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Eddington
#1
Antes de meterme en un embolado quería saldar mi deuda con Aster dado que al final nunca llegue a compartir por aquí mis impresiones sobre su anterior película. Sirva este texto para compensar aquel nunca escrito.

No es sencillo hablar de una película como Eddington. Nunca lo es, en términos generales, cuando se trata de hablar de cintas que tratan del estado de las cosas. Del aquí y el ahora. Del cómo y el porqué. Entiendo en gran parte la frustración de muchos aficionados al terror con esta deriva de Ari Aster hacia la sátira más alocada.  Quizá perdiendo por el camino elegancia y concisión, pero sin duda ganando arrobas de mala baba y perspicacia. Creo que es la única forma que ha encontrado Aster de explicarse a sí mismo, primero en "Beau tiene miedo", y explicar su propio país con esta "Eddington". Mediante un humor negrísimo y una voluntad inquebrantable de meter el dedo en la llaga. Podemos achacarle muchas cosas a este director pero hay algo que me parece encomiable y es su capacidad de enfrentarse al miedo, ya sea propio o ajeno, mediante la aproximación cómica. Porque por encima de todo de esto van estas películas. Del miedo y sus múltiples manifestaciones. Y concretamente en "Eddington", de la instrumentalización del miedo en la sociedad estadounidense, aunque diríase mundial, post pandemia.

La acción de la película nos sitúa en la piel del sheriff de Eddington Joe Cross, interpretado por un entregado Joaquin Phoenix, en el estallido de la pandemia del Covid y durante las inminentes elecciones de la ciudad. La sinopsis nos la vende como un duelo neo-western entre él y el alcalde Ted Garcia (Pedro Pascal) pero en realidad esta es la historia de Cross y su paulatina caída en el abismo. El personaje de Pascal es un personaje secundario que realmente tiene un peso más simbólico en la historia. Cross es un producto típico del medio y sus circunstancias, un hombre emasculado por una suegra dictatorial, abatido por una comunidad que no le respeta y aletargado por una relación conyugal rota. En su desesperado intento de huir de esta realidad decide presentarse a las elecciones. El Covid-19 si bien tiene un papel capital para entender la trama de la película en buena medida no es más que un macguffin para poner a los personajes en una situación desesperada, de la misma forma que las manifestaciones y disturbios causados por la brutalidad policial son una manifestación de la ira de un país igual de roto y confuso que el protagonista. El miedo a ser permanentemente desoído y amordazado como ser humano impulsa a Cross a realizar actos desesperados. De la misma manera que el miedo a ser sistemáticamente maltratados empuja a una masa de personas a cometer actos desesperados.

Es muy difícil ponerte en la piel de este sheriff de Nuevo México, un hombre triste y vacío, sin mayor propósito en la vida que ser aquello que los demás esperaban que fuera. Un hombre que solo se ve empoderado empuñando un arma, que se niega a usar mascarilla y tiene una inquina malsana hacia el alcalde por un acontecimiento pueril del pasado. Sin embargo, raras veces es fácil conectar con los personajes de Aster más allá de un nivel puramente epidérmico, pues su complejidad y sus aristas los hacen aterradoramente humanos. No obstante, Aster les escribe con sumo cuidado y atención al detalle. No nos vende a Cross como un negacionista, ni un enajenado con una bandera confederada en el porche, ni tampoco frivoliza sobre el trauma de su esposa (Emma Stone). De la misma forma que tampoco nos presenta un inmaculado alcalde progresista, que mientras por un lado se asegura del cumplimiento de la normativa sanitaria está intentando levantar un complejo de datos en medio del desierto que probablemente afectará negativamente a las precarias vidas de la reserva india contigua. Los personajes secundarios que pueblan la cinta actúan como testigos en ocasiones mudos de la tragedia que está por venir. Una tragedia anclada en rencillas del pasado y odios acérrimos acentuados por la sinrazón y los prejuicios.

