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Retrocritica: Kino no Tabi
#1


Suelo ser de esas personas que, cuando comen o cenan, no pueden prescindir de estar viendo alguna serie. El caso es que no hace mucho, mientras navegaba por la tediosa interfaz de Netflix en busca de algún anime que me sirviera para tal propósito, me topé con Kino no Tabi (Los viajes de Kino), una serie que vi hace años a través de fansubs por internet. En ese momento no me dio por revisionarla, pero sí me hizo caer en la cuenta de que se trata de un anime que en su día pasó bastante desapercibido y que bien merecería ser reivindicado en alguna de mis reseñas de esta página.

Kino no Tabi es la adaptación animada de una serie de novelas ligeras, como indica su título, sigue a un "chaval" que viaja en motocicleta por un mundo ficticio con el único propósito de visitar distintos países, ciudades y pueblos. Cada lugar que Kino visita encierra siempre una historia con algún tipo de mensaje destinado a hacer reflexionar al espectador. Quizá por esta razón, el autor no se preocupó demasiado por desarrollar un lore interno complejo del mundo en el que vive el protagonista. De hecho, nunca llegamos a ver un mapa definido de ese mundo.

Kino no Tabi funciona como una auténtica parábola filosófica. Cada país que visita Kino no es tanto un lugar físico como un experimento moral, un escenario diseñado para poner a prueba determinadas ideas sobre la sociedad, el poder, la libertad, la violencia o la naturaleza humana. No estamos ante un mundo construido para ser explorado, sino ante un conjunto de situaciones creadas para ser pensadas.

Kino no juzga abiertamente lo que ve ni impone su visión moral sobre los demás; observa, pregunta lo justo y, en la mayoría de los casos, sigue su camino. Esa actitud distante no implica indiferencia, sino una aceptación consciente de que cada sociedad construye sus propias reglas y que imponer una moral externa puede ser tan problemático como aceptar ciegamente la interna. El espectador es quien debe posicionarse, y ahí reside buena parte de la fuerza de la obra.

Estamos, por tanto, ante un anime que, tira mas hacia el slice of life de tintes filosóficos y existencialista. Algunos episodios profundizan en el trasfondo del personaje principal, otros incluyen algo más de acción, pero por norma general la mayoría de los capítulos tienen un ritmo más tranquilo. Sea como sea, el objetivo principal de Kino no Tabi es invitar al espectador a reflexionar y a extraer sus propias conclusiones sobre los temas que plantea.

Otro de los aspectos de interes es como la serie aborda el concepto de normalidad. Muchas de las sociedades que veremos junto a Kino funcionan de manera aparentemente absurda o extrema, pero siempre desde una lógica interna coherente. Lo inquietante no es tanto lo extraño de esas normas como el hecho de que sus habitantes las acepten sin cuestionarlas. Kino no Tabi plantea así una reflexión incómoda: hasta qué punto nuestras propias sociedades, vistas desde fuera, no resultarían igual de absurdas o incluso crueles.

El propio viaje de Kino puede interpretarse como una metáfora del conocimiento. El protagonista nunca permanece más de tres días en cada país, es el tiempo justo para observar, comprender lo esencial y marcharse antes de verse absorbido por ese sistema. Aprender, en Kino no Tabi, no consiste en integrarse ni en cambiar el mundo, sino en entenderlo y seguir adelante con una mirada un poco más amplia.

En su mundo conviven elementos fantásticos con otros de carácter tecnológico, aunque no esperéis magos lanzando conjuros ni nada del estilo. Lo fantástico se limita, en su mayoría, a la presencia de animales u objetos parlantes. Más allá de eso, y de algún momento de acción ligeramente exagerado, el tono general de la serie es bastante sobrio y terrenal.

Cabe destacar que, a día de hoy, Los viajes de Kino ha contado con dos adaptaciones animadas. La primera se estrenó en 2003 y posteriormente tuvo varias OVAs y una película alrededor de 2007. Más tarde, en 2017, se lanzó una revisión más moderna. Esta última, si bien no está mal, recicla muchas de las historias ya vistas en la versión de 2003, aunque también añade otras nuevas que otorgan mayor protagonismo y desarrollo a algunos personajes secundarios. Por ello, recomendaría a los interesados seguir un orden cronológico: comenzar por la primera adaptación, continuar con las OVAs y la película, y finalizar con la versión de 2017.
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