Bien...
Seguramente esta, que es mi primera intervención subiendo un tema no quede muy bien, pero ¡Qué carajos! Había que intentarlo:
He ido a ver "Los Fabelman" de mi "Maestro" Steven Spielberg.
Debería escribir una crítica hecha y derecha pero con este señor no puedo y probablemente menos con esta cinta.
Les pongo en contexto:
Crecí en un entorno y época donde el popular era el deportista, el que sabía bailar, el que era bueno "ligando a las chavas", el que era rebelde y "muy hombre". Yo... era exactamente lo opuesto, introvertido, serio, amante de las películas, los libros, la música sinfónica, en particular los soundtracks, del teatro, de contar historias...
Y así fue desde mi infancia, en la escuela primaria, cada recreo eran las mismísimas tribulaciones de Job, porque había un grupo de niños (engendros de Satán debería decir) que se dedicaban exclusivamente a golpearme... mis padres en casa se ponían unos pleitos que ni Mick Tyson en su mejor momento. Yo todo lo supe y todo me lo callé.
Lo anterior no lo digo para victimizarme ni nada por el estilo, todos esos años y vivencias los tengo creo yo, superados. A lo que voy es que en esa época en la que yo parecía "Hamletito" cabizbajo por los rincones de la casa y la escuela, con la autoestima en calidad de puré de melocotón y deseaba estar en cualquier otro lugar, de preferencia en una galaxia muy lejana y encontré un consuelo: "Star wars"... una distracción: "Tiburón" y una vocación: "Indiana Jones". Me emocioné con el "Superman" de Donner, con "La aventura del Poseidón" de Irving Allen, con Sergio Leone, con Ridley Scott y su "Alien" con Carpenter y su "Cosa del otro mundo", con "Los Goonies", "Volver al futuro"... Zemeckis, Silvestri, Scott, Morricone, Cameron, Goldsmith, Ron Howard, Lucas, Coppola y Scorsese... Descubrí gracias sobre todo ¡Oh ironía! A mis padres a Wyler, a Rozsa, a Ford... y Wilder, Hitchcock, Herrmann, Olivier, Chaplin, De Mille, Curtiz, a James Bond y John Barry... A David Lean y Maurice Jarre, A David Lynch y Angelo Badalamenti, a James Horner, a todos los Newman (Alfred, Thomas, David, Randy...)
Pero siempre volvía a Spielberg y Williams. Siempre lo he hecho.
Hasta sus películas menos valoradas (Amistad, Hook...) me han dejado algo.
Y así, me volví docente, teatrero, dramaturgo, escritor... desconocido, escondido en una pequeña ciudad, pero siempre con la ilusión de como dicen en la película que intento reseñar, sin haber empezado siquiera, Los Fabelman: "haz lo que tu corazón te dicte y así no le deberás la vida a nadie".
Todo este prolegómeno, sirva para adelantar que no esperen objetividad: estoy reseñando algo que amo, de verdad lo amo con cada fibra de mi ser, con la carne y con el alma, con el corazón y con la mente: Las películas del Tito Spielberg y la música del legendario Williams. Se me notará el plumero y no me avergüenzo de ello.
Para colmo, en esta ocasión, el barbas nos regala una obra en la que no sólo lo vi crecer, también me pude ver. De hecho al terminarla, mi mujer estaba como expectante, esperando a ver en qué momento me rompía y sucedió de una forma poco esperada, con una sencilla conversación: "no sé cómo sentirme, no me puedo identificar con él, sería un acto de ego inconmensurable, él cambió mi vida... muchas vidas... yo tan sólo vi sus películas".
Creo que a diferencia de lo que pudiera pensarse, no es una película que parta desde el ego, la veo más bien como un ejercicio de sanación, de perdón, de aprender a dejar ir, de cómo dice el protagonista de "El príncipe de las mareas": "aprendí a amar y aceptar a mis padres a pesar de su muy imperfecta humanidad".
