese todo bien atado e hilado para que tengamos esa sensación de libertad plena (que en ciertos aspectos la tenemos), pero siempre dentro del marco que la desarrolladora nos propone. Como un reloj con el mejor de los engrases.
Como digo, los combates, desde un punto de vista de la escritura, siempre tienen un propósito. Pero si el sistema no funcionase todo lo bien que debería, tal vez el producto final se quedase algo cojo. No es el caso. "Bladur's Gate III" se basa en un combate por turnos que coge las reglas de la quinta edición de DnD y las aplica al videojuego, y el resultado son unas batallas épicas en muchos casos, divertidísimas en todos, colmadas de táctica y de posibilidades. Utilizar el entorno, los conjuros, las acciones, las acciones adicionales, la combinación de las habilidades de los personajes que llevamos con nosotros, todo ello conforma un mosaico en el que no hay cabida para el aburrimiento, y sí para el descubrimiento constante. Tal es la finura del sistema que tras 160 horas me siento con unos deseos tremenso de que Larian tuviese un DLC con otras 100 horas. Me las bebería a tragos largos.
La historia en sí misma no está nada mal. Terminé el juego hace dos semanas así que he podido ir dándole vueltas a la cabeza. La estructura, como dije, se divide en tres actos en los que visitaremos muchos lugares y la tensión irá subiendo hasta el clímax del segundo acto, que es, en mi opinión, el pico más alto del juego junto a la batalla final. Fue curioso cómo ese segundo acto, hostil y oscurísimo, mientras lo jugaba tenía cierta sensación de que podría hacérseme cuesta arriba. Sin embargo, el diseño artístico de los escenarios, la maravillosa mazmorra principal, y el clímax absolutamente fuera de las tablas, hacían que cada vez lo tuviese en mayor estima (aderezado todo ello con una banda sonora a la altura). El principio del tercer acto se resiente por todo esto, al menos al principio. El segundo lo terminamos tan jodidamente arriba (ya no solo por lo emocionante, sino también por los descubrimientos y las respuestas que nos dan) que después es inevitable sentir cierto bajón. Dura poco. Los mapas del tercer acto (SPOILER Puerta de Baldur) están colmados de cosas, sobre todo el último, el cual es denso de cojones y repleto de cosas por hacer. Pero no cosas en modo "Assassin's Creed" en cuanto a tareas sin demasiada importancia más allá de ir tachando objetivos de una lista de tareas, sino desde pequeños asuntos que tienen que ver con personajes de la misma ciudad, hasta otros que nos hemos encontrado 100 horas antes, pasando por la resolución de algunos arcos narrativos de compañeros nuestros con los que llevamos toda la aventura o nuevas historias que cobran forma y se abren ante nosotros.
"Baldur's Gate III" es un juego colosal, gargantuesco en su escala, una joya absoluta como mero entretinimiento, y uno de los grandes exponentes del género dentro de los videojuegos. Como opinión personalísima, y en caliente, lo tildaría como el mejor juego que he jugado en mi vida, pero si me pongo con el monóculo, no lo bajaría jamás de un Top 5. Una maravilla que todo lo que se propone hacer, lo hace bien, como poco, maravillosamente bien muchas otras veces. Si os gusta el género, y si tenéis el tiempo, no os lo perdáis. Brillante.
¡Estúpido hombre sabio!

