(10-12-2024, 09:05 PM)manuwar escribió: Con todo, y honrando siempre al bueno del señor Mcbrain, permíteme decir que yo siempre preferí el frenetismo y descontrol a la batería de Clive Burr (QEPD) en los tres primeros discos de Iron Maiden, por encima de McBrain que era más técnico pero también más soso.
No, si no te voy a discutir ni una coma de lo escrito pero es que no puedo evitar una sonrisa cada vez que me acuerdo cuando hace 22 años el bueno de Nico tiró las baquetas al público y del brinco que di le pillé una al vuelo junto a otro chaval (que fue buena persona y me la cedió (o bien quería evitar un "conflicto diplomático")). Me temo que con Clive Burr no tuve esa interacción  .
Si te molan los baterías cañeros y descontrolados (y sobre todo si va el trash) le echaría una escuchada al grupo polaco "Vader", que a mi me parece la hostia. Presupongo que los conocerás,pero por si acaso.
Llego tarde, porque estoy teniendo unos días un poco de locos, pero nunca puedo resistirme a contar que, hace muchos años, estando yo en una reunión de trabajo absolutamente insufrible fuera de España, acabé tomándome un coca-cola con Nico McBrain en un bar completamente random de Florida.
Mejor noche de mi vida, obviamente.
Creo que ha sabido dar el paso al lado a tiempo, dejándonos a todos con el mejor recuerdo y con ganas de que siga haciendo cositas, aunque no sean las giras, tanto con los Maiden como en sus proyectos personales.
11-12-2024, 06:44 PM
(Última modificación: 11-12-2024, 06:44 PM por Raziel Monsalud.)
(11-12-2024, 03:54 PM)Marveler escribió: Llego tarde, porque estoy teniendo unos días un poco de locos, pero nunca puedo resistirme a contar que, hace muchos años, estando yo en una reunión de trabajo absolutamente insufrible fuera de España, acabé tomándome un coca-cola con Nico McBrain en un bar completamente random de Florida.
Mejor noche de mi vida, obviamente.
@ Marveler, te envidio y al mismo tiempo temería esa situación: si tengo por cualquier razón un desencuentro con el batería de mi grupo jevi favorito, me iba a joder mucho rememorar ese momento cada vez que escuchara una canción de su extensa discografía.
Sobra decir que me alegro mucho por ti.
11-12-2024, 08:00 PM
(Última modificación: 11-12-2024, 08:01 PM por Marveler.)
Tengo que reconocer que en ese sentido he tenido siempre mucha suerte. También creo que en el rock y el metal, salvo el clásico artista pasado de rosca y de estupefacientes, la gente suele ser bastante guay.
Por no contaros toda la peripecia, aquel día, buscando un bar donde tomarnos una copa tras estar todo el día en un congreso, acabamos por casualidad en un sitio donde este buen señor estaba ayudando a recaudar fondos para una causa benéfica tocando con un grupo de chavales que hacían versiones de los Maiden, pero allí, además de la banda, sabíamos quien era él 5 o 6 personas como mucho. Cuando terminó el concierto, se acercó, nos saludó y se quedó como media hora charlando con nosotros. No se puede ser mucho más majo.
18-12-2024, 12:33 PM
(Última modificación: 18-12-2024, 12:34 PM por PUNKRUNNER.)
Detenido un hombre después de que el coche de Google Maps lo fotografiara metiendo un cadáver en un coche en una aldea de Soria.
La policía considera que la víctima, de nacionalidad cubana y cuyo cuerpo fue recientemente descubierto desmembrado en el cementerio, llegó al municipio de Tajueco hace 15 años para encontrarse con su pareja
-La última vez que el dichoso vehículo atravesó el pueblo fue en 2009.
-Habitantes del pueblo vieron hace tiempo la imagen de Google Maps con el individuo cacharreando en el maletero, pero: “¡No imaginábamos que estuviera haciendo nada raro y no le dimos importancia!”
-“No parece 100% que sea él, podría ser alguien cargando leña… pero tampoco pensábamos que en la foto del maletero pudiera haber un cadáver”.
En el tranquilo municipio de Tajueco (Soria, 56 habitantes) nunca pasa nada y si pasase algo seguramente nadie se enteraría, o eso debió de pensar el supuesto asesino cuando introducía un bulto en el maletero de su viejo Rover color borgoña el pasado octubre que ha hecho pensar a los investigadores que podría ser un cadáver. El hombre se confió. Justo mientras se agachaba para dejar el bulto en el portaequipajes, sin vecinos ni curiosos cerca, pasó algo que llevaba 15 años sin pasar: el coche de Google Maps. No es una coincidencia cualquiera, ya que se trata de una aplicación de Google que te permite navegar en los mapas en tres dimensiones, con fotos reales que captan cámaras en coches que circulan por todas las calles. Si alguien visita virtualmente el pueblo en estos momentos y hace un recorrido por sus calles, todavía puede encontrar la foto de la discordia disponible, tomada en octubre de 2024.
La última vez que el dichoso vehículo atravesó el pueblo fue en 2009. Desde entonces nadie o casi nadie habría visto si alguien trataba de desprenderse supuestamente del cuerpo de un cubano que había llegado a Soria en busca de su pareja caribeña, quien a su vez lo engañaba con un vecino con el que había estado casada, el supuesto asesino. Pero llegó el coche de Google Maps y ahora ambos han sido detenidos por firmar un capítulo de crónica negra allí donde creían contar con el mejor aliado: la falta de ojos.
Manuel Isla Gallardo tiene 48 años, es calvo y su coronilla destaca entre la figura encorvada de un hombre en vaqueros, chaqueta azul del Club Deportivo Numancia, botas marrones y manos ocupadas en un largo paquete blanco con forma sospechosamente humana. El sujeto trajina al abrigo de persianas bajadas y puertas de cortinas echadas en la calle del Norte de Tajueco, ajeno al testigo inesperado, glosando calles y parajes para posteriores viajeros despistados, incluso los pocos que surcan la más vacía de la Soria vacía. Por la localidad, nadie o casi nadie: una señora con un bote de pintura en su garaje y un paisano de paseo. Algún tendedero con ropa oreando y una trasera abierta. Nada más. Probablemente, no vieran a su vecino. Más potenciales pistas escudriñando el pueblo en Google Maps: una secuencia muestra, al fondo de una calle cuesta arriba, la silueta borrosa de alguien vestido de azul oscuro que porta un bulto grande y blanco en una carretilla. La investigación comenzó porque un primo de la víctima denunció su ausencia hace meses. Los arrestados habían sido pareja, casados formalmente, aunque los primeros indicios apuntan a que la mujer había tenido una relación con el varón que vino a buscarla.
Un par de habitantes que pasean en la gélida mañana soriana admiten ahora su sorpresa por la noticia que corre como la pólvora, pues Isla “no era conflictivo, no se llevaba ni mal ni bien con nadie”. Ellos vieron hace tiempo la imagen de Google Maps con el individuo cacharreando en el maletero, pero: “¡No imaginábamos que estuviera haciendo nada raro y no le dimos importancia!”. Sí percibieron en las últimas semanas una inusual presencia de forasteros en el lugar, creen ahora que eran policías de paisano. “Era solitario, no lo oíamos hablar de su vida, cooperaba en el bar y últimamente daba la sensación de estar integrándose”, añaden. La dupla se asombra cuando se les muestra la imagen de la aparente carretilla con un bulto blanco: “No parece 100% que sea él, podría ser alguien cargando leña… pero tampoco pensábamos que en la foto del maletero pudiera haber un cadáver”.
La Policía Nacional se ha valido de estos documentos visuales para encajar el puzle de la desaparición de ese ciudadano cubano arribado para encontrarse con su pareja, trabajadora en Soria desde hace tiempo. El hombre se esfumó hace un año y la falta de vínculos con la provincia, donde apenas viven 75 compatriotas, contribuyeron a no esclarecer su evaporación. Solo se supo de él porque su cuerpo fue descubierto recientemente, desmembrado, en el cementerio de una pedanía cercana, Andaluz (12 habitantes). Las pesquisas condujeron a los mapas virtuales y a encontrar al detenido en una acción bastante compatible con colocar un cuerpo en un maletero para trasladarlo a otro lugar, posiblemente el camposanto, ubicado a 10 kilómetros de Tajueco.
La víctima, J. L.P.O., tenía 33 años y residía en Soria. La denuncia la interpuso en noviembre de 2023 un primo del cubano, que vive en Zaragoza. El pariente sospechó cuando empezó a recibir mensajes de WhatsApp de su primo, quien le contaba que había conocido a una mujer y se iría de España y dejaría su teléfono. El pariente no se creyó en ningún momento que le hablaba J. L., sino otra persona, y alertó a la Policía. De esa manera comenzó la investigación. El 12 de noviembre detuvieron a la pareja implicada, quienes habían estado casados en el pasado y se sigue indagando el móvil del crimen, pues ella y la víctima también habían mantenido una relación. Se les acusa de detención ilegal, pérdida de paradero y homicidio, han indicado. Las pesquisas condujeron al cementerio de Andaluz, bajo cuyo suelo hallaron el 11 de diciembre, enterrado, “el torso en avanzado estado de descomposición”. Las demás partes del cuerpo se siguen buscando.
Dicho cementerio, con un solitario ciprés, acompaña a la iglesia románica de San Miguel Arcángel. Por allí faena un obrero que acompaña al visitante a la puerta del cementerio y señala el lateral derecho, donde la tierra removida contrasta con los hierbajos que cubren el resto de la superficie: “Allí estuvo la Policía”. Los agentes también hurgaron entre la escombrera donde estos modestos empresarios depositan sus sobrantes. Su acción se nota, con parte excavada en busca de algunos restos aún no localizados. “Madre mía, las cosas que pasan en los pueblos”, reflexiona el trabajador, alucinando cuando se le enseñan las capturas culpabilizadoras de Maps.
Tanto Isla como su supuesta amante han sido detenidos mientras tratan de dilucidarse los detalles del caso, iniciado en noviembre de 2023. El acusado tiene nombre, pero lo conocían por su apodo, como tantos en los pueblos pequeños. El Lobo, lo llamaban.
Los vecinos de Tajueco se resignan sobre los hechos atribuidos a su vecino: “No sabíamos nada”. En el también desértico Bayubas de Arriba poco más aportan. En el bar local, gestionado por el Ayuntamiento, trabajó El Lobo. Un lugareño destaca que al principio el detenido fue “peón municipal” e hizo un poco de todo: “¡Mira qué bien pintó ese depósito de agua!”. Luego cogió el bar y en el último año estuvo más disperso: “Ahora la verdad es que encaja, estaba últimamente como más despistado”. Le acabaron quitando la gerencia por las quejas sobre su desidia. El soriano de Bayubas alguna vez vio al cubano fallecido, al que describe como un hombre “de mucha corpulencia”. “¿Dónde meterían semejante cuerpo? Hay que tener mucho valor”, continúa. Por la zona circulan fotos de los dos detenidos, jugando con su mote, antes bienintencionados y ahora ciertamente macabros. “Esta Navidad, turrón del bueno”, dice el montaje, con ambos en un muelle, el mar de fondo y, superpuesto, un turrón de El Lobo y otro de Delaviuda.
@ PUNKRUNNER, los hay que con menos argumento hacen una película  .