Williams está sublime como siempre, pero con una diferencia, en esta ocasión es muy poco Tchaikovsky y es casi subliminal, es como escuchar a Satié. Es de las cintas de Spielberg con una fotografía menos preciosista, es muy poco "Caballo de guerra", es con muchas menos ínfulas que "La lista de Schindler", es con menos efectismos que "West side story", por supuesto que no hay un sonido innovador ni atronador, es la cinta del Maestro que más modesta parece. Aún más que "Tiburón" o "Siempre"... no hay lecciones de historia como en "the post", "Lincoln" o "Amistad". Solamente hay... una familia como tantas otras, con un chico como tantos, tratando de encontrarse, él lo hizo con su indescriptible talento para contar historias a través de una cámara, de efectos, música y edición; elementos todos que si me apuran, suelen ser los recursos que mejor sabe usar el autor de este "autobiopic" que se cocinó para decir adiós a Leah y Arnold, sus padres. Me parece muy bello e inteligente como Steven no juzga a nadie en este recuerdo, ni al muy inteligente y a veces cuadrado padre, ni a su muy artística y en ocasiones irresponsable madre, ni a sus cómplices hermanas ni al Tío que es más de lo que aparenta, ni a la clasista y fría abuela, ni a sus indiferentes (inexistentes) maestros, ni siquiera a sus "bullys". Aquí hay amor pa´todos, incluso cuando a veces no lo merecen.
Gracias por el viaje Steven, gracias por las notas John, gracias por los cortes Michael, gracias por las luces Janusz, gracias por la recreación Rick, por las palabras Tony, por la actuación Michelle (en realidad todo el reparto está soberbio pero ella destaca).
Entiendo que no sea un éxito, de hecho, me pregunto si es una película "gustable" para alguien que no esté familiarizado con este cineasta. Pero para mí, fue, como dije en el párrafo anterior, un viaje, y como todo viaje: es aleccionador, es interesante, es bello, viajar es crecer, es aprender, es añorar, es revivir, viajar es... regresar.
¿Spoiler?: Al final el muchacho Fabelman encuentra su vocación y sigue a su corazón para así, no deberle la vida a nadie.
Seguramente esta, que es mi primera intervención subiendo un tema no quede muy bien, pero ¡Qué carajos! Había que intentarlo:
He ido a ver "Los Fabelman" de mi "Maestro" Steven Spielberg.
Debería escribir una crítica hecha y derecha pero con este señor no puedo y probablemente menos con esta cinta.
Les pongo en contexto:
Crecí en un entorno y época donde el popular era el deportista, el que sabía bailar, el que era bueno "ligando a las chavas", el que era rebelde y "muy hombre". Yo... era exactamente lo opuesto, introvertido, serio, amante de las películas, los libros, la música sinfónica, en particular los soundtracks, del teatro, de contar historias...
Y así fue desde mi infancia, en la escuela primaria, cada recreo eran las mismísimas tribulaciones de Job, porque había un grupo de niños (engendros de Satán debería decir) que se dedicaban exclusivamente a golpearme... mis padres en casa se ponían unos pleitos que ni Mick Tyson en su mejor momento. Yo todo lo supe y todo me lo callé.
Lo anterior no lo digo para victimizarme ni nada por el estilo, todos esos años y vivencias los tengo creo yo, superados. A lo que voy es que en esa época en la que yo parecía "Hamletito" cabizbajo por los rincones de la casa y la escuela, con la autoestima en calidad de puré de melocotón y deseaba estar en cualquier otro lugar, de preferencia en una galaxia muy lejana y encontré un consuelo: "Star wars"... una distracción: "Tiburón" y una vocación: "Indiana Jones". Me emocioné con el "Superman" de Donner, con "La aventura del Poseidón" de Irving Allen, con Sergio Leone, con Ridley Scott y su "Alien" con Carpenter y su "Cosa del otro mundo", con "Los Goonies", "Volver al futuro"... Zemeckis, Silvestri, Scott, Morricone, Cameron, Goldsmith, Ron Howard, Lucas, Coppola y Scorsese... Descubrí gracias sobre todo ¡Oh ironía! A mis padres a Wyler, a Rozsa, a Ford... y Wilder, Hitchcock, Herrmann, Olivier, Chaplin, De Mille, Curtiz, a James Bond y John Barry... A David Lean y Maurice Jarre, A David Lynch y Angelo Badalamenti, a James Horner, a todos los Newman (Alfred, Thomas, David, Randy...)
