22-02-2024, 08:06 AM
(Última modificación: 22-02-2024, 08:07 AM por Sabandija asquerosa.)
La crítica que voy a colgar no es mía. Se la acabo de leer a un colega que se dedica a hacer esa cosa tan antidiluviana como es escribir críticas de pelis en Facebook. Normalmente son más cortitas y normalmente son pelis de terror (porque el tipo se ve una peli de terror al día desde hace 30 años, y ahí entra mucha mierda pero también grandes descubrimientos). El caso: que anoche colgó esta crítica al clásico inmortal de Minelli y me ha parecido muy la polla y he pensado que os podría gustar. Si le queréis seguir, su nombre en Facebook es David Cavanilles (y esto no es publicidad porque a él se la suda si le sigue la gente o no).
Con todos ustedes, la crítica:
“Acabo de ver Cautivos del Mal (1952), de Vicente Minelli. Es difícil definir bien lo que se siente. Todos ustedes, moderninchis y hipsters y gente rara en general, no saben en absoluto cuál es la sensación: ser un tipo al que le gusta el cine, pero de verdad; las partes claves aquí son “gusta” (sabes que es un medio en el que te cuentan cosas que te importan y te hacen mejor persona y te divierten y luego se te quedan dentro por siempre jamás y las usas para ligar con la señorita pobremente preparada que va de guay y te levantas por la mañana y has visto las pelis correctas y eres mejor que los demás) y “cine” (que es una cosa que te bajas de interné y cuando lo ves algunas veces piensas que te gusta, pero muy de vez en cuando sabes que es una de las razones por las que la humanidad no debería, después de todo, ser execrada por un meteorito grandote, como los de Rusia pero a lo bestia, y que es la forma en la que la gente que sabe cosas de verdad y no como usted, comparte lo que siente y lo que en general le sale de los cojones, en todos los sentidos, y cuando acabas de verlo te quedas un rato sin saber qué decir, y si no te pasa eres una forma de vida despreciable).
Minelli (pero sobre todo Charles Schnee) hace aquí una cosa que es, directamente, increíble: a través del método más sencillo y directo (la historia en episodios) describe la absoluta totalidad de los arquetipos humanos, pero bien, sin chistecillos chorras ni simplificaciones como de cine español. Y además ordenado con dos cojones. Primero te cuenta la historia del director traicionado, la más sencilla pero que te pone en situación y ya sabes qué tienes que esperar en lo sucesivo: Shields, el productor interpretado por Kirk Douglas, es un mierda, como los que usted y usted y yo mismo estamos acostumbrados a tratar “porque el negocio es así”, dicen los hijos de perra.
Pero luego te cuentan la historia de la actriz overexploited (¿es Lana Turner la mujer más atractiva de la historia de la Humanidad por el método de ser la más guapa y la más verdadera a la vez, y porque se parece a todas las mujeres guays que has conocido?), y de repente Shields no es del todo un mierda. Es miserable, es verdad, y un manipulador y, en general, un hijo de mil coyotes, pero por lo menos sabes que no está disfrutando de ello en absoluto. Es como un piloto de pruebas que sólo quiere estrellarse. Pero conduce un autobús de línea lleno de más gente, y eso tampoco es, hombre.
Y para rematar, te cuenta el caso del escritor que, como no podía ser de otra manera, es de lejos el personaje más estupendo de toda la peli. Pónganse ustedes, si son capaces, que no sé yo, en su situación: un tipo que se saca una pipa encendida del bolsillo de la chaqueta (probablemente ignífuga), y es profesor en una universidad, y mira las cosas y piensa cosas chulas de ellas, y tiene una señora que es un poco plasta pero que es más buena que el pan y además está semirrica, y no quiere hacer nada más en el mundo que escribir sus mierditas y acostarse con su señora cuando puede y ganar un Pulitzer y sentarse en su mecedora a escribir otro rato y así echa el día, bueno, pues este buen hombre es engañado vilmente para vender su alma a Hollywood y Shields y hacer una peli. Pero como es un tipo estupendo lo hace bien, y se amolda, y enseguida le encuentra el rincón adorable al productor, y a su manera lo disfruta.