Pues con este material, Berlanga hacía una peli sin problemas.
¿Nadie tiene una ouija para contactar con él?
Ilumínanos, oh Cohen el bárbaro, ¿qué es lo mejor de la vida?
-Buenoz dientez, zopa caliente y papel higiénico zuave.
13-01-2025, 10:48 PM
(Última modificación: 13-01-2025, 10:54 PM por PUNKRUNNER.)
No existe palabra de seguridad.
Cómo el exitoso autor de fantasía Neil Gaiman ocultó las partes más oscuras de sí mismo durante décadas.
Por Lila Shapiro , [i]escritora de artículos para la revista New York Magazine. [/url] [/i]
Foto: Guerin Blask/Agosto
Nota del editor: Esta historia contiene contenido que los lectores pueden encontrar perturbador, incluidas acusaciones gráficas de agresión sexual.
Scarlett Pavlovich era una estudiante de teatro de 22 años cuando conoció por casualidad a la actriz [url=https://www.vulture.com/tags/amanda-palmer/]Amanda Palmer en las calles de Auckland. Era una tarde gris y lluviosa de junio de 2020, y Palmer, que entonces tenía 44 años, caminaba por la calle con la actriz Lucy Lawless, una de las personas más famosas de Nueva Zelanda debido a su papel de Xena, la princesa guerrera, durante seis temporadas. Pero Pavlovich solo se fijó en Palmer. Había visto su charla TED, “ El arte de preguntar ”, y estaba fascinada por la escritora y música feminista de culto, por su descarada seguridad en sí misma.
En apariencia, Pavlovich también parecía segura de sí misma. Era una chica local que había abandonado el instituto a los 15 años para viajar a Europa, Marruecos y Oriente Medio por poco dinero, y se detuvo en Escocia (donde Tilda Swinton le dio una beca para asistir a su escuela Steiner, Drumduan) y en Londres para trabajar en la escena del cabaret. Finalmente, su visado expiró y se quedó sin dinero, por lo que, en 2019, regresó a Auckland, donde se matriculó en una escuela de interpretación y consiguió un trabajo en una perfumería. Pálida, de pelo oscuro y esbelta, prefería los colores atrevidos y los trajes escandalosos. El día que conoció a Palmer (casi todos los días en aquel entonces) se había pintado un triángulo de plata translúcida debajo de las pestañas inferiores para que pareciera que había estado llorando lágrimas de purpurina. Fue Pavlovich quien se acercó a Palmer en la acera de la perfumería. Se sorprendió cuando Palmer le envió un mensaje de texto unos días después. "Soy Amanda D. Palmer", escribió. "Tu nuevo amigo."
Palmer, cronista obsesiva de su propia vida en canciones, poemas, publicaciones en blogs y una autobiografía, comenzó como la mitad de la banda de cabaret punk Dresden Dolls, pero tal vez sea más famosa por su capacidad para atraer a un grupo de seguidores fieles y unidos dondequiera que vaya. En 2012, se convirtió en la primera música en recaudar más de un millón de dólares en Kickstarter y más tarde se convirtió en una de las artistas más exitosas de Patreon. Como Palmer explicó en su libro The Art of Asking (en parte autobiografía, en parte manifiesto sobre las virtudes de pedir ayuda de diversos tipos), había construido toda su carrera sobre “intercambios desordenados de buena voluntad y de favores”. A partir de este desorden, sostiene, se formó una especie de comunidad utópica: “No había distinción entre fans y amigos”.
Durante el año y medio siguiente, Palmer y Pavlovich se reunieron ocasionalmente para tomar una copa o comer. Palmer le ofreció a Pavlovich entradas para sus espectáculos y la invitó a fiestas para la comunidad Patreon en su casa en la cercana isla Waiheke, un exuberante refugio bohemio con viñedos, playas doradas y más de 60 helipuertos para alojar a los multimillonarios que pasaban allí las vacaciones. A veces Palmer le pedía favores a Pavlovich: ayuda para hacer recados, organizar archivos o cuidar de su hijo. Pavlovich estaba encantada de ayudar. Estaba enamorada de Palmer. No le importaba que Palmer solo hablara de pagarle ocasionalmente, a pesar de que Pavlovich siempre andaba escaso de efectivo. Para Pavlovich, que estaba distanciada de su familia y sin red de seguridad, Palmer cubría una necesidad más profunda. En noviembre de 2020, Palmer la invitó a pasar un fin de semana en su casa con un grupo de artistas locales. En la reunión, Palmer le pidió a Pavlovich que cuidara a los niños mientras ella recibía un masaje. Temprano a la mañana siguiente, Pavlovich escribió una entrada en su diario sobre la intimidad que había sentido en la soleada casa de Palmer, donde le había leído a su hijo, que tenía 5 años en ese momento, con las extremidades entrelazadas. “Los años sin contacto físico se acumulan como una herencia gris”, escribió. “Tengo hambre. Estoy muerta de hambre”.
El 1 de febrero de 2022, Palmer le envió un mensaje de texto a Pavlovich y le preguntó si quería pasar el fin de semana cuidando niños, lo que significaría ir y venir entre su casa y la de su esposo. Pavlovich nunca había conocido al esposo de Palmer, de quien estaba separada, aunque, por supuesto, sabía quién era: Neil Gaiman , el aclamado escritor de fantasía británico y autor de casi 50 libros, incluidos American Gods y Coraline , y la serie de cómics The Sandman , cuyo trabajo ha vendido más de 50 millones de copias en todo el mundo. Gaiman y Palmer habían llegado a Nueva Zelanda en marzo de 2020, pero solo unas semanas después, su matrimonio de nueve años se vino abajo y Gaiman se fue de la ciudad, rompiendo los protocolos de COVID para volar a su casa en la Isla de Skye. Ahora, había regresado y estaba viviendo en una casa cerca de la de Palmer en Waiheke. Su niñera anterior se había ido recientemente y necesitaban ayuda. Pavlovich estuvo de acuerdo y se alegró cuando Palmer se ofreció a pagarle por el trabajo del fin de semana.
El 4 de febrero, alrededor de las cuatro de la tarde, Pavlovich tomó el ferry de Auckland a Waiheke, luego se sentó en un autobús y caminó por el bosque hasta llegar a la casa de Gaiman, una casa asimétrica en forma de A de madera oscura bruñida con ventanales que daban al mar. Palmer había organizado una cita para que la niña jugara, así que poco después de que Pavlovich llegara, se encontró sola en la casa con la autora. Durante un rato, Gaiman trabajó en su oficina mientras ella leía en el sofá. Luego él apareció y le ofreció un recorrido por los jardines. Con una figura impactante a sus 61 años, sus salvajes rizos negros entrelazados con hebras de plata, el autor cogió un higo —su fruta favorita— y se lo entregó. Alrededor de las 8 de la noche, se sentaron a comer pizza. Gaiman le sirvió a Pavlovich una copa de rosado y luego otra. Él solo bebió agua. Mantuvieron una conversación incómoda sobre Nueva Zelanda, sobre el COVID. Pavlovich nunca había leído ninguna de sus obras, pero estaba ansiosa por causar una buena impresión. Después de que ella terminó de limpiar sus platos, Gaiman señaló que todavía había tiempo antes de que tuvieran que recoger a su hijo de la cita de juegos. “'He tenido una idea'”, recuerda que él le dijo. “¿Por qué no te das un baño en la hermosa bañera con patas del jardín? Es absolutamente encantadora'”. Pavlovich le dijo a Gaiman que estaba bien así como estaba, pero que finalmente aceptó. Necesitaba hacer una llamada de trabajo, dijo, y no quería que Pavlovich se aburriera.
Gaiman condujo a Pavlovich por un sendero de piedra hasta el jardín, hasta una bañera antigua con tapa corrediza y se alejó. Ella se desnudó y se hundió en la bañera, mirando las peludas flores de color magenta del árbol pohutukawa que había en lo alto. Unos minutos después, se sorprendió al oír los pasos de Gaiman sobre las piedras en la oscuridad. Trató de cubrirse los pechos con los brazos. Cuando él llegó a la bañera, vio que estaba desnudo. Gaiman apagó un par de velas de citronela, las encendió y se metió en la bañera. Se estiró, de cara a ella, y, durante unos minutos, conversó un poco. Se quejó del horario de Palmer. Habló de la escuela de su hijo. Luego le dijo que estirara las piernas y se "pusiera cómoda".
“Le dije que no. No me siento segura de mi cuerpo”, recuerda Pavlovich. “Él me respondió: ‘Está bien, soy solo yo. Relájate. Charlamos un rato’”. Ella no se movió. Él la miró de nuevo y le dijo: “No arruines el momento”. Ella hizo lo que le había pedido y él comenzó a acariciarle los pies. En ese momento, recuerda, sintió “un terror sutil”.
Gaiman le pidió que se sentara en su regazo. Pavlovich balbuceó algunas frases: era gay, nunca había tenido sexo, había sido abusada sexualmente por un hombre de 45 años cuando tenía 15. Gaiman siguió insistiendo. “La siguiente parte es realmente amorfa”, me cuenta Pavlovich. “Pero puedo decirte que metió sus dedos directamente en mi culo e intentó meter su pene en mi culo. Y yo dije: 'No, no'. Luego intentó frotar su pene entre mis pechos y yo también dije 'no'. Luego me preguntó si podía correrse en mi cara y yo dije 'no', pero lo hizo de todos modos. Dijo: 'Llámame 'amo' y me correré'. Dijo: 'Sé una buena niña. Eres una buena niña'”.
Después, Pavlovich se agachó en el agua e intentó limpiarse. Gaiman la miró y sonrió. “'Amanda me dijo que no podía tenerte'”, recuerda Pavlovich que le dijo. En cuanto oyó eso, “supo que tenía que tenerla”. “'Dios'”, continuó, “ojalá fueran los viejos tiempos en los que podíamos follarte los dos”.
En The Sandman, la serie de cómics de DC que se publicó entre 1989 y 1996 y que hizo famoso a Gaiman, cuenta la historia de un escritor llamado Richard Madoc. Después de que el primer libro de Madoc resulta un éxito, se sienta a escribir el segundo y descubre que no se le ocurre ni una sola idea decente. Esta dificultad desaparece después de que acepta un regalo inusual de un autor mayor: una mujer desnuda, de algún tipo, que ha estado encerrada en una habitación de su casa durante 60 años. Es Calliope, la más joven de las Nueve Musas. Madoc la viola una y otra vez, y su carrera florece de la manera más extraordinaria. Una joven y elegante belleza le dice cuánto le encantó su caracterización de un personaje femenino fuerte, lo que lo impulsa a comentar: "En realidad, tiendo a considerarme un escritor feminista". Su caída llega solo cuando el héroe titular, Sandman, también conocido como el Príncipe de las Historias, libera a Calliope de la esclavitud. Un ser de carisma y creatividad sin límites, el Hombre de Arena gobierna el Sueño, el reino que visitamos mientras dormimos, donde “se cuentan historias”. Es más viejo y más poderoso que los dioses más poderosos, y puede recompensarnos con exquisiteces o castigarnos con pesadillas interminables, según lo que crea que merecemos. Para castigar al violador, el Hombre de Arena inunda la mente de Madoc con un torrente de ideas tan salvaje que no puede escribirlas, y mucho menos sacar provecho de ellas.
