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Los padres Karras y Bueno: sus problemas de fe.
#1
Un comentario antes de empezar:
    -El título de esta reflexión se va a corresponder tal cual con lo que voy a escribir: un problema de fe de dos personajes de ficción religiosos. Sólo añadir que no pretendo catequizar ni hacer proselitismo porque soy agnóstico y tampoco denigrar ni faltarle a nadie porque me gusta pensar que soy una persona  mínimamente respetuosa con los demás. Una vez clarificado este tema empiezo:

    Con esto de las fechas actuales no he podido evitar recordar una noticia que publicamos hace unos meses en este foro:

Scorsese recibe del Papa el encargo de hacer otra película sobre YISUS

[Imagen: scorsese-papa-francisco-6474a529efd06.jp...ize=1200:*]
    La verdad es que me parece muy bien que tito Martin realice una película sobre la vida de Jesucristo (bueno, en realidad me parece muy bien que haga una película de lo que le dé la real gana), pero tampoco es una noticia que me haga saltar de alegría. El motivo es que nunca me han acabado de convencer las películas basadas en los textos bíblicos (da igual que el autor sea Gibson, Scorsese o Demille), puedo apreciarlas como productos artísticos pero supongo que como receptores y difusores de la fe nunca me tocaron la fibra sensible como pueden ser obras como ésta:
[Imagen: 98.jpg?crop=1480,833,x0,y84&width=1900&h...mat=webply]
    Y esto me lleva a pensar: ¿Cuáles son aquellas películas u obras de carácter religioso que me convencen y con las que disfruto? Tengo claro que son aquellas fuera de las Sagradas Escrituras  que de una forma u otra me invitan a la reflexión. Éstas son las primeras que me vienen a la cabeza y probablemente muchos pensareis que son un tanto obvias:
[Imagen: narciso-negro1.jpg]
[Imagen: La_misiaon-665905558-large.jpg]
[Imagen: 096068.jpg]
[Imagen: Silencio-529931477-large.jpg]
    Y luego hay un punto y aparte. Luego está “El exorcista” de William Friedkin:
[Imagen: CCL-ppal-2023-Cine.Club_.Literario-Elexo...blatty.jpg]
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#2
Al margen de lo más o menos que guste esta película como experiencia terrorífica tiene un mérito que a mi me parece incuestionable y que nunca se alabará lo suficiente: la interpretación del actor Jason Miller como el padre Damien Karras.  Dicho sacerdote es un jesuita con carrera universitaria (psiquiatra para ser más concreto) que además es un deportista que impresiona de tener una salud de hierro.
[Imagen: tumblr_p599qlodeS1r6tq2so4_400.gif]
    A pesar de la pinta de sanote que luce nuestro protagonista hay algo que intuimos que falla. Si bien puede correr kilómetros y puede meterle unas buenas trompadas al saco de boxeo hay momentos que el padre Damien flojea ostensiblemente e ironicamente en actividades nimias como levantar la hostia para la consagración. Ese temblor y ese titubeo es uno de los grandes méritos de la interpretación sutil del señor Miller y es señal de algo que luego se confirmará por boca del propio sacerdote: Damien Karras sufre porque tiene dudas, Damien Karras sufre porque no tiene fe.
    Y es en este momento cuando paso a hablar de (en mi opinión) uno de los grandes personajes de la literatura española junto a Don Quijote, el Lazarillo de Tormes, Salvador Monsalud o Lope de Aguirre. Ese personaje es Manuel Bueno (nuevamente en mi opinión) la mejor creación del escritor Miguel de Unamuno.
[Imagen: miguel_de_unamuno-filosofia-literatura_1...24x576.jpg]
    Al igual que en la película de la cual ahora tratamos Manuel Bueno es descrito de forma positiva: “Tendría él, nuestro santo, entonces unos treinta y siete años. Era alto, delgado, erguido, llevaba la cabeza nuestra Peña del Buitre lleva su cresta y había en sus ojos toda la hondura azul de nuestro lago”. Y al igual que su compañero de oficio antes mencionado tiene su misma problemática: no cree en el Cielo ni en la vida más allá de la muerte. Realmente no cree en los dogmas que predica.
    Supongo que la pregunta obvia es preguntarnos porque nuestros protagonistas siguen ejerciendo su magisterio si no tienen fe. En el caso concreto de Manuel Bueno, Unamuno lo explica de una forma muy sencilla y comprensible:  si bien Manuel Bueno no tiene fe en los dogmas de la religión sí tiene fe en la religión como instrumento para hacer del mundo en el que vive un lugar mejor. Y por esta razón se nos presenta como mártir de esta causa: el señor Bueno ha ofrecido su vida como un sacrificio, un holocausto por un bien más elevado.
    Algo parecido le sucede al Padre Damien, pero en este caso su sacrificio es menos sutil: después de una gran calamidad moral (que no voy a desvelar por no destripar un detalle imprescindible para entender al personaje) que lo deja devastado, nuestro heroe redescubre la fe por el uso de una lógica simplista: si existe el Diablo tiene que existir Dios, y así se mete de lleno en un desafío sobrenatural como San Jorge contra el Dragón…
[Imagen: 21886207.gif]
    Y este heroísmo, este sacrificio vital, esta fe afortunadamente no se da sólo en la religión. Dentro de las malas noticias que siempre nos asolan también hay aquellas sobre médicos que tratan enfermos con patologías contagiosas potencialmente letales, guardias que rescatan a naufragos aun a riesgo de sus propias vidas o bomberos que se lanzan a edificios en llamas aunque éstos estén a punto de caerse entre otras muchas profesiones. Todos por un bien mayor al margen de sus creencias personales.
[Imagen: 9-11-september-11-world-trade-center-firefighter.jpg]
    Cuando recuerdo estos dos personajes ficticios sólo espero que si existe un Dios infinitamente misericordioso no tenga en cuenta ese fragmento de la carta de San Pablo a los Corintios: “Si sólo en esta vida esperamos en Cristo, somos los más miserables de los hombres todos”. Porque somos humanos, y los humanos no podemos evitar tener dudas.
[Imagen: meryl-streep-doubt.gif]
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