Pero entonces va el sistema (con el hoyuelo de Kirk Douglas) y se las apaña para destruir todas y cada una de las cosas que le importan, convirtiendo a su señora intachable en una zorra infiel, y luego matándola, y convirtiendo también su obra en un montón de mierda fotografiada en pantalla.
Hasta aquí todo parece llevarnos irremediablemente a la historia por antropofagia del cine (y de la Humanidad): la redención. Pues no, te jodes. Los tres personajes en cuestión son llevados en el clímax a decidir: ¿puedes perdonar a Shields?, después de todo, conocéis también su lado más humano. Y no. No le perdonan. Y hacen bien. No es como si “ser humano” fuera necesariamente bueno. Más normalmente al contrario. Y ese es el mensaje final. ¿Cómo se te queda el cuerpo?
Esta es una historia tan absolutamente moderna (en su factura incluso, con la salvedad quizás de los pantalones de cuello vuelto), que te hace preguntarte, ¿contra qué está luchando el cine actual? ¿De verdad ha cambiado tanto la gente como para que esta historia no sea extraordinariamente atractiva?
Yo no sólo no lo creo, sino que además les desprecio a ustedes que lo creen. Es directamente asombroso que nos estén intentando colar (con éxito) a Django Unchained (2012) ya no sólo como un ejercicio de cinefilia y amor a la historia del séptimo arte, sino siquiera como una historia de rehabilitación moral, estudio de las personalidades humanoides o (incluso, hay que joderse) reivindicación social de alguna clase parduzca. Django es una peli de puñetazos, tan extremadamente deudora del spaghetti western que es muy inferior a la mayor parte de estas pelis, que ya es decir, porque en ese género hasta las buenas son una mierda. Y si la referencia es el cine de artes marciales de Hong Kong entonces ya directamente ni me quito el pijama. Lo que pasa es que ustedes, y me refiero a esos del fondo con las gafas de madera, creen DE VERDAD que generar un meme en Internet tiene el más mínimo valor, y decir a bocinazos en un bar de viejos lleno de gente con pantalones pitillo que “la violencia es el nuevo pacifismo” debería llevarte a los altares de la cultura. Pues no, tronco. Eres un imbécil perfectamente acultural.
Una vez más, ¿cómo se te queda el cuerpo?”
Con todos ustedes, la crítica:
“Acabo de ver Cautivos del Mal (1952), de Vicente Minelli. Es difícil definir bien lo que se siente. Todos ustedes, moderninchis y hipsters y gente rara en general, no saben en absoluto cuál es la sensación: ser un tipo al que le gusta el cine, pero de verdad; las partes claves aquí son “gusta” (sabes que es un medio en el que te cuentan cosas que te importan y te hacen mejor persona y te divierten y luego se te quedan dentro por siempre jamás y las usas para ligar con la señorita pobremente preparada que va de guay y te levantas por la mañana y has visto las pelis correctas y eres mejor que los demás) y “cine” (que es una cosa que te bajas de interné y cuando lo ves algunas veces piensas que te gusta, pero muy de vez en cuando sabes que es una de las razones por las que la humanidad no debería, después de todo, ser execrada por un meteorito grandote, como los de Rusia pero a lo bestia, y que es la forma en la que la gente que sabe cosas de verdad y no como usted, comparte lo que siente y lo que en general le sale de los cojones, en todos los sentidos, y cuando acabas de verlo te quedas un rato sin saber qué decir, y si no te pasa eres una forma de vida despreciable).
Minelli (pero sobre todo Charles Schnee) hace aquí una cosa que es, directamente, increíble: a través del método más sencillo y directo (la historia en episodios) describe la absoluta totalidad de los arquetipos humanos, pero bien, sin chistecillos chorras ni simplificaciones como de cine español. Y además ordenado con dos cojones. Primero te cuenta la historia del director traicionado, la más sencilla pero que te pone en situación y ya sabes qué tienes que esperar en lo sucesivo: Shields, el productor interpretado por Kirk Douglas, es un mierda, como los que usted y usted y yo mismo estamos acostumbrados a tratar “porque el negocio es así”, dicen los hijos de perra.