Cuando el verano pasado surgieron las acusaciones de mala conducta sexual de Gaiman , algunos observadores notaron que Gaiman y Madoc tienen ciertas cosas en común. Al igual que Madoc, Gaiman se ha llamado feminista. Al igual que Madoc, Gaiman ha acumulado importantes premios (para Gaiman, premios de ciencia ficción y fantasía, así como docenas de premios de novela contemporánea, cuentos, poesía, televisión y cine, lo que lo ayudó a convertirse, según varias fuentes, en millonario varias veces). Y al igual que Madoc, Gaiman ha llegado a ser visto como una figura que trascendió y transformó los géneros en los que escribió: primero cómics, luego fantasía y literatura infantil. Pero durante la mayor parte de su carrera, los lectores lo identificaron no con el violador, que aparece en un solo número, sino con Sandman, la fuente inagotable de historias.
Uno de los mayores dones de Gaiman como narrador era su voz, un instrumento cálido y suave que había afinado a través de lecciones de elocución cuando era niño en East Grinstead, 30 millas al sur de Londres. En Estados Unidos, la gente suponía erróneamente que era un caballero inglés. “Hablaba muy lentamente, de manera hipnótica”, dice uno de sus antiguos alumnos en el taller de escritura de fantasía Clarion. También escribía de esa manera, con ritmo y moderación, adormeciéndote en un trance de la misma manera que un bardo podría haberlo hecho con una lira. Otro don era su memoria. Tiene “bibliotecas llenas de libros memorizados”, me dice uno de sus viejos amigos, señalando que podía recordar los números de página de sus pasajes favoritos y recitarlos palabra por palabra. Su vasta colección era lo suficientemente ecléctica como para incluir tanto una caja de cómics ( Spider-Man, Silver Surfer ) de su infancia como las obras de Oscar Wilde que recibió como regalo para su bar mitzvah. Para The Sandman, una propiedad olvidada de DC que le habían encargado desempolvar y pulir, Gaiman le dio al héroe un cambio de imagen, reemplazando su traje verde, sombrero de fieltro y máscara de gas con la armadura de cuero de un gótico angustiado, y lo rodeó de personajes extraídos de los libros que podía sacar de los estantes en su cabeza, desde íconos atemporales como Shakespeare y Lucifer hasta el oscuro excéntrico de San Francisco Joshua Abraham Norton. Norman Mailer lo llamó "una tira cómica para intelectuales".
Gaiman y Sandman compartían una inclinación por vestirse de negro, una mata de pelo negro rebelde y un poder erótico que rara vez poseen los autores de cómics y novelas de fantasía. Gaiman, descendiente de inmigrantes judíos polacos, había comenzado su carrera en los años 80 como periodista contratado en Londres cubriendo a Duran Duran, Lou Reed y otros señores melancólicos del rock, y en el mundo de las convenciones de cómics, era lo más cercano que había a ese arquetipo. Las mujeres acudían a sus firmas vestidas con el elaborado atuendo gótico victoriano de sus personajes y le rogaban que les firmara sus pechos o que les pasara tarjetas de acceso a sus habitaciones de hotel. Una escritora cuenta que se encontró con Gaiman en una Convención Mundial de Fantasía en 2011. Su asistente no estaba y él llegó tarde a una lectura. "No puedo llegar si voy solo", le dijo. Mientras avanzaban por la convención uno al lado del otro, "todo el piso lleno de gente se inclinó y se deslizó hacia él", dice. “Querían estar entrelazados con él de maneras contra las cuales yo no estaba preparada para defenderlo”. Una mujer cayó de rodillas y lloró.
Las personas que acuden en masa a convenciones y firmas de libros de fantasía forman una “comunidad inherentemente vulnerable”, me dice una ex amiga de Gaiman, una escritora de fantasía. “Se envuelven alrededor de un texto amado para que se convierta en su identidad”, dice. Quieren compartir sus almas con los creadores de estas obras. “Y si hay moralidad alrededor de eso, dices ‘no’”. Era un secreto a voces entre los asistentes a las convenciones a finales de los años 90 y principios de los 2000 que Gaiman engañó a su primera esposa, Mary McGrath, una ciencióloga privada del medio oeste con la que se había casado a los 20 años. Pero en mis conversaciones con viejos amigos, colaboradores y colegas de Gaiman, casi todos me dijeron que nunca imaginaron que las aventuras de Gaiman pudieran haber sido otra cosa que entusiastamente consensuadas. Como dice un destacado editor en el campo: “Lo único que escucho una y otra vez, principalmente de mujeres, es: 'Siempre fue amable conmigo. “Siempre fue un caballero”. La escritora Kelly Link, que conoció a Gaiman en una lectura en 1997, recuerda que lo encontró encantadoramente bobo. “Era un desventurado de una manera que resultaba un tanto exasperante”, dice, “pero también lo hacía parecer muy inofensivo”. Alguien que tuvo una relación sexual con Gaiman en los años 2000 recuerda que él hojeaba las preguntas que los fans escribían en tarjetas en una sesión de preguntas y respuestas. Una vez, una fan le preguntó si podía ser su “esclava sexual”: “Lo leyó en voz alta y dijo: ‘Bueno, no’. Sería muy recatado”.
Pero hubo quienes vieron otra faceta del autor. Una mujer, Brenda (un seudónimo), conoció a Gaiman en los años 90 en una sesión de firmas para The Sandman , donde ella trabajaba. Cuando Gaiman firmaba líneas, tenía un don para conectar con cada individuo. Hacía preguntas, se reía y les aseguraba que su incapacidad para formar oraciones estaba bien. Después de la sesión de firmas de Sandman , en una cena a la que asistieron quienes habían trabajado en el evento, Gaiman se sentó junto a Brenda. “Todos querían estar cerca de él, pero él estaba concentrado en mí”, dice. Unos años después, Brenda viajó a Chicago para asistir a la Convención Mundial de Terror, donde Gaiman recibió el premio principal por American Gods, el libro que lo consolidó como un novelista de gran éxito. La noche después de la ceremonia de premios, ella y Gaiman terminaron en la cama juntos. Tan pronto como comenzaron a enrollarse, el sentimiento que la había atraído hacia él —el hechizo mágico de su interés en su individualidad— se desvaneció. “Parecía tener un guión”, me dice. “Él quería que lo llamara 'maestro' inmediatamente”, le exigió que le prometiera su alma. “Fue como si hubiera entrado en un ritual que no tenía nada que ver conmigo”.
En Late Night With Seth Meyers en 2016 y aceptando el Premio Visionario en 2024. Foto: Getty.
El pasado mes de julio, un podcast británico producido por Tortoise Media dio a conocer la noticia de que dos mujeres habían acusado a Gaiman de agresión sexual. Desde entonces, más mujeres han compartido denuncias de agresión, coerción y abuso. El podcast, Master , reportado por Paul Caruana Galizia y Rachel Johnson, cuenta las historias de cinco de ellas. (La perspectiva de Gaiman sobre estas relaciones, incluida la de Pavlovich, es que fueron completamente consensuales). Hablé con cuatro de esas mujeres junto con otras cuatro cuyas historias comparten elementos con las suyas. También revisé entradas de diario contemporáneas, textos y correos electrónicos con amigos, mensajes entre Gaiman y las mujeres y correspondencia policial. La mayoría de las mujeres tenían entre 20 y 30 años cuando conocieron a Gaiman. La más joven tenía 18 años. Dos de ellas trabajaban para él. Cinco eran sus fans. Con una excepción, una acusación de besos forzados de 1986, cuando Gaiman tenía veintitantos años, las historias tienen lugar cuando Gaiman tenía cuarenta o más años, un período en el que vivió entre Estados Unidos, el Reino Unido y Nueva Zelanda. Para entonces, tenía reputación de ser un defensor abierto de las mujeres. “Gaiman insiste en contar las historias de personas que tradicionalmente son marginadas, desaparecidas o silenciadas en la literatura”, escribió Tara Prescott-Johnson en la colección de ensayos Feminism in the Worlds of Neil Gaiman. Aunque sus libros abundaban con historias de hombres que torturaban, violaban y asesinaban a mujeres, esto se percibía en gran medida como una prueba de su empatía.
Katherine Kendall tenía 22 años cuando conoció a Gaiman en 2012. Ella estaba haciendo voluntariado en uno de sus eventos en Asheville, Carolina del Norte. Él la invitó a unirse a él unos días después en una fiesta posterior a otro evento, donde la besó. Los dos entablaron una correspondencia coqueta, enviándose correos electrónicos y hablando por Skype en mitad de la noche. Kendall no quería tener sexo con Gaiman, y en una de sus llamadas, ella se lo dijo. Después, registró su respuesta en su diario: "No tenía planes para mí más allá de una amistad coqueta y le creo completamente". Había crecido escuchando sus audiolibros, le dijo más tarde a Papillon DeBoer, el presentador del podcast Am I Broken : "Y luego esa misma voz que me contaba esas hermosas historias cuando era niña me estaba contando la historia de que estaba a salvo, que éramos solo amigos y que él no era una amenaza".
Diez meses después, en una lectura, Gaiman sugirió que Kendall y otras dos chicas lo esperaran en el autobús de gira para que pudieran pasar el rato juntas después de que terminara de firmar. Cuando Gaiman apareció, tiró de Kendall hacia la parte trasera del autobús y se tumbó encima de ella. No dejaba de decir: “Bésame como si lo sintieras”, recuerda Kendall. Ella trató de besarse, pero estaba en pánico. Finalmente, Gaiman se apartó de ella. “Soy un hombre muy rico”, recuerda que le dijo, “y estoy acostumbrado a conseguir lo que quiero”. (Años después, Gaiman le dio a Kendall 60.000 dólares para pagar la terapia en un intento, como lo expresó en una llamada telefónica grabada, “de compensar parte del daño”).
![[Imagen: 12f2ae7c372888400f4adc1e0a1bf8b2b7-Neil-...l.w700.jpg]](https://pyxis.nymag.com/v1/imgs/b2a/756/12f2ae7c372888400f4adc1e0a1bf8b2b7-Neil-Gaiman-Kendra.rhorizontal.w700.jpg)
Con Kendra Stout en abril de 2007. Foto: Cortesía de Kendra
Gaiman llevaba mucho tiempo teniendo encuentros sexuales con fans más jóvenes. Kendra Stout tenía 18 años cuando, en 2003, condujo cuatro horas y media hasta Fort Lauderdale, Florida, para ver a Gaiman leer Endless Nights, una continuación de The Sandman. Lo conoció en la cola de firmas. Gaiman le envió largos correos electrónicos y le compró una cámara web para que pudieran charlar en vídeo. Unos tres años después de que se conocieran, voló a Orlando para llevarla a una cita. La invitó a su habitación de hotel, puso una lista de reproducción de canciones de amor y la sujetó con una mano. Gaiman no creía en los juegos previos ni en la lubricación, me cuenta Stout, lo que podía hacer que el sexo fuera especialmente doloroso. Cuando ella decía que le dolía demasiado, él le decía que el problema era que no era lo suficientemente sumisa. "Habló largo y tendido sobre la relación dominante y sumisa que quería de mí", me cuenta. Stout no tenía ningún interés previo en el BDSM. Ella dice que Gaiman nunca le preguntó qué le gustaba en la cama y que no hablaron de “palabras de seguridad” ni de “cuidados posteriores” ni de “límites”. Le pedía que lo llamara “amo” y la golpeaba con su cinturón. “No eran pequeños toquecitos sensuales”, dice. Cuando ella le dijo que no le gustaba, él le respondió: “Es la única forma en que puedo correrme”.
