Bueno pues lo prometido es deuda ¿no? Os diré que me hubiese gustado haber hecho las crónicas mientras estaba todavía allí. Pero ni soy periodista ni pretendo serlo y lo que es más importante: estaba reventao. Incluso para alguien como yo que ve muchas pelis tener que ver casi una treintena en menos de una semana es MUCHO pal body. Los exiguos ratos libres como comprenderéis aproveché para descansar y ver la ciudad, de modo que mi plan de escribir jornada a jornada se fue pronto al traste. Aún así, estos próximos días espero ir relatando lo que vi, lo que comí y lo que percibí durante el festival. El ejercicio de síntesis eso sí deberá ser de aúpa. Tampoco es cuestión de ser un pelmazo. Allá vamos...
Como ya adelanté mi llegada a la ciudad se produjo a eso de las 3 de la tarde del viernes pasado. Mi intención inicial era ver
"Armageddon Time" en el primer pase de las 16:00 horas y volverme ese mismo día a Bilbao. Pero ya sabéis que los del Botxo somos de venirnos arriba sin motivo aparente ni mediar provocación alguna. Y al final pues me agencié una habitación en un hotelito bastante majo y económico en pleno centro de la ciudad de Gijón y con el pase de prensa bajo el brazo pude ver una cantidad ingente de películas sin pagar un chavo. Por qué le darían una acreditación a un hipoglúcido como yo es algo que se me escapa. Pero ahí estaba, comiéndome una hamburguesa de la reconocida
Berty's mientras salivaba doblemente por lo que me aguardaba: la nueva película de mi admirado James Gray.
![[Imagen: Armageddon_Time-706147008-large.jpg]](https://pics.filmaffinity.com/Armageddon_Time-706147008-large.jpg)
La nueva cinta del neoyorquino es la enésima revisitación nostálgica de la infancia de un cineasta. Un tema del que algunos estamos ya un poco hartitos. Pero claro cuando quién lo hace es Gray o el mismísimo Spielberg entonces hay que callarse el boquino. Porque cuando un autor de este talento pone en pantalla los recuerdos infantiles de su alter ego Paul Graff nos descubre un universo de texturas del Queens de principios de los 80 absolutamente delicioso. Una época convulsa en la que la ciudad de Nueva York vivía algunos de sus años más duros y en la que el país abocaba su suerte al reaganismo, cuyas políticas sociales fueron especialmente dañinas para las clases bajas. La película no deja de ser un extremadamente clásico coming of age, cuya trama descansa principalmente en la relación de Paul con su abuelo, un espléndido Anthony Hopkins. Somos testigos de la vida familiar de los Graff, una familia judía de clase media-baja, con sus luces y sus sombras, sus momentos de gozo y alegría, pero también de sus trances más amargos. Todo está contado con una sencillez apabullante con esa puesta en escena sutilmente contenida marca de la casa, primando las interpretaciones de los actores que rayan todos a gran nivel. La película resulta poderosamente emocionante sin dejarse llevar por sentimentalismos baratos, contando con precisión esos momentos íntimos e imperceptibles en los que se producen grandes cambios, ese cruel instante en que el niño empieza a comprender la complejidad de su realidad hasta entonces minúscula e ingenua. Es, en definitiva, un retrato preciosista sobre las primeras veces: la primera amistad real, el descubrimiento de lo que nos apasiona de verdad, la primera pérdida en la familia, el primer traspié, la primera constatación de que los padres no son superhéroes si no seres imperfectos, la primera vez que reconocemos la injusticia y la sinrazón... La tenéis ya en cines, no dudéis en verla amigos.
![[Imagen: MV5BZGIzZDYwZjAtYzY4YS00OTQ1LThiZDQtMzBh...X1000_.jpg]](https://m.media-amazon.com/images/M/MV5BZGIzZDYwZjAtYzY4YS00OTQ1LThiZDQtMzBhODk1MTdjYjIyXkEyXkFqcGdeQXVyNTcwNjUwNzk@._V1_FMjpg_UX1000_.jpg)
Acto seguido me dirigí a los cines donde vería casi todas las sesiones de tarde/noche, unos cines premium recién estrenados con butacones reclinables y sonido Dolby Atmos que eran una gozada. Allí tenía entrada para el reestreno de una de las películas míticas de Hal Hartley, otro cineasta neoyorquino más o menos de la quinta de Tarantino y que al igual que este fue pieza clave en el renacimiento del cine norteamericano independiente de los 90. En esta ocasión se trataba de la cinta
"Amateur", protagonizada por Isabelle Huppert, Martin Donovan y Elina Löwensohn, que era el motivo por el cual se proyectaba la película pues ha recibido un premio a su carrera en el festival. Como todo el cine de Hartley el tono tragicómico es muy marcado en esta historia sobre una monja que abandona su convento convencida de que Dios tiene una misión para ella y cómo cruzarse con un amnésico criminal trastoca su realidad para siempre. Tiene diálogos chispeantes muy divertidos propios de la época y resulta especialmente grato ese retrato de una Nueva York paralela en el que Hartley siempre ubica sus películas. Es verdad que no es una película para todo el mundo porque acaba convertida casi en una comedia involuntaria con escenas realmente desconcertantes e interpretaciones
sui generis. Pero eh, totalmente mi mierda como putita de los 90 que soy.
Por último, cerraba el viernes con un debut en la dirección de los muchos que vería en el festival:
"1976" de Manuela Martelli. Cuenta la historia de una mujer de clase alta que en los primeros años de la dictadura de Pinochet se ve inmersa en el entramado de la oposición al régimen cuando decide ayudar a un joven disidente en apuros. Una cinta que me recordó mucho en el tono y el personaje protagonista a "La mujer sin cabeza" de Lucrecia Martel, que también narraba la peripecia de una mujer de la burguesía que sufría una crisis de identidad tras creer que había atropellado a alguien. En este caso, la película chilena descansa sobre los hombros de la protagonista Aline Kuppenheim que está absolutamente fantástica. Destaca además una puesta en escena centrada en sugerir más que mostrar y que maneja muy bien los momentos de suspense de la historia. Termina además con una secuencia final poderosa y memorable que habla sobre la incapacidad de refugiarnos en la ignorancia una vez que somos testigos del horror. Recomendable.
Y esto fue todo en mi primer día en Asturias. A partir de entonces me iba a tocar madrugar para ver películas todos los días en los pases de prensa, algo nuevo para mí. Pero bueno con el ánimo intacto y la esperanza de maravillarme con nuevos cines encare el fin de semana con confianza e ilusión. También os diré que tonto no soy y previsor un rato y tuve la buena ciencia de coger un hotel a cinco minutos del lugar dónde se hacían estos pases. Que yo sin 7 horitas de sueño no soy persona joder...