Pero luego te cuentan la historia de la actriz overexploited (¿es Lana Turner la mujer más atractiva de la historia de la Humanidad por el método de ser la más guapa y la más verdadera a la vez, y porque se parece a todas las mujeres guays que has conocido?), y de repente Shields no es del todo un mierda. Es miserable, es verdad, y un manipulador y, en general, un hijo de mil coyotes, pero por lo menos sabes que no está disfrutando de ello en absoluto. Es como un piloto de pruebas que sólo quiere estrellarse. Pero conduce un autobús de línea lleno de más gente, y eso tampoco es, hombre.
Y para rematar, te cuenta el caso del escritor que, como no podía ser de otra manera, es de lejos el personaje más estupendo de toda la peli. Pónganse ustedes, si son capaces, que no sé yo, en su situación: un tipo que se saca una pipa encendida del bolsillo de la chaqueta (probablemente ignífuga), y es profesor en una universidad, y mira las cosas y piensa cosas chulas de ellas, y tiene una señora que es un poco plasta pero que es más buena que el pan y además está semirrica, y no quiere hacer nada más en el mundo que escribir sus mierditas y acostarse con su señora cuando puede y ganar un Pulitzer y sentarse en su mecedora a escribir otro rato y así echa el día, bueno, pues este buen hombre es engañado vilmente para vender su alma a Hollywood y Shields y hacer una peli. Pero como es un tipo estupendo lo hace bien, y se amolda, y enseguida le encuentra el rincón adorable al productor, y a su manera lo disfruta.
Pero entonces va el sistema (con el hoyuelo de Kirk Douglas) y se las apaña para destruir todas y cada una de las cosas que le importan, convirtiendo a su señora intachable en una zorra infiel, y luego matándola, y convirtiendo también su obra en un montón de mierda fotografiada en pantalla.
Hasta aquí todo parece llevarnos irremediablemente a la historia por antropofagia del cine (y de la Humanidad): la redención. Pues no, te jodes. Los tres personajes en cuestión son llevados en el clímax a decidir: ¿puedes perdonar a Shields?, después de todo, conocéis también su lado más humano. Y no. No le perdonan. Y hacen bien. No es como si “ser humano” fuera necesariamente bueno. Más normalmente al contrario. Y ese es el mensaje final. ¿Cómo se te queda el cuerpo?
Esta es una historia tan absolutamente moderna (en su factura incluso, con la salvedad quizás de los pantalones de cuello vuelto), que te hace preguntarte, ¿contra qué está luchando el cine actual? ¿De verdad ha cambiado tanto la gente como para que esta historia no sea extraordinariamente atractiva?
Yo no sólo no lo creo, sino que además les desprecio a ustedes que lo creen. Es directamente asombroso que nos estén intentando colar (con éxito) a Django Unchained (2012) ya no sólo como un ejercicio de cinefilia y amor a la historia del séptimo arte, sino siquiera como una historia de rehabilitación moral, estudio de las personalidades humanoides o (incluso, hay que joderse) reivindicación social de alguna clase parduzca. Django es una peli de puñetazos, tan extremadamente deudora del spaghetti western que es muy inferior a la mayor parte de estas pelis, que ya es decir, porque en ese género hasta las buenas son una mierda. Y si la referencia es el cine de artes marciales de Hong Kong entonces ya directamente ni me quito el pijama. Lo que pasa es que ustedes, y me refiero a esos del fondo con las gafas de madera, creen DE VERDAD que generar un meme en Internet tiene el más mínimo valor, y decir a bocinazos en un bar de viejos lleno de gente con pantalones pitillo que “la violencia es el nuevo pacifismo” debería llevarte a los altares de la cultura. Pues no, tronco. Eres un imbécil perfectamente acultural.
Una vez más, ¿cómo se te queda el cuerpo?”