Gaiman le dijo a Stout que una mujer que conoció cuando tenía 20 años le había pedido que le “azotara el coño” y que en ese momento era un inglés tan ingenuo que pensó que se refería a su gato. Entonces ella le entregó un látigo y le dijo que lo usara en su vagina. “Esto es lo que me excita ahora”, recuerda Stout que dijo. Una anécdota similar aparece en una entrevista que Gaiman dio para una biografía de 2022 de Kathy Acker, la fallecida escritora de punk experimental con la que Gaiman se hizo amigo cuando tenía 20 años, pero ofrece un relato diferente de cómo lo afectó. Cuando Acker le pidió que le “azotara el coño”, le pareció “profundamente asexual”, le dijo al entrevistador. “Lo hice y salí corriendo”. Se identificó como “muy convencional”.
En 2007, Gaiman y Stout viajaron a la campiña de Cornualles. En su última noche allí, Stout desarrolló una infección urinaria que se había vuelto tan grave que no podía sentarse. Le dijo a Gaiman que podían jugar, pero que cualquier penetración sería demasiado dolorosa. “Fue un rotundo ‘no’”, dice. “Le dije: ‘No puedes poner nada en mi vagina o moriré’”. Gaiman la dio vuelta sobre la cama, dice, e intentó penetrarla con sus dedos. Ella le dijo “no”. Él se detuvo por un momento y luego la penetró con su pene. En ese momento, me dice, “simplemente me descontrolé”. Se quedó acostada en la cama hasta que él terminó. (El pasado octubre, presentó una denuncia policial alegando que la había violado).
Según el podcast, que citaba a Gaiman a través de sus representantes, su postura era que “la degradación sexual, la esclavitud, la dominación, el sadismo y el masoquismo pueden no ser del gusto de todos, pero entre adultos que consienten, el BDSM es legal”. (Gaiman se negó a hablar conmigo a pesar de múltiples solicitudes, pero a través de un representante legal, respondió a algunas afirmaciones). Si no sabes nada sobre BDSM, la afirmación de Gaiman de que lo practicaba con estas mujeres puede sonar plausible, al menos en algunos casos. El tipo de violencia dominante que les infligía es común entre las personas que practican BDSM, y todas las mujeres, en algún momento, le siguieron el juego, llamándolo su amo, enviándole mensajes de texto después de que lo necesitaban, incluso escribiendo que lo amaban y lo extrañaban. Pero hay una diferencia crucial entre el BDSM y lo que Gaiman estaba haciendo. El BDSM, acrónimo de “esclavitud y disciplina, dominio y sumisión, y sadismo y masoquismo”, es una cultura con un conjunto de normas de larga data, la más importante de las cuales es que todas las partes deben consentir con entusiasmo y claridad la dinámica general, así como cada acto, antes de participar en él. Esta, como han subrayado durante décadas muchos practicantes, incluidos educadores sexuales como Dossie Easton y Janet W. Hardy, que escribieron algunos de los textos que definen la subcultura, es la línea que separa el BDSM del abuso. Y era una línea que Gaiman, según las mujeres, no respetaba. Dos de las mujeres, que nunca han hablado entre sí, lo compararon con un rape, el depredador de aguas profundas que utiliza una bombilla de bioluminiscencia para atraer a sus presas hacia sus mandíbulas. “En lugar de una luz”, dice una, “hacía oscilar a un tipo británico de pelo lacio y voz suave”.
Febrero de 2022: La bañera del jardín de Gaiman donde Scarlett Pavlovich alega que la violó, algo que Gaiman niega. 5 de febrero de 2022: Pavlovich a la mañana siguiente del incidente de la bañera. Foto: Cortesía de Scarlett Pavlovich.
Después de que Gaiman se metiera en la bañera con Pavlovich, ella se retiró a la casa de Palmer, que estaba vacía en ese momento. Se sentó en la ducha durante una hora, llorando, luego se metió en la cama de Palmer y comenzó a buscar en Internet pistas que pudieran explicar lo que le había sucedido. Buscó en Google "Me Too" y "Neil Gaiman". Nada. Las únicas historias negativas que encontró fueron sobre cómo había infringido las normas de confinamiento por la COVID en 2020 y se había visto obligado a disculparse con la gente de la Isla de Skye por poner en peligro sus vidas.
Al final del fin de semana, Palmer le envió un mensaje de texto a Pavlovich para decirle lo contenta que estaba de ver que Pavlovich y su hijo se llevaban bien. “El universo es un misterio kármico”, escribió Palmer. “Nos alimentamos mutuamente de las formas más aleatorias e impredecibles”. Palmer le preguntó si podía volver a cuidar a los niños. Necesitaba mucha ayuda. ¿Pavlovich consideraría quedarse con ellos en el futuro cercano?
Pavlovich vivía en un subarriendo que estaba a punto de terminar. Estaba en la ruina y no había podido encontrar un nuevo apartamento. Se había quedado sin hogar al principio de la pandemia, cuando la perfumería cerró, y había acabado durmiendo en la playa en el saco de dormir de una amiga durante las dos primeras semanas del confinamiento. La idea de volver a la playa la llenaba de pavor.
No se le ocurrió recurrir a su propia familia. Sus padres se habían divorciado cuando ella tenía tres años y Pavlovich había crecido dividiendo su tiempo entre sus hogares. La violencia, me cuenta Pavlovich, “estaba normalizada en el hogar”. Un familiar cercano la golpeaba con un cinturón. Otro la estrangulaba cuando se enojaba y la abofeteaba hasta que le salían las mejillas en carne viva. A los once años empezó a cortarse regularmente los brazos y las muñecas con un cuchillo. Se volvió bulímica y luego anoréxica. A los trece años, Pavlovich había adelgazado tanto que acabó en una unidad psiquiátrica del Hospital Infantil de Auckland y pasó semanas con una sonda de alimentación. A los quince años se fue de casa y nunca regresó.
En los años siguientes, había estado buscando una nueva familia, pero muchas de las personas que había conocido en esa búsqueda resultaron ser también abusivas. “Después de todo esto, Amanda Palmer era una criatura real enviada desde un reino celestial. Fue como decir: Aleluya ”, me dice Pavlovich. Palmer era famosa por hablar abiertamente sobre el abuso sexual y alentar a otros a hacer lo mismo. En canciones y ensayos, había escrito sobre haber sido agredida sexualmente y violada en múltiples ocasiones cuando era adolescente y joven. Pavlovich no creía que alguien así pudiera estar casada con alguien que agredía a las mujeres.
El abuso sexual es una de las formas de violencia más confusas que una persona puede experimentar. La mayoría de las personas que lo han padecido no lo reconocen inmediatamente como tal; algunas nunca lo hacen. “No estás pensando de forma lineal o lógica”, dice Pavlovich, “pero la mente está tratando de procesarlo de la forma que puede”. Fuera lo que fuese lo que había pasado en el baño, ella había pasado por cosas peores y había sobrevivido, pensó. Y Gaiman y Palmer le estaban ofreciendo la posibilidad de un futuro compartido. La visión que Palmer tenía de sí misma como la figura central de una comunidad utópica podría, según algunos de sus amigos, hacerla descuidada con las mujeres jóvenes e impresionables a las que invitaba a su vida y a la de su marido. “Su idealismo podría cegarla a la realidad”, dice una amiga. (Palmer se negó a ser entrevistada, pero hablé con personas cercanas a ella). Palmer le dijo a Pavlovich que podrían viajar juntos a Londres y a Escocia, donde Gaiman estaba filmando la segunda temporada de Buenos presagios. Pavlovich había querido abandonar Nueva Zelanda —su “epicentro del trauma”— desde que tenía memoria. Esas conversaciones llenaban su cabeza de fantasías “de estar finalmente en tierra firme en el mundo”.
Después de la oferta de Palmer, Pavlovich le envió un mensaje de texto a Gaiman: “Estoy consumida por los pensamientos sobre ti, las cosas que me harás. Tengo tanta hambre. En qué criatura terrible me has convertido”. El fin de semana siguiente, empacó su casa subarrendada y abordó el ferry a Waiheke.
Alo largo de su carrera, Gaiman ha escrito sobre el terror desde el punto de vista de un niño. Su novela más reciente, El océano al final del camino, cuenta la historia de un niño de siete años tranquilo y estudioso. A través de varios eventos desafortunados, termina con un agujero en su corazón que nunca podrá ser curado, una puerta a través de la cual pesadillas de reinos distantes ingresan a nuestro mundo. A lo largo de la historia, el niño sufre terriblemente, a veces a manos de su propia familia. Una noche, durante la cena, el niño se niega a comer la comida que su niñera le ha preparado. El niño sabe que la niñera no es realmente un ser humano sino una criatura de pesadilla de otro mundo. Cuando su padre le exige saber por qué no come, el niño explica: "Es un monstruo". Su padre se enfurece. Para castigarlo, llena la bañera, luego levanta al niño, lo sumerge en la bañera y empuja sus hombros y cabeza debajo del agua fría. "Había leído muchos libros en esa bañera", dice el niño. “Era uno de mis lugares seguros. Y ahora, no tenía ninguna duda de que iba a morir allí”. Más tarde esa noche, el niño se escapa de casa; al salir, ve a su padre teniendo sexo con la monstruosa niñera a través de la ventana del salón.
En varias entrevistas a lo largo de los años, Gaiman ha calificado a El océano al final del camino como su libro más personal. Si bien gran parte del libro es fantástico, Gaiman ha dicho que "ese niño soy yo". El libro está ambientado en Sussex, donde Gaiman creció. En la historia, el narrador sobrevive a un mal sobrenatural con la ayuda de una familia de mujeres mágicas. Cuando era niño, Gaiman no tenía amigos de ese tipo a los que recurrir. "Estaba volviendo a ser el niño de 7 años y dándome a mí mismo un tipo peculiar de amor que no tenía", le dijo a un entrevistador en 2017. "Nunca siento que el pasado esté muerto o que el joven Neil ya no esté cerca. Sigue ahí, escondido en una biblioteca en algún lugar, buscando una puerta que lo lleve a un lugar seguro donde todo funcione".
Aunque Gaiman ha identificado al niño del libro como él mismo, también ha afirmado que ninguna de las cosas que le suceden al niño le sucedieron a él. Sin embargo, hay razones para creer que algunos de los acontecimientos más horrorosos de la novela sí ocurrieron. Gaiman rara vez ha hablado de un hecho central de su infancia. En 1965, cuando Neil tenía 5 años, sus padres, David y Sheila, dejaron sus trabajos como ejecutivo de empresa y farmacéutico y compraron una casa en East Grinstead, a una milla de lo que en ese momento era la sede mundial de la Iglesia de la Cienciología. Su fundador, el ex escritor de ciencia ficción L. Ron Hubbard, vivió calle abajo de ellos desde 1965 hasta 1967, cuando huyó del país y comenzó a dirigir la iglesia desde aguas internacionales, perseguido por la CIA, el FBI y un puñado de gobiernos extranjeros y agencias marítimas.
