El "True Crime", se está convirtiendo en uno de los pilares de la oferta de series en "streaming, y en especial de Netflix. Y aunque por regla general se hace a través del género documental, aquí tenemos una dramatización de uno de los episodios de la crónica negra de los últimos años que más han conmocionado a a la opinión pública.
En realidad el creador de la serie Ramón Campos, ya había reflejado los hechos hace 7 años en una estimable y apreciada serie documental: "El caso Asunta: Operación Menúfar", la cual también está disponible en Netflix. Sin embargo el paso del tiempo y la aparición de nuevos datos e informaciones sobre el tema hicieron que dicho productor se planteara volver a retomar la crónica sobre el asesinato de la niña Asunta Basterra, sin embargo, dada la dificultad para que las personas que aportaban dichos datos(Como el amante secreto de la condenada por el crimen Rosario Porto) accedieran a aparecer en pantalla, esta vez ha optado por el formato de la ficción basada en hechos reales, tomándose ciertas libertades, pero en líneas generales ciñéndose a los hechos conocidos y documentados.
La verdad es que no dejamos de movernos en terrenos muy resbaladizo, donde es fácil caer en el morbo y la explotación de la cruel muerte de una niña de 13 años, Campos, intenta huir de ello, sin embargo estamos ante una historia tremendamente dura y perturbadora, de no fácil digestión, en especial su capítulo 5 donde se nos escenifica dos posibles teoría de como fue la muerte de la niña, y aunque se evita caer en lo explicito y el primer plano, lo que se nos cuenta no deja de ser desasosegante y duro de visionar, especialmente para aquellos que sean padres.
"El caso Asunta" es una serie que nos obliga a mirar a lo más oscuros de la condición humana, no solo porque es la crónica de un crímen execrable, sino por el retrato de sus progenitores que fueron considerados, por un jurado, culpables de tal abominación y aunque la serie en ningún momento da 100% probada su culpabilidad, admitiendo que existe una duda razonable sobre el veredicto que les condenó, no por ello niega que Rosario Porto y Alfonso Basterra eran dos personas que bajo su apariencia de pareja social y económicamente acomodada que junto a su hija Asunta, formaban una familia idílica, se escondía un lado tenebroso y secretos inconfesables.
Pero ese lado turbio no solo se limita a las personalidades de los dos convictos, sino también a un entramado policial y judicial en el que los individuos que han de investigar los hechos, no pueden conseguir siempre tener una mirada imparcial, al proyectar en su labor sus propias emociones y circunstancias personales, o su deseo de tener una carrera exitosa, aún a costa de que el precio sea condenar a un posible inocente. Institucionalmente se establece que nuestro sistema legal es imparcial, pero ¿Podemos tener la certeza de que las personas que forman parte de él pueden llegar a serlo?. Sobre todo con una institución como la de El Jurado, formado por ciudadanos que no son impermeables al contante bombardeo, que desde los medios de comunicación, se les somete por quienes en aras de ganar audiencia, vender periódicos, o ganar más visitas a su web, no dudan en pontificar contando a la audiencia como hechos probados, lo que en el fondo no son sino meras especulaciones. Si buscáis grabaciones en Youtube encontrareis como un locutor de radio con tanto seguidores que le siguen a pie juntillas como Federico Jiménez Losantos al hablar del crimen con un colaborador, les decía a la audiencia que los padres eran los asesinos y cual eran sus motivaciones, sin usar ningún momento el condicional o el modo verbal subjuntivo.
Recordemos también como los medios usaron la imagen de Rosario Porto riendo en el registro de su Hacienda como prueba de que era una madre insensible ante la muerte de su hija y por tanto culpable, o como a determinadas fotos hechas por su padre a la hija, de forma bastante tendenciosa la usaron para manipular a la audiencia y venderles la certeza de que Alfonso Basterra era un pederasta que abusaba de su hija. Todo en aras de vender carnaza.
Ese poner el dedo en la llaga de lo más oscuro y sombrío de la condición humana, tanto a nivel individual como social es uno de los puntos fuertes de la serie. Pero sin duda el pilar fundamental es la magnífica labor interpretativa de todo su elenco, destacando por encima una Candela Peña que borda el personaje de Rosario Porto, componiendo una mujer frágil, inestable, capaz de pasar de la frialdad a la desolación más absoluta en un abrir y cerrar de ojos, y sobre la que siempre hay un halo de ambigüedad sobre su culpabilidad. Ambigüedad que también transmite Tristán Ulloa como Alfonso Basterra, componiendo a un individuo de carácter más fuerte, frío y calculador, pero económicamente y emocionalmente atado a su esposa. A su labor le acompaña un excelente elenco con nombres como Javier Gutierrez, que interpreta al juez de instrucción obcecado con la culpabilidad del matrimonio, Carlos Blanco y María León como la pareja de Guardia Civiles encargado de la investigación, Raul Arevalo, Francesc Orella y Alicia Borrachero como los abogados encargados de la defensa de los acusados.
Con la siempre cuidada factura técnica de las producciones de Bambú y Netflix(Es increíble como han mejorado la serie españolas en este aspecto desde que las grandes plataformas de "streaming" empezaron a apostar por producciones "Made in Spain"), "El caso Asunta" es una serie absorbente, que atrapa incluso aunque se conozcan los pormenores y la resolución del caso gracias a la gran labor de su elenco. Pero es una serie desasosegante que deja un sabor muy amargo tras su visionado, y mucha inquietud, porque como dice la frase promocional, le sucedió a una familia normal.