Pero siempre volvía a Spielberg y Williams. Siempre lo he hecho.
Hasta sus películas menos valoradas (Amistad, Hook...) me han dejado algo.
Y así, me volví docente, teatrero, dramaturgo, escritor... desconocido, escondido en una pequeña ciudad, pero siempre con la ilusión de como dicen en la película que intento reseñar, sin haber empezado siquiera, Los Fabelman: "haz lo que tu corazón te dicte y así no le deberás la vida a nadie".
Todo este prolegómeno, sirva para adelantar que no esperen objetividad: estoy reseñando algo que amo, de verdad lo amo con cada fibra de mi ser, con la carne y con el alma, con el corazón y con la mente: Las películas del Tito Spielberg y la música del legendario Williams. Se me notará el plumero y no me avergüenzo de ello.
Para colmo, en esta ocasión, el barbas nos regala una obra en la que no sólo lo vi crecer, también me pude ver. De hecho al terminarla, mi mujer estaba como expectante, esperando a ver en qué momento me rompía y sucedió de una forma poco esperada, con una sencilla conversación: "no sé cómo sentirme, no me puedo identificar con él, sería un acto de ego inconmensurable, él cambió mi vida... muchas vidas... yo tan sólo vi sus películas".
Creo que a diferencia de lo que pudiera pensarse, no es una película que parta desde el ego, la veo más bien como un ejercicio de sanación, de perdón, de aprender a dejar ir, de cómo dice el protagonista de "El príncipe de las mareas": "aprendí a amar y aceptar a mis padres a pesar de su muy imperfecta humanidad".
Williams está sublime como siempre, pero con una diferencia, en esta ocasión es muy poco Tchaikovsky y es casi subliminal, es como escuchar a Satié. Es de las cintas de Spielberg con una fotografía menos preciosista, es muy poco "Caballo de guerra", es con muchas menos ínfulas que "La lista de Schindler", es con menos efectismos que "West side story", por supuesto que no hay un sonido innovador ni atronador, es la cinta del Maestro que más modesta parece. Aún más que "Tiburón" o "Siempre"... no hay lecciones de historia como en "the post", "Lincoln" o "Amistad". Solamente hay... una familia como tantas otras, con un chico como tantos, tratando de encontrarse, él lo hizo con su indescriptible talento para contar historias a través de una cámara, de efectos, música y edición; elementos todos que si me apuran, suelen ser los recursos que mejor sabe usar el autor de este "autobiopic" que se cocinó para decir adiós a Leah y Arnold, sus padres. Me parece muy bello e inteligente como Steven no juzga a nadie en este recuerdo, ni al muy inteligente y a veces cuadrado padre, ni a su muy artística y en ocasiones irresponsable madre, ni a sus cómplices hermanas ni al Tío que es más de lo que aparenta, ni a la clasista y fría abuela, ni a sus indiferentes (inexistentes) maestros, ni siquiera a sus "bullys". Aquí hay amor pa´todos, incluso cuando a veces no lo merecen.
Gracias por el viaje Steven, gracias por las notas John, gracias por los cortes Michael, gracias por las luces Janusz, gracias por la recreación Rick, por las palabras Tony, por la actuación Michelle (en realidad todo el reparto está soberbio pero ella destaca).
Entiendo que no sea un éxito, de hecho, me pregunto si es una película "gustable" para alguien que no esté familiarizado con este cineasta. Pero para mí, fue, como dije en el párrafo anterior, un viaje, y como todo viaje: es aleccionador, es interesante, es bello, viajar es crecer, es aprender, es añorar, es revivir, viajar es... regresar.
¿Spoiler?: Al final el muchacho Fabelman encuentra su vocación y sigue a su corazón para así, no deberle la vida a nadie.