David y Sheila estuvieron entre los primeros seguidores de la Cienciología en Inglaterra. Comenzaron a estudiar Dianética en 1956 y finalmente aceptaron puestos en la Oficina del Guardián, un departamento especial de la organización dedicado a manejar el creciente número de casos legales, comunicaciones públicas y operaciones de inteligencia de la iglesia. La misión de esta oficina, como escribió Hubbard, era su "uso encubierto para destruir la reputación de individuos y grupos". Por otro lado, los Gaiman dirigían la cantina de la iglesia, alojaban a cienciólogos extranjeros en su casa y abrieron una empresa de vitaminas en la ciudad, donde suministraban cursos de suplementos para los programas de "desintoxicación" de la Cienciología, un negocio que creció exponencialmente junto con la expansión de la iglesia. A finales de los años 60, David era la cara pública de la iglesia y el portavoz principal en el Reino Unido.
Fue un trabajo difícil, por decir lo menos. El Reino Unido, siguiendo el ejemplo de un puñado de otros gobiernos, había publicado un informe en el que se declaraba que los métodos de la Cienciología eran “un grave peligro para la salud de quienes se sometían a ellos”. Hubbard castigaba rutinariamente a los miembros de la organización que cometían infracciones menores atándolos, vendándoles los ojos y arrojándolos por la borda a aguas heladas. De vuelta en Inglaterra, David concedió entrevistas a la prensa para suavizar esos relatos tan preocupantes. La iglesia estaba bajo especial presión para asegurar al público que no estaba haciendo daño a los niños. En sus boletines a los miembros, Hubbard había dejado claro que los niños no estaban exentos de los castigos a los que se sometían a los adultos. Si un niño se reía de forma inapropiada o no recordaba un término de la Cienciología, podían enviarlo a la bodega del barco y dejarlo oxidado durante días o encerrarlo en un armario de cadenas durante semanas sin mantas ni baño. En su libro Going Clear , Lawrence Wright cuenta la historia de un niño de 4 años llamado Derek Greene, un niño negro adoptado que robó un Rolex y lo dejó caer por la borda. Estuvo confinado en el armario durante dos días y dos noches. Cuando su madre le suplicó a Hubbard que lo dejara salir, él “le recordó el axioma de Scientology de que los niños son en realidad adultos en cuerpos pequeños, e igualmente responsables de su comportamiento”. (Un representante de la Iglesia de Scientology dijo que no habla de miembros pasados o presentes, pero niega que este evento haya ocurrido).
David utilizó a Neil como prueba de su caso ante el público. En 1968, hizo que Neil diera una entrevista a la BBC. Cuando el periodista le preguntó al niño si la Cienciología lo había convertido en un “niño mejor”, Neil respondió: “No exactamente eso, pero cuando te liberas, te sientes absolutamente genial”. (Una liberación, en la jerga de la Cienciología, es lo que sucede cuando completas uno de los niveles inferiores del curso). Es difícil saber qué estaba sucediendo fuera de las cámaras, en parte porque Gaiman ha evitado hablar de ello, cambiando de tema cada vez que un entrevistador o un amigo lo menciona. Pero parece poco probable que se hubiera librado de las medidas disciplinarias que se aplicaban a los adultos y a los niños como práctica habitual en esa época. Según alguien que conocía a los Gaiman, David y Sheila sí aplicaban los métodos de la Cienciología en casa. Cuando Neil tenía más o menos la edad del niño de El océano al final del camino, dijo la persona, David lo llevó a la bañera, le preparó un baño de agua fría y “lo ahogó hasta el punto en que Neil gritaba pidiendo aire”.
En su adolescencia, Neil trabajó para la Iglesia de la Cienciología durante tres años como auditor, un ministro de la iglesia que lleva a cabo un proceso que algunos han comparado con la hipnosis. Un ex miembro de la iglesia que trabajó con los padres de Gaiman y fue auditado por él lo recuerda como precoz y ambicioso. Era inusual que un adolescente hubiera completado un nivel de formación tan alto, me dice. Pero los Gaiman eran como la “realeza”, dice. En 1981, David fue ascendido a director de la Oficina del Guardián, lo que lo convirtió en una de las personas más poderosas de la iglesia. Pero ese mismo año, cayó en desgracia. Una nueva generación de cienciólogos, liderada por David Miscavige, que finalmente sucedió a Hubbard como líder de la iglesia, tenía la influencia de Hubbard, y David quedó “atrapado en esa trituradora”, como dice su ex colega. Un documento que declaraba a David como “persona represiva” se publicó unos años más tarde. Lo acusaba de una serie de delitos, incluida la mala conducta sexual. Según el documento, David se mostró “amable y bastante sociable” y sus acciones “lo desmienten”. Su mayor delito, al parecer, fue su arrogancia. “Gaiman exigía que los demás lo admiraran a él en lugar de a la Fuente”, se lee, refiriéndose a Hubbard.
En los años 80, David fue enviado a una especie de campo de rehabilitación. Fue en esa época cuando Gaiman se propuso ganarse la vida como escritor. Encantador y estratégico, utilizó los contactos que desarrolló como periodista para entrar en el negocio de la escritura de género, ganándose el cariño de los gigantes de ese mundo en ese momento: Douglas Adams, Arthur C. Clarke, Clive Barker, Terry Pratchett, Alan Moore. “Cuando era joven, tenía un descaro increíble”, dice Gaiman en el documental Neil Gaiman: Dream Dangerously. “El tipo de seguridad monstruosa en uno mismo que normalmente solo se encuentra en personas que luego se dedican a conquistar la mitad del mundo civilizado”.
Gaiman y Palmer se conocieron en 2008, cuando ella tenía 32 años y él 47. Ambos se encontraban en un punto de inflexión en sus vidas y carreras. Gaiman estaba en medio de los trámites finales de divorcio de su primera esposa, con quien tuvo tres hijos, y a punto de entrar en Hollywood (nueve de sus obras se han convertido en películas o programas de televisión); Palmer estaba en una pelea con su sello discográfico que culminaría en una separación. Palmer tenía una colección de fotos de ella posando como un cadáver asesinado y quería que Gaiman escribiera pies de foto para acompañar las fotos. A Gaiman le gustó la idea y los dos se reunieron para trabajar en el proyecto, un libro vinculado a su primer álbum en solitario, Who Killed Amanda Palmer. Como Palmer describió en The Art of Asking, al principio no se sintieron atraídos el uno por el otro. “Pensé que él parecía un anciano gruñón con los ojos hinchados, y él pensó que yo parecía un niño regordete”.
Gaiman fue el primero en proponerle una relación romántica. En una entrevista, más tarde dijo: “Me junté con ella porque nunca podría imaginarme aburrirme”. Palmer sí podía. Desde que había comenzado como artista callejera, pintándose la cara de blanco y parándose sobre una caja en Harvard Square vestida como una novia silenciosa de dos metros y medio de altura, se enorgullecía de un estilo de vida bohemio y de bajo costo, durmiendo en los sofás de sus fans cuando estaba de gira y tocando en los salones de sus fans. No tenía ahorros y no poseía un auto, bienes raíces ni electrodomésticos. Gaiman era dueño de varias casas. Era demasiado rico, demasiado famoso, demasiado británico, demasiado torpe, demasiado viejo. Y no tenían una gran química sexual. Pero parecía amable y estable, un hombre de familia, y compartían una estética oscura y fantástica. También sintió un poco de pena por él. Parecía solitario, a pesar de su fama, y Palmer se encontró esperando poder ayudarlo. “Durante mucho tiempo, en el fondo, él había creído que la gente no se enamoraba”, escribió en su libro. “Pero eso es imposible”, le dijo. Había escrito historias y escenas de gente enamorada. “Ésa es la cuestión, cariño”, le dijo. “Los escritores inventan cosas”.
Se casaron en 2011 en la casa de Berkeley de sus amigos Michael Chabon y Ayelet Waldman, los novelistas. Su unión tuvo un efecto multiplicador en su fama y estatura, sacando a cada uno de sus respectivos dominios de estrellato de culto y adentrándolos en el etéreo reino de la viralidad financiada por la tecnología. Se convirtieron en los favoritos del circuito de charlas TED y en habituales del retiro ultrasecreto de Jeff Bezos en Campfire. Gaiman le presentó a Palmer Twitter, que había utilizado para convertirse en el autor de bons mots de 140 caracteres más querido de la fantasía. Palmer, a su vez, se apoyó en su creciente reputación como genio del crowdfunding. En Internet, coquetearon, atacaron a los críticos del otro y elogiaron sus respectivas políticas progresistas. En una entrevista con la revista Out en 2012, Palmer dijo que la principal “otra” relación en la vida de ambos era con sus fans: “A veces, cuando estoy con Neil y voy a la otra habitación a Twitter con mis seguidores, siento como si me escabullera para echar un polvo rápido”.
No se trataba estrictamente de una metáfora. Durante los primeros años de su matrimonio, vivían separados durante meses seguidos y se animaban mutuamente a tener aventuras amorosas. Según conversaciones con cinco de los amigos más cercanos de Palmer, la regla más importante que regía su relación abierta era la honestidad. Descubrieron que compartir los detalles de sus aventuras extramatrimoniales (y, a veces, compartir las mismas parejas) los acercaba más.
En 2012, Palmer conoció a una fan de 20 años, que le pidió que la llamara Rachel, en un concierto de Dresden Dolls. Después de uno de los siguientes shows de Palmer, las mujeres tuvieron relaciones sexuales. A la mañana siguiente, Palmer tomó algunas fotos semidesnudas de Rachel y le preguntó si podía enviarle una a Gaiman. Ella y Palmer durmieron juntos algunas veces más, pero luego Palmer pareció perder el interés en el sexo con ella. Unos seis meses después de que se conocieran, Palmer le presentó a Rachel a Gaiman por Internet y le dijo: "Te amará". Los dos entablaron una correspondencia que rápidamente se volvió sexual y Gaiman la invitó a su casa en Wisconsin. Mientras preparaba el equipaje para el viaje, le preguntó a Palmer por correo electrónico si tenía algún consejo para complacer a Gaiman en la cama. Palmer bromeó en respuesta: "Creo que lo divertido es descubrirlo por ti mismo". Con Gaiman, Rachel dice que nunca hubo una "ruptura flagrante del consentimiento", pero que siempre la presionaba para que hiciera cosas que la lastimaban y la asustaban. Al mirar atrás, siente que Palmer se la entregó “como un juguete”.
Para Gaiman y Palmer, estos fueron años felices. Con la ayuda de él en la edición, ella escribió El arte de preguntar. Hicieron giras juntos. Y cuando a Palmer le ofrecieron una residencia en el Bard College, Gaiman se unió para dar algunas charlas, y luego terminó recibiendo una oferta para unirse a la facultad como profesor de artes. Después de haber estado juntos durante algunos años, Palmer comenzó a pedirle a Gaiman que le contara más sobre su infancia en la Cienciología. Pero parecía incapaz de hilvanar más que unas pocas frases. Cuando ella lo alentaba a continuar, se acurrucaba en la cama en posición fetal y lloraba. Se negó a ver a un terapeuta. En cambio, se sentó a escribir un cuento que se fue haciendo cada vez más largo hasta que se convirtió en una novela. Aunque el niño en el centro de la historia en muchos sentidos sigue siendo opaco, Palmer sintió que nunca había sido tan abierto. Dedicó el libro, El océano al final del camino, "a Amanda, que quería saber".