En esta América las comunidades pequeñas ya no son esos idílicos paraísos suburbanos de los 60, el mundo moderno las ha pasado por encima y las ha sumido en una crisis de identidad, las ha convertido en un páramo de inexactitud ideológica, perpetuado por el olvido constante del gobierno federal más centrado en las costas. La sociedad desquiciada del siglo XXI produce monstruos a velocidad de vértigo, seres arraigados en el entorno como alimañas, enrabietados, esperando el momento para revolverse y estallar. Así es Joe Cross, un hombre mundano que decide tomar las riendas de su vida de la peor manera posible. La sociedad de la desinformación no solo produce sus propios esperpentos, también les otorga un escenario de excepción para ser mostrados al mundo en directo. Las redes sociales, más bien entramados de individuos asociales conectados por el miedo, distribuyen eficientemente cualquier mensaje apoyado en el rencor y la intolerancia. Ya lo decía Wilde, es cuando nos escondemos tras la máscara cuando empezamos a decir la verdad. Y no existe mejor enmascaramiento que el rostro digital. Las hordas de QAnon y MAGA nos llevan años de ventaja en ese sentido, creando e inventando una retórica para la nueva post-verdad: aquella mentira que de tanto repetirla pasa a ser conocimiento prístino. La polarización de las sociedades modernas solo puede darse en este caldo de cultivo completamente deformado por nuestros propios miedos. Solo nos informamos con medios afines, decidimos que es cierto y que no en base a conocimientos falsos y medias verdades. Y nos enfrentamos en nombre de individuos amorales a los que les traemos sin cuidado. Resulta irónico pensar que tanto Cross como Garcia están ideológicamente tan alejados como nosotros podemos estarlo de nuestro vecino del tercero C. El alcalde acumula papel higiénico mientras el sheriff pone a punto su arsenal. Pero cuando dejamos que el miedo nos gobierne es fácil ver enemigos por todas partes, igual que es fácil deshumanizar al otro y caer en la tentación de pensar que sin el otro tu vivirías mejor.

Como alguien que ha vivido con miedo gran parte de su vida esta "Eddington", que junto con Beau forma ya un díptico indisoluble y una de las disecciones más certeras sobre el asunto, ha resultado ser una película esclarecedora y reconfortante. Porque mediante el humor, la sátira y la pantomima ponemos rostros y nombres al miedo, le despojamos de su capacidad atenazante y mediante la risa liberadora conseguimos desembarazarnos de él. Es bueno hacerlo cuando los tiempos parecen más oscuros que nunca. Cuando todo parece irse al garete. Pero amigos, si dejamos atrás el miedo entenderemos que existen caminos todavía en los que encontrarnos. Existen vías para entendernos unos a otros un poquito mejor. Y una vez hagamos eso, el miedo ya no cumplirá ningún papel en nuestra sociedad. Será irrelevante, inocuo, carecerá de su capacidad de persuasión. De corazón espero que así sea.

"This aggression will not stand, man"
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#2
Gran escrito, como siempre, Dave.

Haces que me entre la necesidad de ver la película, aunque esa necesidad ya la tuve hace semanas, pero dejé pasar mi oportunidad. Escogí ver otras películas (de las que en cualquier caso no me arrepiento) y, ahora, este Viernes, me la quitan de cartelera. Y antes no puedo ir.

Habrá que esperarse a que salga en streaming, con un poco de suerte me la ponen en Amazon igual que 'Beau Tiene Miedo'. Si es así, me volveré a pasar por aquí.
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#3
Nuevo ejemplo de como @davesanchoo nos vende una película como ningún publicista es capaz. Genial trabajo como siempre.

Ignoro cuando voy a ver "Eddington" (y si la veo va a ser por tu crítica), pero después de "Beau tiene miedo" el Ari Aster me ha dejado con una gran pereza para volver a verle sus próximos trabajos (me pasa con él como con el Refn tras verle inicialmente "Drive" y después "Sólo Dios perdona"). En cuanto a "Beau tiene miedo" entiendo (más o menos) sus méritos e intenciones pero para lo que queda el final me pareció una experiencia demasiado excesiva. 

Ya volveré por aquí si tengo la oportunidad.
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#4
Bravo, Dave. Menuda pedazo de reseña. Por cosas así este blog es el último refugio de internet.
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