En 2014, las grietas en el matrimonio de Gaiman y Palmer comenzaron a notarse ante quienes los rodeaban. Mientras estaban en Bard, decidieron comprar una casa en el norte del estado. Palmer hubiera preferido vivir en la ciudad de Nueva York, pero a Gaiman le gustaban los bosques. Finalmente, eligió una finca extensa ubicada en 80 acres en Woodstock. Era el dinero de Gaiman, dice un amigo que los acompañó en la búsqueda de la casa, "y él iba a tener la última palabra".
Más tarde ese año, Palmer se quedó embarazada. Ella y Gaiman pasaban más tiempo juntos en casa y hablaban de bajar el ritmo y dedicar su atención a su matrimonio. Ella quería cerrar la relación y él estuvo de acuerdo. Pero cuando estaba embarazada de ocho meses, Gaiman acudió a ella con un problema: se había acostado con una fan cuando ella tenía poco más de 20 años, quitándole la virginidad. Ahora, le dijo Gaiman, la chica se estaba "volviendo loca". Prometió cambiar y se reunieron con un consejero de parejas. Gaiman era propenso a los ataques de pánico y nunca había estado en tratamiento. "Amanda se sorprendió de lo traumatizado que estaba Neil, dada su personalidad pública y el chico con el que ella creía que se había casado", dice una persona cercana a ellos.
Una de las personas a las que Palmer le contó sus problemas matrimoniales en ese momento fue Caroline, una alfarera que, junto con su marido constructor, Phillip, había estado viviendo en la propiedad de Woodstock y trabajando como cuidador. Gaiman les había hecho una oferta que parecía demasiado buena para ser cierta. Construirían una ampliación en una de las cabañas del terreno a expensas de Gaiman y, a cambio, Gaiman les vendería una parcela de cinco acres, lo que les permitiría construir una casa estilo granero para compartir con sus tres hijas. Cuidaban el jardín, hacían recados para los invitados y rehabilitaban los edificios, que necesitaban trabajos de plomería y electricidad.
Un día, durante el almuerzo, Palmer le dijo a Caroline que odiaba vivir en el bosque y que estaba perturbada por lo que estaba descubriendo sobre su esposo. “No tienes idea de las cosas retorcidas y oscuras que pasan por la cabeza de ese hombre”, recuerda Caroline que le dijo Palmer. Palmer dijo que deseaba que su matrimonio fuera más como el de Caroline y Phillip, pero su matrimonio de 11 años también se estaba desmoronando. En 2017, Phillip se mudó de su casa. Caroline, de 54 años, pasaba sus días en la cama llorando y bebiendo. Dejó de comer y, en su mayor parte, dejó de trabajar. Fue entonces cuando Gaiman comenzó a prestarle atención. Le llevaba jugos a su cabaña y se preocupaba porque estaba perdiendo demasiado peso. La primera vez que la tocó, en diciembre de 2018, estaba sentada en su sofá a su lado, llorando de agotamiento. Gaiman le dijo: “Necesitas un abrazo”. Ella se puso de pie y él la abrazó, luego deslizó sus manos por sus pantalones y dentro de su ropa interior y le apretó el trasero. Ella no recuerda haber dicho ni hecho nada en respuesta. “Me quedé atónita”, dice.
Durante los dos años siguientes, tuvieron una serie de encuentros sexuales, siempre cuando Palmer estaba fuera. Cuando Gaiman no estaba, ocasionalmente tenían sexo telefónico. Al principio, Caroline, que no había estado con nadie desde que Phillip se fue, aceptó voluntariamente. Pero al final de su segundo encuentro, recuerda haberle preguntado a Gaiman qué pensaría Palmer sobre su romance: “Él dijo: 'Caroline, no hay romance'”. Después de eso, trató de mantener la distancia con él y se alejó rápidamente cuando lo vio en la finca. Era difícil evitarlo. Tenía una incubadora de huevos en la cabaña de Caroline y bajaba a ver cómo estaba, entrando sin enviarle un mensaje de texto primero. En una de estas visitas, la encontró llorando junto a la chimenea. Se acercó a ella, le metió el pulgar en la boca y le retorció los pezones. Ella le dijo a Gaiman que el arreglo la estaba haciendo “sentir mal”. Recuerda que él le respondió: “No quiero que te sientas mal”. Pero nada cambió. Caroline no tenía ingresos en ese momento y estaba pidiendo dinero prestado a su hermana para sobrevivir. Le preocupaba que si no apaciguaba a Gaiman, él la echaría de su casa y entonces ella y sus tres hijas no tendrían a dónde ir. “'Me gusta nuestro oficio'”, recuerda que le decía. “'Tú me cuidas y yo te cuidaré a ti'”.
A veces, Caroline cuidaba a los niños. Una vez, Caroline y el niño, que entonces tenía 4 años, se quedaron dormidos leyendo cuentos en la cama de Gaiman y Palmer. Caroline se despertó cuando Gaiman regresó a casa. Se metió en la cama con su hijo en el medio, luego se estiró por encima del niño para agarrar la mano de Caroline y ponerla sobre su pene. Caroline dice que saltó de la cama. “No tenía límites”, dice Caroline. “Recuerdo que pensé que había algo realmente mal con él”.
En abril de 2021, Gaiman le informó a Caroline que la tierra que le había prometido ya no estaba disponible. Ese verano, ella dejó de responder a sus intentos de tener sexo por teléfono y Gaiman aumentó la presión sobre ella para que abandonara su propiedad. Una noche de diciembre de 2021, el gerente comercial de Gaiman, Terry Bird, llamó a Caroline y le ofreció $5,000 para mudarse de inmediato si firmaba un acuerdo de confidencialidad de 16 páginas en el que acordaba no hablar nunca de su experiencia con Gaiman o Palmer ni emprender acciones legales contra Gaiman. Caroline recuerda haberle dicho a Bird: "¿Qué voy a hacer con $5,000? Necesito terapia. Esto son tal vez $300,000". Mirando hacia atrás, dice que no sabía cómo se le ocurrió esa cifra, pero Gaiman aceptó y ella firmó. (Los representantes de Gaiman dicen que Caroline inició los encuentros sexuales y niegan que él haya tenido alguna actividad sexual con ella en presencia de su hijo).
Dos meses después, Pavlovich llegó a Waiheke. Para entonces, Palmer y Gaiman se estaban divorciando. Según los amigos de Palmer, ella pidió el divorcio después de que Rachel la llamara para decirle que ella y Gaiman seguían teniendo contacto sexual, mucho después del momento en que Palmer pensó que su relación había terminado. Se sintió dolida, pero no sorprendida. “Todo me parece muy aburrido”, le escribió más tarde a Rachel, quien recuerda el intercambio. “Solo la falta de autoconocimiento y la falta de interés en el autoconocimiento”. A fines de 2021, Palmer también se enteró de lo de Caroline. “Recuerdo que ella dijo: 'Esa pobre mujer'”, recuerda Lance Horne, un músico y amigo de Palmer en quien ella se confesó en ese momento. “No puedo creer que lo haya vuelto a hacer”.
Cuando le pidió a Pavlovich que cuidara a los niños, Palmer ya estaba harta del comportamiento de Gaiman, pero “todavía tenía algo de fe en su decencia”, dice una amiga. Aun así, sabía lo suficiente como para advertirle a Gaiman que se mantuviera alejado de su nueva niñera. “Recuerdo específicamente que ella dijo: ‘Podrías lastimar mucho a esta persona y destrozarla; no le toques las manos’”, dice la amiga. Y Palmer todavía esperaba, según sus allegados, que ella y Gaiman pudieran negociar un acuerdo pacífico de crianza compartida. Encontró una escuela para su hijo y las dos casas en Waiheke. “Iba a hacer todo lo posible para mantener a Neil como una presencia para su hijo”, dice una amiga.
Una noche, Palmer dejó a Pavlovich y al niño con Gaiman y se retiró a su propia casa. Pavlovich estaba en la cocina, ordenando, cuando él se acercó a ella por detrás y la arrastró hasta el sofá. “Todo sucedió de nuevo tan rápido”, dice Pavlovich. Gaiman le bajó los pantalones y comenzó a golpearla con su cinturón. Luego intentó iniciar sexo anal sin lubricación. “Grité 'no'”, dice Pavlovich. Si Gaiman y Pavlovich hubieran estado practicando BDSM, esto podría haber sido parte de una escena de violación, un escenario que a veces se describe como no consentido consensual. Pero eso habría requerido una cuidadosa negociación previa, que ella dice que no habían hecho. Después de que ella dijo "no", Gaiman retrocedió brevemente y fue a la cocina. Cuando regresó, trajo mantequilla para usar como lubricante. Ella continuó gritando hasta que Gaiman terminó. Cuando terminó, la llamó "esclava" y le ordenó que "lo limpiara". Ella protestó que no era higiénico. “Me dijo: ‘¿Estás desafiando a tu amo?’”, recuerda. “Tuve que lamerme mi propia mierda”.
Después, se metió en la ducha y trató de lavarse la boca con una pastilla de jabón de lavanda. Tenía una textura granulada y sabía a metal, ácido y hierbas. Notó que la sangre se arremolinaba en el desagüe. No había usado condón y le preocupaba que pudiera haber contraído una infección. Tenía migraña y le dolía todo el cuerpo. Pero no pensó en irse. Se había odiado a sí misma toda su vida, me dice, "y cuando alguien viene y te odia tanto como a ti misma, es una especie de alivio, sin que siempre haya consentimiento". Dice que entiende cómo se pudieron sentir los cienciólogos cuando los enviaron al Agujero, un centro de detención donde los obligaban a lamer el suelo como castigo. Había oído que algunos se quedaban en la habitación incluso después de que se les permitiera irse. "La gente sigue lamiendo el suelo en esa habitación horrible", dice.
Las noches con Gaiman se confundían. Hubo una vez en que ella se desmayó de dolor mientras Gaiman tenía sexo anal con ella. Él la obligó a practicarle sexo oral mientras su pene tenía orina. Le ordenó que se la chupara mientras veía los anuncios de la primera temporada de The Sandman. En una ocasión, introdujo su pene en la boca de Pavlovich con tanta fuerza que ella vomitó sobre él. Luego le dijo que se comiera el vómito de su regazo y lo lamiera del sofá.
Una semana después de que Pavlovich comenzara a trabajar con la familia, su hijo comenzó a llamarla “esclava” y le ordenó a Pavlovich que lo llamara “amo”. Gaiman parecía encontrarlo divertido. A veces le decía a su hijo, en un tono afable: “Vamos, vamos, Scarlett no es una esclava. No, no debes hacerlo”. Un día, Pavlovich entró en la sala de estar cuando Gaiman y el niño estaban en el sofá viendo el programa infantil Odd Squad. Ella se unió a ellos y se sentó junto al niño. Gaiman los rodeó con el brazo, metió la mano en la camisa de Pavlovich y le acarició los senos. Ella dice que él no hizo ningún esfuerzo por ocultarle al niño lo que estaba haciendo. En otra ocasión, durante el día, le pidió sexo oral en medio de la cocina mientras el niño estaba despierto y en algún lugar de la casa. “Nunca cerraba una puerta”, dice.
El 19 de febrero de 2022, Gaiman y su hijo pasaron la noche en un hotel de Auckland, algo que hacían a veces por diversión. Gaiman le preguntó a Pavlovich si podía pasar a cuidar al niño durante una hora para que pudiera recibir un masaje. Era una habitación pequeña: una cama doble, un televisor y un baño. Cuando regresó, Gaiman y el niño cenaron, comida para llevar de una tienda de delicatessen cercana. Después, Gaiman quería ver una película, pero el niño quería jugar con el iPad. El niño se sentó contra la pared junto al ventanal con vistas a la ciudad, de cara a la cama. Pavlovich se sentó en el borde del colchón; Gaiman se subió a la cama y tiró de ella para que quedara boca arriba. Levantó las sábanas sobre ellos. Ella trató de hacerle una señal con los ojos para que se detuviera. Le dijo en voz baja: "¿Qué diablos estás haciendo?". No quería que el niño escuchara lo que estaba diciendo. Gaiman la ignoró. La giró sobre su costado, se quitó los pantalones, le quitó la falda y comenzó a tener sexo con ella por detrás mientras seguía hablando con su hijo. “Deberías dejar el iPad”, recuerda que le dijo. Pavlovich, en estado de shock, enterró la cabeza en la almohada. Después de unos cinco minutos, Gaiman se levantó y caminó hasta el baño, semidesnudo. Se orinó en la mano y luego regresó junto a Pavlovich, que estaba congelada en la cama, y le dijo que “se la lamiera”. Volvió al baño, desnudo de cintura para abajo. “Antes de que te vayas”, le dijo a Pavlovich, “tienes que terminar tu trabajo”. Ella fue al baño y él la empujó hasta ponerla de rodillas. La puerta estaba abierta. (Los representantes de Gaiman dicen que estas acusaciones son “falsas, por no decir deplorables”).
Tres semanas después de que Pavlovich llegara a Waiheke, Palmer le dijo que la niña viajaría con Gaiman a Edimburgo en unos días para visitar la producción de Amazon de su serie Anansi Boys. No la necesitarían durante un par de semanas. Esa mañana, Pavlovich contrajo COVID. Palmer y Gaiman acordaron que podía aislarse en la casa vacía de Gaiman. Todavía no le habían pagado ni una sola hora que había trabajado para ellos.
26 de febrero de 2022: En la cama de Gaiman después de que se fuera a Edimburgo. 8 de marzo de 2022: Después de contarle a Palmer sobre su experiencia con Gaiman. Foto: Cortesía de Scarlett Pavlovich.
Diez días después de que Gaiman se marchara de Nueva Zelanda, Pavlovich fue a cenar a casa de Palmer. Le preguntó a Palmer si podía contarle algo en confianza y le hizo prometer que no se lo diría a Gaiman. Le rogó que le asegurara que seguiría manteniendo su trabajo como niñera del niño. Palmer le aseguró a Pavlovich que su empleo no corría peligro. Sentadas en la cocina, Pavlovich le dijo a Palmer que Gaiman le había intentado insinuar algo. Le contó a Palmer lo del baño. “No tuve elección”, dijo. “Simplemente lo hizo”. Dijo que él había estado teniendo relaciones sexuales con ella desde entonces. Se guardó algunos de los detalles más brutales y no describió su experiencia como una agresión sexual; todavía no lo veía así.
Palmer no parecía sorprendida. “Catorce mujeres han venido a verme por esto”, dijo. Mencionó que Gaiman se había acostado con otra niñera durante su primer matrimonio, y que había oído hablar de otras mujeres que estaban perturbadas por sus experiencias con él. Pavlovich esperó hasta el final para contarle a Palmer que el niño estaba en Auckland. Después, recordó, Palmer guardó silencio. Parecía sorprendida. Palmer insistió en que Pavlovich pasara la noche en su habitación de invitados. Le dijo: “He tenido que hacer esto antes y puedo hacerlo de nuevo. Te cuidaré”. Pavlovich se acostó en la cama y escuchó a Palmer caminar de un lado a otro en su habitación de arriba hasta las 3 de la mañana.
Palmer llamó a Gaiman esa noche. Según Horne, el músico, le preguntó a Gaiman si su hijo había estado usando auriculares mientras él y Pavlovich estaban en la habitación del hotel. Él respondió "no", y luego colgó. Al día siguiente, Palmer envió un correo electrónico a Gaiman y a su consejero de parejas, un hombre llamado Wayne Muller, un ministro y "una especie de compañero matrimonial", como me dijo. Según Muller, quien me transmitió el contenido del correo electrónico, Palmer escribió que Gaiman necesitaba tratamiento psiquiátrico y finalmente había accedido a buscarlo. "Todos estaban tratando de sacar lo mejor de lo que claramente era una situación difícil", me dice Muller. Palmer luego voló a Edimburgo, donde Gaiman se estaba quedando con su hijo, a quien recogió. Mientras tanto, Pavlovich recibió un mensaje de texto de Gaiman: "Amanda me dice que estás pasando por un momento difícil y que estás realmente enojada conmigo por lo que hicimos. Me siento muy mal por esto. ¿Te gustaría hablar de ello? ¿Hay algo que pueda hacer para mejorar las cosas?" Pavlovich no respondió de inmediato. “Mi reacción fue arreglar la situación”, me cuenta. Al día siguiente, me escribió: “Hola. Hablaremos pronto... espero que estés bien”.
En los días y semanas posteriores a la revelación de Pavlovich, Palmer se mostró solícita, se comunicó con ella con frecuencia por mensajes de texto y envió notas cálidas: “Desde el momento en que entrelazaste tu destino con el mío en Ponsonby Road, me alegré de haberte conocido. Y ahora me alegro diez veces más”. Ayudó a Pavlovich a encontrar un apartamento temporal y la invitó a comer. A fines de marzo, Palmer envió un mensaje a una amiga de Pavlovich, una ceramista de 41 años llamada Misma Anaru, a quien Pavlovich le había contado sobre Gaiman. “Me alegro de que te haya tenido para cuidarla”, escribió. “Ha sido un mes difícil para todos”. La pareja de Anaru, Kris Taylor, era doctora en psicología y había dado conferencias en la Universidad de Auckland sobre coerción, consentimiento y violación. Aunque Pavlovich nunca había usado las palabras violación o agresión sexual para describir lo que le había sucedido, tanto Anaru como Taylor creían que Gaiman la había violado repetidamente. Anaru sentía que Palmer tenía parte de la culpa. En respuesta a Palmer, escribió que “la mayor parte de mi rabia está dirigida a Neil”, pero no podía entender por qué, con todo lo que Palmer sabía sobre Gaiman, había enviado a Scarlett a esa situación. “¿No lo viste venir a una milla de distancia?”, agregó. “Y sí, sé que le pediste que no le hiciera eso, pero honestamente, el hecho de que sintieras que era algo que debías preguntar es jodido de maneras que desafían la comprensión”.
Casi al mismo tiempo, Pavlovich siguió hablando con Gaiman. “Tuve un sueño muy intenso sobre ti anoche”, escribió. “¿Estás bien?” En su respuesta, hizo referencia a algo que había sucedido dos semanas antes. En una sesión con Muller, Palmer había dicho que Pavlovich le estaba contando a la gente que la había violado y que planeaba hacer un “Me Too” con él. “Quería suicidarme”, escribió. “Pero lo estoy superando día a día, y ya han pasado dos semanas y todavía estoy aquí. Frágil, pero no genial”. Expresó su consternación por el mensaje de Anaru, del que Palmer le había hablado. “Soy un monstruo en esto”, escribió, “y Amanda parece haberlo creído a pies juntillas”. Disculpándose por “traer cualquier malestar” a la vida de Pavlovich, escribió: “Pensé que éramos algo bueno y algo muy consensuado, de hecho”.
Pavlovich recuerda que le sudaban las palmas de las manos y que le ardían los músculos del estómago. Tenía mucho miedo de molestar a Gaiman. “En ese momento de mi vida, estaba desconectada de todo el mundo”, me cuenta. Se apresuró a tranquilizarlo. “¡Fue consensuado (y maravilloso)!”, escribió. Anaru había sido “desencadenada por algo, creo”, añadió.
“Me alegro mucho de que me hayas enviado un mensaje”, escribió Gaiman. “Pensé que eras un monstruo”.
Gaiman le pidió a Pavlovich que hablara con Muller. “Saber que estarías preparada para decir: ‘No es verdad, fue consensual, él no es un monstruo’ me hace sentir mucho más centrado”, escribió. Muller se acercó a Pavlovich para ofrecerle un “puerto seguro”. Cuando hablaron por teléfono, Pavlovich le contó a Muller lo que Gaiman, que estaba pagando la sesión, le había pedido que dijera. Después de escuchar las “tonterías esotéricas y espirituales” de Muller, se sintió peor. “Realmente sentí que todo era culpa mía”. Muller, por su parte, me dice que los límites éticos le impiden compartir nada sobre sus sesiones con Gaiman, pero aparentemente se sintió cómodo compartiendo detalles de su conversación con Pavlovich. “Lo que ella llamó para hablar conmigo fue sobre sentirse presionada, por parte de mujeres muy diversas, en su mayoría mayores, de su comunidad, para tomar medidas que no estaba segura de sentirse cómoda tomando. La acompañé en un viaje para ayudarla a encontrar las respuestas por sí misma a ese problema”.
En las semanas siguientes, Muller conectó a Gaiman con el Centro Austen Riggs, un centro psiquiátrico de Massachusetts. Según Muller, Gaiman había tenido varias llamadas telefónicas preliminares con el centro y estaba considerando entrar en un proceso de evaluación de seis semanas como paciente internado. Pero Gaiman nunca lo hizo. “No recuerdo por qué no”, dice Muller.
Pavlovich se volvió suicida. Acumuló zopiclona y aspirina y caminó por la ciudad inspeccionando puentes. Decidió que tomaría las pastillas y le contó a Palmer sobre su plan. A instancias de Palmer, se internó en una sala de emergencias. "Eres amada", le escribió Palmer. Después de unos días en un centro de respiro, sintiéndose un poco mejor, Pavlovich se acercó a Palmer para preguntarle si podía volver a trabajar como niñera del niño. El apartamento que Palmer le había proporcionado era temporal y necesitaba un lugar donde quedarse. "Creo que sería realmente bueno para mí tener algo que hacer y gente con la que estar", escribió. Palmer argumentó que no era el momento para que ella asumiera la responsabilidad de cuidar a un niño. "Tu trabajo es cuidarte a ti misma", respondió. Propuso que se reunieran cuando Pavlovich saliera, prometiendo ayudarla a recuperarse y sugirió que, mientras tanto, volviera a casa con sus padres. Esto enfureció a Pavlovich. "Hay una razón por la que me he divorciado de mis padres", escribió. “Estoy empezando a sentirme muy solo y como si odiara a todo el mundo”.
“No puedo ofrecerte exactamente lo que quieres de mí”, escribió Palmer, “pero aún puedo estar aquí. Recuerda esto”.
—Cariño, estoy más sola que nunca en mi vida —respondió Pavlovich, y deseó no haber aceptado nunca ser su niñera: «Si no hubiera subido a ese primer ferry, no estaría donde estoy ahora».
Esa noche, Pavlovich le envió un mensaje de texto a Gaiman: “Amanda sigue diciendo que ayudará, pero parece más filosófico que realmente ayudar”. Dos minutos después, agregó: “He estado pensando mucho en ti”. Gaiman respondió que estaría feliz de ayudar de manera tangible. Pavlovich recibió entonces un acuerdo de confidencialidad fechado la primera noche de su empleo, cuando él le había sugerido que se bañara. Ella lo firmó. Un mes después, recibió una transferencia bancaria de Gaiman: $1,700 por su trabajo de niñera. Dos meses después, recibió el primero de nueve pagos por un total de aproximadamente $9,200.
A lo largo del año, la perspectiva de Pavlovich cambió. “A medida que él se desvanecía, comencé a dejar que otras voces entraran”, dice. Sus amigos la pusieron en contacto con mujeres que tenían experiencia en el tratamiento de agresiones y abusos sexuales, entre ellas Zelda Perkins, ex asistente de Harvey Weinstein y defensora de poner fin al “mal uso de los acuerdos de confidencialidad para comprar el silencio de las mujeres” (Caroline y Pavlovich rompieron sus acuerdos de confidencialidad cuando hablaron sobre Gaiman). Estas mujeres la animaron a acudir a la policía.
En enero de 2023, Pavlovich presentó una denuncia policial acusando a Gaiman de agresión sexual. En la comisaría, concedió una entrevista formal sobre el caso. Después de contarles su historia a los agentes, uno de ellos le dijo que la cooperación de Palmer sería esencial para que el caso avanzara. Pavlovich les aseguró que Palmer participaría. “Les dije: 'Es una feminista pública y sabe lo que pasó. Querrá protegerme. Estoy seguro de que hablará'”.
Cuando la policía se puso en contacto con Palmer más tarde ese año, ella se negó a hablar con ellos. Gaiman tampoco habló nunca con la policía, aunque proporcionó una declaración escrita. Cualquier sentimiento que Palmer pudiera haber tenido sobre la situación quedó plasmado en una canción que interpretó en una gira en 2024, una que escribió poco después de la confesión de Pavlovich. Se llamaba "Whakanewha", llamada así por un parque cerca de sus casas en Waiheke. "Otro aterrizaje masivo suicida en mi puerta - muchas gracias / Unos cuantos cadáveres más en el saco / Te saldrás con la tuya; es el mismo viejo guión / Este mundo está diseñado para cubrirte las espaldas / Dijiste, 'Lo siento', luego corriste / Y fuiste y lo hiciste todo de nuevo".
16 de mayo de 2022: De un mensaje de video a Pavlovich. 20 de enero de 2023: Un mensaje de texto a Pavlovich después de que ella presentó una denuncia ante la policía. Foto: Cortesía de Scarlett Pavlovich.
El otoño pasado, Pavlovich comenzó a estudiar literatura inglesa en la Universidad de St. Andrews, en Escocia. Resulta que la universidad le había otorgado a Gaiman un título honorífico en 2016. En diciembre, Pavlovich se acercó a la directora de la universidad, Dame Sally Mapstone, para compartir su experiencia y pedirle a la universidad que revisara la decisión de honrar a Gaiman. Mapstone se mostró comprensiva pero indecisa; algunos miembros de la junta, le dijo a Pavlovich, probablemente querrían pruebas de la acusación para rescindir su título. En cuanto al informe policial, el "asunto ha sido cerrado", dice un portavoz. Mientras tanto, la carrera de Gaiman se ha visto marginalmente afectada. Algunas adaptaciones pendientes de sus novelas y cómics se han suspendido o cancelado . Pero la segunda temporada de The Sandman se estrenará en Netflix este año, al igual que Anansi Boys en Amazon Prime. (Amazon no respondió a una solicitud de comentarios). Él y Palmer están entrando en el quinto año de un feo divorcio y una batalla por la custodia. Según alguien cercano a ella, Gaiman la ha “desangrado” en el proceso de divorcio. Ella se ha mudado de nuevo a casa de sus padres en Massachusetts. (Los representantes de Gaiman afirmaron que Palmer fue una “fuerza importante” que impulsó esta historia a la luz de su polémico divorcio).
En diciembre, Pavlovich voló a Atlanta para reunirse con otras mujeres que habían hecho acusaciones contra Gaiman. No sabían de la existencia de la otra hasta que escucharon el podcast. Desde entonces, formaron un grupo de WhatsApp y se hicieron amigas. “Ha sido como conocer a supervivientes de la misma secta”, me dice Stout. “Es imposible entenderlo a menos que hayas estado allí”. En Nochevieja, Pavlovich, Stout y Caroline se reunieron alrededor de una hoguera en la casa de Atenas del músico Michael Stipe, un viejo amigo de Caroline. Kendall se unió a ellas en FaceTime. Con su pelo oscuro y sus rasgos delicados, parecían hermanas. Alrededor de las 11 de la noche, escribieron sus intenciones para el año y arrojaron los trozos de papel al fuego. Pavlovich había escrito que quería “liberarse del yugo del victimismo” e “invitar a la autoaceptación”. A la mañana siguiente, se despertó antes que las demás, preparó café, limpió la cocina y se sentó en el porche bajo el sol invernal. “¿Soy feliz?”, escribió en su diario. “No”, pero también señaló que no estaba sola. “Ya no hay necesidad de sentirse abandonada”.
Pero... pero... pero... qué cosa más turbia y puto sórdida, ¿no? Todo en general, digo.
Soy una puta, pero una puta muy cara.
14-01-2025, 09:20 PM
(Última modificación: 15-01-2025, 09:43 AM por Marveler.)
Yo hay una cosa que no estoy viendo comentar y de la que estoy convencido: muchos de esos abusos se hacen con la colaboración necesaria de Palmer, que le buscaba las víctimas. Es que me jugaría una nómina, vamos. No diré que no me haya sorprendido, porque es terrorífico lo del artículo, pero siempre me parecieron de lo más turbios.
Por otro lado, y aunque sea lo menos importante, no he podido encontrarlo pero llevo media hora buscando el comunicado que hizo Gaiman cuando lo de Warren Ellis, por curiosidad. Por curiosidad y porque soy un poco cabroncete, no lo voy a negar.
EDITO:
Actualizo mi mensaje, ya menos en caliente, para reconocer que aquí me han traicionado un poco mis prejuicios.
Lo razonable sería esperar al juicio, si lo hubiere, o tomarse las cosas con considerable escepticismo si no. Es lo que he intentado hacer casi siempre con estos tribunales paralelos en prensa, tan populares en la era de la cancelación.
Pero entre lo mal que me ha caído siempre y que he visto a Gaiman sumarse bastante rápido a la acusación en otros casos de este estilo, como mínimo me voy a ir alegrando de que esté disfrutando de su propia medicina, que es siempre algo muy saludable.
14-01-2025, 09:23 PM
(Última modificación: 14-01-2025, 10:30 PM por Leto83.)
No sé si quiero leerlo...
Edit: bueno, pues al final me lo he leído. Estas movidas pueden tener un influjo hipnótico para seguir leyendo aunque sea horrible lo que lees y las imágenes que te vienen a la mente sean así de desagradables. Como bien dice Peck, qué sórdido todo. No sé si todo esto está probado o por ahora solo son las denuncias pendientes de investigación, pero me parece tremendo de ser así. Y mira que tengo toda la colección de "The Sandman" ahí pendiente (me he leído el primer tono dos veces, pero siempre se me han metido cosas en medio y no he seguido. Una serie muy larga, de todos modos), pero es cierto que estas movidas influyen mucho en la percepción de la obra. En estas ocasiones se hace difícil separar el arte de su autor, supongo. Por cierto, flipando muchísimo con el pasado de la cienciología por parte de los padres de Gaiman. Qué jodido todo.
¡Estúpido hombre sabio!
Cuando ayer dije "todo", fue con pleno convencimiento. Estoy esencialmente de acuerdo con @Marveler en que aquí hay muchos comportamientos perturbados y algunos de los peores aspectos de la cuestión se están soslayando.
Mal la Cienciología, una organización coercitiva que abusa de la gente y la expolia en lo que puede dar con un poder y una influencia en varios sectores potentes de la sociedad que pasan muy desapercibidos, pero están ahí y son muy reales y verificables.
Mal el Gaiman, que iba dando lecciones de moral woke en redes sociales, cuando todo parece indicar que tenía un comportamiento moral más que cuestionable.
Mal por la ex, que tiene toda la pinta de haber sido la captadora y suministradora de chicas vulnerables y en posición de debilidad (mental, emocional y económica) que ambos usaban para hacer "sus cosas".
Mal, también, porque todo esto de las denuncias y el airear los trapos sucios parece estar ocasionado por un divorcio en el que ella no está sacando la tajada que pretende. No por las ya 15 mujeres que han denunciado, sino porque hay que darle duro a él para hundirlo o que afloje la mosca a fin de detener el daño.
Mal por la sociedad, que por mucha alharaca que hace en favor de las víctimas, todavía no ha sido capaz de implementar instrumentos reales y eficaces que enseñen a las personas vulnerables que las organizaciones coercitivas y los abusadores pueden/deben ser evitados y combatidos. Más psicología bien enseñada accesible a nivel de la calle, y menos hacerse fotos y soltar gilipolleces delante de micrófonos, que lo único que haces es darle munición al enemigo político de turno para tirar en contra de la chorrada vertida.
Mal la prensa y la industria editorial, donde ahora parece ser que el comportamiento "rarito" del matrimonio Gaiman era más que conocido desde hace un chingo de tiempo, pero nadie dijo nunca nada aunque lo diga ahora porque alguien ha dicho que "ya sí se le puede dar".
Todo. Todo mal con esta mierda.
Soy una puta, pero una puta muy cara.
La cuestión es que me cuadra todo por el simple hecho de que todos los implicados actúan como los elementos más sordidos de... bueno... de una obra de Neil Gaiman.
Van a hacer un remake de Infierno del Odio xd ( no se merece abrir un tema en noticias ).
Spike Lee despues de Oldboy tiene ganas de mas fiesta.
Ya esta rodada y lista para este año a traves de A24 y Apple.
https://www.filmaffinity.com/es/film187303.html
Highest 2 Lowest “no es un remake”, sino una “reinterpretación” del thriller policial de 1963 del director japonés Akira Kurosawa, High and Low. “En la película de Kurosawa, Toshiro Mifune es un zapatero. En nuestra película, Denzel Washington es un magnate de la música con su propio sello y su reputación como el mejor oído en el negocio.
PD:
Con Denzel haciendo pues de Denzel.
Eso si, ha dicho que este rapero sera el prota.
@ PUNKRUNNER Por lo que te leo va a ser una "reinterpretación" tremendamente libre del clásico de Kurosawa. A ver en que queda por que si otra persona fuese la responsable desconfiaría mucho ya de entrada. Pero bueno, el Spike Lee cuando quiere hace cosas muy chulas como "Plan oculto" así que a ver.
29-01-2025, 01:17 PM
(Última modificación: 29-01-2025, 01:17 PM por Marveler.)
29-01-2025, 02:11 PM
(Última modificación: 29-01-2025, 02:58 PM por Peckinpah.)
Nos estamos yendo a la mismísima mierda, pero al menos va a dar para un par de memes, algún que otro personaje tróspido y que otros personajes sin escrúpulos se forren en el proceso. El día de mañana se lo podrán gastar en Soilent Green.
Y, por alguna razón, no puedo dejar de pensar en esto.
Soy una puta, pero una puta muy cara.
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